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Entrevista

Alexandra Hill:
“Llevan tatuajes en el alma”

Para Alejandra Hill, de FUNDASALVA, el de las drogas es un planeta donde la alegría y el éxtasis son mentiras. Lo real es la devastación que producen en el corazón y el cuerpo de quienes las consumen. No importa la edad ni el sexo ni la condición social. El mal ataca a cualquiera en la zona marginal o en la más elegante mansión

Marvin Galeas / El Diario de Hoy
Nacional
nacional@elsalvador.com

Alexandra Hill ha dedicado gran parte de su vida y su talento a la rehabilitación de jóvenes víctimas de la drogadicción. Foto: EDH/Jorge Reyes

Por las calles de Nueva York, Seúl o San Salvador circulan personas con la mirada perdida y el espíritu aplastado. Son los que, como dice Alexandra Hill, “llevan los tatuajes en el alma”.

Desde hace 15 años renunció a dirigir los negocios de su familia o hacer carrera en cualquier cosa para dedicarse de lleno a rescatar del mundo de las drogas a millares de jóvenes. FUNDASALVA es una institución que libra una tenaz batalla contra ese flagelo.

La labor de Alexandra y su equipo de trabajo ha hecho que, al menos, ocho mil jóvenes hayan vuelto a nacer.
Alexandra tiene una voluntad de acero y un gran corazón. Al menos, tres veces las lágrimas humedecieron sus ojos a lo largo de esta entrevista con El Diario de Hoy.
 
El Diario de Hoy: ¿Cuánto tiempo tiene este esfuerzo Alexandra?

 Alexandra Hill: Casi 15 años.
 
¿Cómo comenzó esta historia?

Al iniciar la universidad mi papá me dijo que estudiara Administración de Empresas porque, él decía, yo era la más inteligente. Él quería que me quedara a cargo de sus negocios. Sin embargo, yo siempre tuve la necesidad de ayudar a mi país, aunque no sabía cómo. Desde pequeña me sentía bendecida. Solía preguntarme: ¿Por qué yo tengo tanto y tantos no tienen mucho? Bueno... estudié Administración y luego me cambié de carrera. Soy licenciada en Ciencias Políticas.
 
¿Por qué Ciencias Políticas?

Sentía esa obligación de ayudar y contribuir con mi país. Estábamos en medio de una guerra que yo no entendía. Quería estudiar para luego colaborar en la política.
 
¿Te influyó, en alguna medida, la ola contracultural hippie?

No. A mí me tocó más la década de los 80. En el 79 entré a “high school”, tenía 14 años. Ese año secuestran a mi papá. Estuvo cautivo por cuatro meses.
 
¿Dónde estabas entonces?

A mí me habían ido a dejar a Virginia, Estados Unidos. El fin de semana, antes de que lo secuestraran, estuvimos juntos en Washington, y él me llevó a ver el ballet folclórico mejicano. Por esa época yo andaba oyendo a Led Zeppelín. Pero esa vez terminé tan emocionada con el espectáculo que le pedí que me enviara el disco de México Lindo. Nos despedimos. El miércoles 31 de octubre me habló mi mamá, muerta en llanto: “¡Se lo llevaron, se lo llevaron, se lo llevaron!”. Yo quería regresar al país de inmediato. Pero mi mamá me dijo que mi papá había escrito una carta en la que pedía que me quedara en el colegio y que me compraran el disco de México Lindo.
 
¿Te nació odio en ese momento?

Más que odio o rabia me consumía la impotencia. Con él habíamos platicado de mi fiesta de los 15 años. Lógicamente, la fiesta no se dio por el secuestro.
¿Qué pasó después, Alexandra?
Mi papá, después de esa horrible experiencia de estar secuestrado, en vez de buscar ayuda sicológica buscó al cantinero y desarrolló problemas con el alcohol.
 
¿Pero salió de esas?

¡Gracias a Dios, sí!
Fue entonces, me imagino, cuando ustedes comenzaron a pensar en el proyecto de FUNDASALVA...
 Sí, nunca se me van a olvidar las palabras de mi papá: “La guerra va a terminar, pero va a dejar un terreno fértil para que nos convirtamos en una sociedad super vulnerable para el consumo de drogas”. Ya somos una sociedad alcohólica y se hablaba de eso. Pero el tema de las drogas nadie lo había tocado, y él me dijo: “Después del secuestro, yo siempre tenía mi  casa, mi familia y mi patrimonio. Sin embargo, cuando por fin venga la paz, el país va a entrar en otra guerra que es la de la droga; y ya que aprendiste a escribir estudiando ciencias políticas, ayúdame con este esfuerzo. En la universidad me cambié de carrera, y mi papá tuvo que aceptar que me había graduado de Ciencias Políticas en la Universidad de Boston.
 
¿Para ese entonces tu papá ya había superado los problemas con el trago?

Creo que tenía cinco o seis meses de estar en recuperación. Me fui a estudiar una maestría en relaciones internacionales. Él ya había cedido en lo de mi carrera en Ciencias Políticas y ahora me tocaba ceder a mí.  Escribí el documento que esbozaba FUNDASALVA y luego me fui a la universidad en el 89...  Pero aquí sigo, hasta el día de hoy, en este esfuerzo.
 
¿En que año nació el proyecto?

En el 88 se constituyó FUNDASALVA y en el 89 comenzamos a laborar.

“Unos ocho mil jóvenes han pasado por FUNDASALVA”.

¿Qué hace FUNDASALVA?
Tenemos dos departamentos operativos, el de prevención y el de tratamiento y rehabilitación. En prevención trabajamos diferentes modelos de abordaje para prevenir las drogas, que es también prevenir otras patologías sociales.
  
¿Tienes idea de cuántas vidas se han transformado en FUNDASALVA?

Por acá han pasado más de ocho mil personas y sus familias.
 
¿Cómo andan de fondos?

Muy pocos. Imagínate el espanto de tener tan pocos recursos y una demanda que te ahoga. Hemos trabajado con la USAID, el BID, el Fondo Mundial e instituciones privadas.
 
¿Cómo ven las instituciones este problema?

No se ha dimensionado bien el problema. No vemos que el problema de las drogas esté relacionado con la violencia, con la desintegración familiar
 
¿Cuándo te diste cuenta de que había algo más allá de los jardines de tu casa?

Yo tuve un vínculo lindísimo con mi nana. Era una señora mayor. Ella era la típica salvadoreña. Morena, pequeña, con arrugas, luchadora por la vida, con un espíritu inquebrantable.
 
Imagino que entre tú y ella se creó un vínculo sentimental.
Claro que sí. También creo que heredé de mi mamá algo que siempre le admiré: una facilidad y naturalidad para convivir con todos. Se sentaba en las fincas a comer con los trabajadores. Igual eran mis abuelos.
 
Me dijiste una vez que en tu adolescencia eras rebelde ¿Cómo expresabas tu rebeldía?

Era terca, y quien no estaba de acuerdo asumía las consecuencias. ¡Ja, ja, já!
 
¿Dónde estudiaste aquí?

Por esa misma rebeldía en varios colegios: La Asunción, la Americana, la Británica y después me mandaron interna.
 
¿La sensación de tenerlo todo no te provocaba, como suele ocurrir, vacíos en el alma?

Mira... la espiritualidad la aprendí por trituración no por iluminación. Siento que todos tenemos nuestras cartas en la vida. Yo sacaba las mejores notas y parrandeaba a la vez. Pero yo tenía claro mi propósito de ayudarle al país. Precisamente porque este país me ha dado tanto. Soy privilegiada, y lo menos que puedo hacer es devolvérselo.
 
¿Cómo aterrizaste en el planeta drogas?

Fue un aterrizaje forzosísimo. Yo tenía 21 años, y mi papá me avisó que teníamos que dictar una conferencia sobre el efecto de la cocaína en el cerebro en el Colegio Médico. Y mi papá me dijo que yo tenía que hacer la exposición. Lo hice. Fue una aproximación teórica.
 
¿Y cuando te topaste con el primer caso de la vida real?

Fue una tipa que murió, por cierto. Fue uno de los casos más duros que he visto. Ella era adicta a la cocaína, pero se inyectaba y era diabética. Ella  me llamaba a las tres de mañana o a cualquier hora, y yo estaba allí. Cada vez estoy más convencida de lo que mi papá me decía de que la drogadicción es una enfermedad del alma.
 
¿Qué pasó con ella?

Murió en el hospital, luego de querer inyectarse en la lengua y en medio de los dedos de los pies. Así inicié esta lucha.

“Cada vez estoy más convencida de lo que me decía mi papá acerca de que la drogadicción es una enfermedad del alma”. Foto: EDH

¿Cómo encontraste a Dios?
Cuando conocí a Dios entendí que su propósito era claro para mí.
 
¿Siempre has sido cristiana?

Yo tenía una idea errónea de Dios. El del castigador, y de repente me encuentro con un Jesús quebrantado, que sufre y pasa por todo lo que nosotros hemos pasado. Entonces me encuentro con aquel Dios de amor y que me perdona constantemente, que me dice “ama a tu prójimo como a ti mismo“.
 
¿No te lleva eso a decir cosas como “qué buena soy”?

No, nunca. Te lo digo de corazón. Hay que tener la humildad de reconocer que no somos nada sin Dios. No respiro sin él.
 
¿Vas a misa?

Cada día tengo una relación íntima con Dios.

¿Lees la Biblia?

Claro, todo el tiempo. Es mi guía, es mi luz, es mi código de ética, es mi manual de vida.
 
¿Cuando estás tú sola y apagas la luz, qué ves, qué sentís?

Siento una inmensa gratitud y me he mantenido. Salgo de esta institución y sé que tengo opciones en el sector privado o afuera, o estudiar una carrera, pero recibo muchísimo a través de este servicio. He tenido el privilegio de ver la transformación de muerte en vida.
 
¿Nunca has sentido odio?

No.
 
¿Hay soberbia?

Lo tendría que pensar...  Pero sí, a veces he sentido la soberbia dentro de este trabajo, de tirar la toalla.
 
¿Has flaqueado?

Varias veces.
 
¿Qué piensas de las personas que toman tu proyecto para orientarse hacia otras cosas? ¿Conoces a ese tipo de gente?

Quizá sí, pero ese es juicio de Dios, no mío. Al final del día todo sale a la luz.
 
¿Qué hecho te ha movido el tapete en este trabajo?

En la última graduación de la comunidad terapéutica vi que la mayoría entró totalmente destrozada, con resentimientos y odio, y que tenían dos opciones: o la muerte o FUNDASALVA. Verlos nueve meses después hablando con una autoridad, me conmovió hasta el alma, hasta llorar.
 
Algunos dicen que la pobreza y la marginación es la causa de la drogadicción.
Pero es que si la droga fuera un problema de pobreza, todos los pobres serían drogadictos o delincuentes. Tenemos un problema de drogas en todas las clases sociales. Conozco bien eso. No es pobreza, falta de amor.  A veces, lo sé bien, teniéndolo todo, paradójicamente, no se tiene nada.

“La droga no es un problema generado por la pobreza. La drogadicción afecta a todas las clases sociales”.

“Hay que tener la humildad de reconocer que no somos nada sin Dios. Cada día tengo una relación íntima con él’’

¿Cómo es la cosa, uso “crack” y soy violento, o soy violento y por eso uso “crack”?
Las dos. Ahora, todo adicto al “crack”, cuando va en bajón y necesita esa piedra, va a hacer lo que sea para conseguirla hasta matarse.
 
¿Siempre funciona la trilogía, sexo, drogas y rock’n roll?.

Tal vez todo ha ido cambiando. Antes era marihuana, paz y amor, y hoy es desintegración, violencia, poder.
 
¿En tu adolescencia eras muy enamoradiza?

No. Yo he tenido tres parejas en mi vida. Uno de tres años, otro de 10 años, y con el papá de mi hija, siete años.
 
¿Lees mucho?

He leído sobre política, libros como El Capital, de sicoanálisis. Hoy leo sobre drogadicción, problemas sociales y la Biblia.
 
¿Qué música oís?

Más música clásica, a veces me entra por los Bee Gees, otras por las alabanzas cristianas
  
¿Cómo te diviertes, cómo gozas la vida?

Con mi hija... es una manifestación del amor de Dios.
 
¿No bailas?

¡Claro que sí!
 
Te veo muy realizada...
Me siento tan privilegiada, tan dichosa de poder realizar este trabajo.
 
¿Si volvieras a nacer, volverías a hacer lo mismo?

Lo volvería a hacer y tal vez lo haría mejor.

 

 

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