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Desde
Washington
Vientos de cambio soplan en Ecuador
Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Washington
tiene la opción de ayudar o dar la espalda. Todo indica que
por ahora está dis-puesto a darle al mandatario andino el
beneficio de la duda
En momentos en que Washington ha desatado un tenso barullo diplomático,
tiene que resultar grato que un líder extranjero proclame
con efusividad, a los cuatro vientos, su deseo de convertirse en
el mejor aliado de Estados Unidos.
El nuevo mandatario ecuatoriano, Lucio Gutiérrez, se dedicó
a eso precisamente en su paso por Washington esta semana. Y, genuino
o no, pareció calmar las sospechas que pudieran haber estado
al acecho en Washington sobre sus intenciones.
Una verdadera hazaña, en especial si se recuerda que Gutiérrez
es el mismo coronel ex golpista que ayudó a derrocar a un
presidente electo hace dos años.
Luego, elegido él mismo presidente en noviembre, en una reñida
campaña electoral en la que se destacó como candidato
populista de izquierda, ha sido asociado por algunos con fuerzas
izquierdistas del mal que se están apoderando
de Latinoamérica y ha sido comparado con el polarizador presidente
venezolano Hugo Chávez.
¿Cómo puede un líder así convertirse
de repente en el mejor aliado de Washington? O más importante
aún para Gutiérrez, ¿qué futuro tendrá
un presidente así cuando es precisamente la desconfianza
e incluso el odio al dominio de Washington los que lanzan a líderes
no tradicionales como él al poder?
En su defensa, Gutiérrez asegura que fue víctima de
una imagen satanizada. Y afirma que personifica más
bien tiempos de cambio en la región, pero no los cambios
radicales y revolucionarios que trasplantaron la Guerra Fría
a Latinoamérica en el pasado o que han convertido a la Venezuela
de hoy en un país destrozado.
Gutiérrez dice que hay vientos de cambio frescos, suaves
y positivos en la región, que impulsan a líderes
a que busquen restaurar la confianza en el sistema democrático.
El tema no es que vengan de la izquierda o la derecha, sino su habilidad
para responder a las crecientes necesidades de su gente. Washington
tiene la opción de ayudar o dar la espalda. Y todo indica
que por ahora está dispuesto a darle al mandatario andino
el beneficio de la duda.
Apenas con un mes en su cargo, Washington le abrió con generosidad
sus puertas -y su billetera-a Gutiérrez. El presidente Bush
lo recibió en visita oficial en la Casa Blanca, la primera
de un mandatario del país andino en más de una década.
El Fondo Monetario Internacional formalizó el acuerdo por
una línea de crédito de $200 millones que su predecesor
trató infructuosamente de obtener en casi un año de
esfuerzos. Y en su plan de presupuesto para el próximo año
fiscal, Bush solicitó la semana pasada $15 millones en asistencia
militar para Ecuador,15 veces más que el año anterior.
¿Por qué tanta generosidad? Posiblemente, porque en
tan poco tiempo Gutiérrez ha hecho y dicho lo correcto a
criterio de Washington. Ha buscado y, en apariencia, acogido las
recomendaciones de diversos funcionarios de esta capital sobre las
reformas necesarias para mantener la estabilidad económica
en su país. Y se ha mostrado dispuesto a dejar atrás
el pataleo y los reclamos que hasta hace poco enervaron y generaron
frustración entre las dos naciones.
En cambio, ha ofrecido su plena cooperación en la guerra
contra el terrorismo, las drogas y la corrupción. Ha expresado
interés en convertir a su país en un lugar atractivo
para la inversión extranjera y el comercio con el propósito
de transformarlo, entre otras cosas, en una fuente confiable de
petróleo para Estados Unidos en la región.
En definitiva, el tipo de aliado que Washington busca y debiera
interesarse en mantener. Pero apoyar a Gutiérrez no será
fácil. Al fin de cuentas lidera un país que ha tenido
cinco presidentes en los últimos seis años y ha forzado
a renunciar a los últimos dos elegidos democráticamente.
Gutiérrez llegó al poder con la ayuda de la poderosa
fuerza política indígena ecuatoriana. Pero diversos
analistas advierten que en su primer mes de gobierno ha quedado
ya en evidencia la debilidad de su coalición. El movimiento
indígena Pachakutik ha tenido especial dificultad en aceptar
las reformas económicas acordadas con el Fondo, pero Gutiérrez
aseguró que su matrimonio político seguirá
hasta que la muerte los separe.
Eso, obviamente, está por verse. Como lo está también
comprobar si la táctica de Gutiérrez de buscar acercarse
tanto a Washington valdrá el riesgo de las sospechas y dudas
que ya despertó en su país.
La administración Bush podría ayudar demostrándole
a los ecuatorianos que su interés va más allá
de una alianza de seguridad. Si apoya la agenda social de Gutiérrez,
incluida su lucha contra la corrupción y su cruzada contra
la pobreza, Washington demostraría que es de verdad un valioso
aliado.
En juego no está sólo el futuro de Ecuador, sino también
la necesidad de asegurar que los vientos de cambio que soplan en
la región sigan siendo suaves y positivos.
*Columnista del Washington Post.
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