Turismo
 
Inicio del Sitio Viernes 28 de febrero
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

Analizando
Un plan “marcial”, no un Plan Marshall

Paul Krugman
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

No es que la administración Bush sea siempre tacaña. De hecho, en este momento está ofreciendo dádivas a dies-tro y siniestro. La más notable de todas es la que ofrece al gobierno de Turquía: 26 billones de dólares

El Plan Marshall fue lo mejor de América. Después de la Primera Guerra Mundial, los vencedores hicieron lo que usualmente hacen los vencedores. Demandaron reparaciones de guerra a los derrotados.

Pero después de la Segunda Guerra Mundial, América hizo algo sin precedentes: Suministró enormes cantidades de ayuda destinada tanto a sus aliados como a los enemigos derrotados, para su reconstrucción.

Por supuesto, no se trataba de altruismo puro, sino de un interés propio, visionario e iluminado. Los líderes de América consideraron que apadrinar la prosperidad, la estabilidad y la democracia era tan importante como acumular poderío militar en la lucha contra el comunismo.

Pero uno sospecha que nuestros líderes actuales se habrían burlado de este ejercicio de “construcción de naciones” y, ciertamente, siguen una estrategia diferente hoy en día.

No es que la administración Bush sea siempre tacaña. De hecho, en este momento está ofreciendo dádivas a diestro y siniestro. La más notable de todas es la que ofrece al gobierno de Turquía, por 26 billones de dólares en concesiones y préstamos, a cambio de que ignore la oposición popular y dé su apoyo a la guerra.

Algunos observadores también señalan que la administración ha convertido el presupuesto de ayuda externa en un instrumento de diplomacia de guerra.

Los países pequeños que en la actualidad tienen puestos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han experimentado, de pronto, un trato favorable en sus solicitudes de ayuda, en un obvio intento de influenciar sus votos.

Los cínicos afirman que “la coalición de los voluntarios” que el presidente menciona es en realidad la “coalición de los comprados”.

Pero es claro que la generosidad terminará cuando caiga Bagdad. Si no, vean nuestra conducta en Afganistán. Al principio, el dinero no era ningún obstáculo; la victoria sobre los talibanes era tanto una cuestión de sobornos para los barones de la guerra, como lo era de fuerzas especiales y bombas inteligentes.

Pero Bush prometió que nuestro interés no decaería cuando la guerra se hubiese ganado; esta vez no nos olvidaríamos de Afganistán, nos quedaríamos a reconstruir el país y a asegurar la paz. Pero ¿cuánto dinero puso la administración Bush en su presupuesto de 2004?

Nada. El equipo de Bush lo olvidó. Miembros del personal congresista tuvieron que incluir unos 300 millones de dólares para disimular el hueco. Se entiende ahora por qué los turcos, además de demandar más dinero, exigen garantías por escrito.

Los funcionarios de la administración se muestran insultados cuando los turcos dicen que la promesa de Bush no es suficiente.

Pero los turcos saben lo que sucedió en Afganistán y también saben que las bonitas palabras de apoyo económico a Nueva York, a los bomberos y a otros, no se tradujeron en dinero una vez que las cámaras cesaron de filmar.

Iraq recibirá el mismo tratamiento. El martes, Ari Fleischer declaró que Iraq es capaz de pagar por su propia reconstrucción, aunque los expertos advierten que pueden pasar años antes de que los pozos petroleros produzcan a pleno potencial. Confidencialmente algunos funcionarios han descrito al petróleo iraquí como “los despojos de guerra”.

He ahí que la administración emprende un plan marcial (plan militar), no un Plan Marshall. Billones para la ofensiva, pero ni un solo centavo para la reconstrucción.

Por supuesto que la reconstrucción de posguerra en Europa y Japón no fue una simple cuestión de dinero, América también puede sentirse orgullosa de la manera en que creó instituciones democráticas. ¡Pero, ay! los planes políticos de posguerra de la administración Bush son mucho más alarmantes que su despreocupación económica.

Según se dice, a Turquía se le ha ofrecido el derecho de ocupar gran parte del Kurdistán iraquí. Sí, en efecto: mientras nos empeñamos en liberar a los ira- quíes, nuestro primer paso es enviar a un pueblo independiente desde 1991, a manos de un odiado barón.

¡Claridad moral!

Mientras tanto, muchos indignados iraquíes en el exilio aseguran que no habrá un equivalente a la “desnazificación” en el que los cómplices del régimen derrotado fueron purgados de la vida pública.

En lugar de esto, la administración Bush proyecta mantener a la mayor parte del actual gobierno: Saddam Hussein y algunos altos funcionarios serán sustituidos por estadounidenses, pero el resto permanecerá.

No hace falta ser un experto para darse cuenta de que muchas personas desagradables se mantendrán en el poder —¡más claridad moral!— y que Estados Unidos asumirá la responsabilidad de preservar el gobierno de la minoría sunni, por encima de la mayoría shiita.

Si todo esto suena increíblemente insensible y miope es porque lo es. ¿Pero, qué esperaban? La administración no se preocupa de las consecuencias a largo plazo; si no, sólo miren su política fiscal. Quiere su guerra; no existe el mínimo indicio de su interés en la aburrida y onerosa tarea de construir una justa y duradera paz.
*Columnista de The New York Times

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal