Turismo
 
Inicio del Sitio Domingo 2 de febrero
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

Una mirada de fe
Un amigo fiel de la juventud

Oscar Rodríguez Blanco, s, d, b*.
editorial@elsalvador.com

Mucha razón tenía este santo fun-dador al decir que de la sana educación de los niños y de los jóvenes depende la felicidad de las naciones

Entre los años 1750 y 1800, se produjo en Inglaterra un cambio muy importante llamado “Revolución Industrial”, que influyó poderosamente en los demás países europeos. La transformación de la producción manufacturera hizo que el material humano fuera reemplazado por instrumentos de trabajo más especializados.

Con la máquina de vapor se transforma la industria textil, reduciendo el número de obreros que trabajaban en las fábricas. Millares de obreros quedaron desplazados de sus trabajos, pues el hombre se puso al servicio de la máquina, y no la máquina al servicio del hombre. Había que adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos.

La producción, facilitada por los nuevos inventos, bajó los precios de los textiles y se desarrolló el mercado, poniendo en crisis a los artesanos que laboraban fuera de la ciudad y que, de repente, se encontraron sin fuentes de empleo. Una avalancha de adolescentes y jóvenes se vino del campo a la ciudad en busca de trabajo.

Con las nuevas máquinas, los patronos empezaron a exigir más horas de trabajo, los obreros no tenían derechos y no se podían defender; los salarios eran mezquinos y los niños, jóvenes y adultos eran explotados al máximo. Cuenta Bertrand Russell, en su obra “Las ideas del Siglo XXI”, que una niña de ocho años, empleada en una mina, confesaba: “Yo debo estar en ese agujero sin luz y tengo miedo. Entro a las cuatro o, algunas veces, a las tres y media de la madrugada, y salgo por la tarde, a las cinco y media. Nunca voy a dormir. Alguna vez canto, cuando hay luz, pero cuando está oscuro tengo miedo de cantar”.

En 1841 surgió en Turín la figura genial de San Juan Bosco, a quien Dios le había dado un corazón tan grande como las arenas del mar. Se convirtió en un padre, un maestro y un amigo para todos aquellos jóvenes abandonados. Fundó un “oratorio” en el que logró reunir a centenares de jóvenes que procedían de 885 municipios del Piamonte, y que deambulaban durante el día y la noche por la ciudad, en busca de trabajo. Entre ellos había panaderos, zapateros, albañiles, artesanos, limpiachimeneas, limpiabotas, cargadores, tejedores, etc., que tocaban las puertas de los hoteles, cafeterías, palacios, ferrovías y negocios, buscando oportunidades para superarse. La Iglesia, en ese entonces, estaba atendiendo la problemática de los Estados Pontificios, y los problemas de tipo social no ocupaban un puesto prioritario en la pastoral, quedando la juventud en completo abandono religioso.

En 1844 las parroquias de Turín, con raras excepciones, no estaban preparadas para dar una respuesta pastoral a las necesidades de estos jóvenes, y fue esta situación la que provocó que Don Bosco optara decididamente por el mundo juvenil. Las necesidades materiales y espirituales de estos muchachos, que corrían gravísimos peligros y no gozaban de ningún derecho en la sociedad, le convencieron del llamado de Dios. Se propuso hacerles honestos ciudadanos y buenos cristianos, con una educación preventiva e integral, capaz de ayudarles a salir de la pobreza moral, intelectual y religiosa en que se encontraban.

Creó para los jóvenes el “oratorio”, que no era sólo un lugar para la catequesis y juegos espontáneos, sino un lugar en donde la expresión educativa, religiosa y moral ocupaba un puesto prioritario, en donde la amabilidad y espíritu de familia eran la relación espontánea entre jóvenes y educadores, un ambiente educativo en donde había que conjugar los valores pedagógicos y la promoción humana y cultural.

Creó el Sistema Preventivo, basado en la razón, la religión y la amabilidad, que es, hoy día, el sistema que se usa en todas sus obras. La razón subraya la auténtica visión de humanismo cristiano, en el que la alegría, la piedad, la cordura y el estudio encuentran una perfecta armonía; la religión, que abre un puesto a Dios como respuesta a la felicidad que busca el hombre, y la amabilidad, para que los jóvenes se den cuenta de que no sólo son amados, sino que cobren conciencia de que realmente lo son y se les toma en cuenta, amor que, siendo la cima de la revelación evangélica, es el objetivo fundamental de su proyecto formativo y, a la vez, el principio inspirador. Mucha razón tenía este santo fundador al decir que de la sana educación de los niños y de los jóvenes depende la felicidad de las naciones.

*Párroco de la iglesia María Auxiliadora (Don Rúa).

 

 

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal