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Palabras
La realidad y el ensueño
Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El contento de la ilusión abre las puertas de la realidad.
La ilusión nos permite llegar a conocer y poseer la realidad
misma.
Aunque hay que identificar que existe una ilusión oscura
de la cual hay que escapar siempre y apartarla de nuestra alma.
Algunas de estas ilusiones oscuras son el miedo, el dolor o la desesperanza.
Pero hay, en cambio, ilusiones de luz que nos permiten llegar al
gozo de vivir, al conocimiento de vivir y al asombro de vivir.
La ilusión de luz alumbra nuestra noche. ¡Divina ilusión
del amor, ilumina, pues, al mundo de lo real y cotidiano!
El contento de la realidad abre las puertas del ensueño.
El contento con lo real nos conduce a la verdad. El contento con
lo cotidiano nos da lugar a lo asombroso en un mundo de todos los
días. Después de un día de jornada para la
razón, hay una noche de fiesta para el corazón. El
contento con lo habitual, con lo de todos los días, nos permite
poseer lo perdurable.
Asombro de una vida que cambia constantemente, interminablemente,
es asombro que enamora al corazón.
Sentir que es nueva la vida es poseer la juventud eterna.
El contento interior abre las puertas del gozo infinito.
Día a Día
Lo que sucede en nuestro país se repite a otras escalas
en el resto del mundo, en unos lugares peor que en otros. En las
barriadas negras y latinas de las grandes ciudades de Estados Unidos,
hay una similar incertidumbre que obliga a los vecinos a pasar encerrados
dentro de sus casas.
Es escalofriante que una de las causas principales de muerte entre
los negros jóvenes sean las lesiones de bala; los tiroteos
nocturnos son frecuentes, como usuales también las venganzas
entre los pandilleros.
Los cabecillas del narcotráfico -con sus cadenas de oro,
vestimentas ostentosas y automóviles de alto precio-son el
modelo para los jovencitos de la barriada.
El crimen parece ofrecer la única verdadera salida a la pobreza,
al aburrimiento y la confusión mental que padecen los jóvenes.
Allá como acá, las autoridades no encuentran solución
al horror, ni pueden entrarle al asunto a palo limpio.
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