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Analizando
Un plan marcial, no un Plan Marshall
Paul Krugman
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
No es que la administración Bush sea siempre tacaña.
De hecho, en este momento está ofreciendo dádivas
a dies-tro y siniestro. La más notable de todas es la que
ofrece al gobierno de Turquía: 26 billones de dólares
El Plan Marshall fue lo mejor de América. Después
de la Primera Guerra Mundial, los vencedores hicieron lo que usualmente
hacen los vencedores. Demandaron reparaciones de guerra a los derrotados.
Pero después de la Segunda Guerra Mundial, América
hizo algo sin precedentes: Suministró enormes cantidades
de ayuda destinada tanto a sus aliados como a los enemigos derrotados,
para su reconstrucción.
Por supuesto, no se trataba de altruismo puro, sino de un interés
propio, visionario e iluminado. Los líderes de América
consideraron que apadrinar la prosperidad, la estabilidad y la democracia
era tan importante como acumular poderío militar en la lucha
contra el comunismo.
Pero uno sospecha que nuestros líderes actuales se habrían
burlado de este ejercicio de construcción de naciones
y, ciertamente, siguen una estrategia diferente hoy en día.
No es que la administración Bush sea siempre tacaña.
De hecho, en este momento está ofreciendo dádivas
a diestro y siniestro. La más notable de todas es la que
ofrece al gobierno de Turquía, por 26 billones de dólares
en concesiones y préstamos, a cambio de que ignore la oposición
popular y dé su apoyo a la guerra.
Algunos observadores también señalan que la administración
ha convertido el presupuesto de ayuda externa en un instrumento
de diplomacia de guerra.
Los países pequeños que en la actualidad tienen puestos
en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han experimentado,
de pronto, un trato favorable en sus solicitudes de ayuda, en un
obvio intento de influenciar sus votos.
Los cínicos afirman que la coalición de los
voluntarios que el presidente menciona es en realidad la coalición
de los comprados.
Pero es claro que la generosidad terminará cuando caiga Bagdad.
Si no, vean nuestra conducta en Afganistán. Al principio,
el dinero no era ningún obstáculo; la victoria sobre
los talibanes era tanto una cuestión de sobornos para los
barones de la guerra, como lo era de fuerzas especiales y bombas
inteligentes.
Pero Bush prometió que nuestro interés no decaería
cuando la guerra se hubiese ganado; esta vez no nos olvidaríamos
de Afganistán, nos quedaríamos a reconstruir el país
y a asegurar la paz. Pero ¿cuánto dinero puso la administración
Bush en su presupuesto de 2004?
Nada. El equipo de Bush lo olvidó. Miembros del personal
congresista tuvieron que incluir unos 300 millones de dólares
para disimular el hueco. Se entiende ahora por qué los turcos,
además de demandar más dinero, exigen garantías
por escrito.
Los funcionarios de la administración se muestran insultados
cuando los turcos dicen que la promesa de Bush no es suficiente.
Pero los turcos saben lo que sucedió en Afganistán
y también saben que las bonitas palabras de apoyo económico
a Nueva York, a los bomberos y a otros, no se tradujeron en dinero
una vez que las cámaras cesaron de filmar.
Iraq recibirá el mismo tratamiento. El martes, Ari Fleischer
declaró que Iraq es capaz de pagar por su propia reconstrucción,
aunque los expertos advierten que pueden pasar años antes
de que los pozos petroleros produzcan a pleno potencial. Confidencialmente
algunos funcionarios han descrito al petróleo iraquí
como los despojos de guerra.
He ahí que la administración emprende un plan marcial
(plan militar), no un Plan Marshall. Billones para la ofensiva,
pero ni un solo centavo para la reconstrucción.
Por supuesto que la reconstrucción de posguerra en Europa
y Japón no fue una simple cuestión de dinero, América
también puede sentirse orgullosa de la manera en que creó
instituciones democráticas. ¡Pero, ay! los planes políticos
de posguerra de la administración Bush son mucho más
alarmantes que su despreocupación económica.
Según se dice, a Turquía se le ha ofrecido el derecho
de ocupar gran parte del Kurdistán iraquí. Sí,
en efecto: mientras nos empeñamos en liberar a los ira- quíes,
nuestro primer paso es enviar a un pueblo independiente desde 1991,
a manos de un odiado barón.
¡Claridad moral!
Mientras tanto, muchos indignados iraquíes en el exilio aseguran
que no habrá un equivalente a la desnazificación
en el que los cómplices del régimen derrotado fueron
purgados de la vida pública.
En lugar de esto, la administración Bush proyecta mantener
a la mayor parte del actual gobierno: Saddam Hussein y algunos altos
funcionarios serán sustituidos por estadounidenses, pero
el resto permanecerá.
No hace falta ser un experto para darse cuenta de que muchas personas
desagradables se mantendrán en el poder ¡más
claridad moral! y que Estados Unidos asumirá la responsabilidad
de preservar el gobierno de la minoría sunni, por encima
de la mayoría shiita.
Si todo esto suena increíblemente insensible y miope es porque
lo es. ¿Pero, qué esperaban? La administración
no se preocupa de las consecuencias a largo plazo; si no, sólo
miren su política fiscal. Quiere su guerra; no existe el
mínimo indicio de su interés en la aburrida y onerosa
tarea de construir una justa y duradera paz.
*Columnista de The New York Times
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