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Es más fácil destruir la riqueza
que crearla
Progreso:
trabas y engaños
La formación de centros de desarrollo para las pequeñas
empresas será uno de los temas que incluirá el tratado
que se negocia con Estados Unidos. Habrá asesoría
tecnológica y financiera
Manuel F. Ayau Cordón
Guatemala
AIPE.
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Para progresar hay que tener presente que es muy fácil fallar,
que no hay mucho margen de error, que la riqueza se puede perder,
que es bastante más fácil destruirla que crearla,
que no bastan las buenas intenciones y que hay que acertar en la
asignación de recursos para que el resultado de la actividad
tenga más valor que lo que se gastó en producirla,
ya que la realidad es implacable.
El progreso es artificial porque el estado natural del hombre es
la pobreza. El progreso consiste en transformar recursos en bienes
y si al final de cuentas valoramos lo que hicimos en menos que los
recursos empleados, nos estamos empobreciendo.
Aun cuando se progresa, el orden de magnitud es pequeño,
pues las tasas típicas de crecimiento suelen ser 2% o 3%,
mientras que 6% es fabuloso. En ocasiones oímos que el crecimiento
es negativo, cuando un país se está más bien
empobreciendo.
Perspectivas
El pronóstico del FMI respecto a América Latina es
que este año el crecimiento será negativo (-0.6%).
Claro, ese dato es un promedio, pues el producto en Argentina cayó
16% y en Venezuela ha bajado 10% este año.
Guatemala está creciendo en términos absolutos, pero
la población está creciendo más rápido
aún, de manera que per cápita nos estamos empobreciendo.
Chile sigue creciendo (1.7%) a pesar de la crisis de sus vecinos
del Mercosur. En lo que va del año, Japón muestra
-0,7%, Suiza -0,4%, y la Unión Europea 0,6%.
Para atinar en la asignación de recursos es indispensable
que los precios reflejen la realidad y que no estén distorsionados
por interferencias ajenas al mercado, como precios oficiales, restricciones
al comercio, etc.
Si se distorsionan los precios, estaremos trabajando a ciegas y
las cifras podrían mostrar resultados supuestamente positivos,
según esos precios artificiales, pero la implacable realidad
se impondrá. No podremos ni siquiera diagnosticar la situación
si falseamos los precios.
Por ejemplo, supongamos alguna producción que sólo
es rentable con un subsidio de los consumidores (directamente o
a través del gobierno).
Su producción formará parte de la estadística
del producto nacional, pero si realmente necesita del subsidio para
sobrevivir es porque los recursos gastados tienen un costo de oportunidad
mayor que el valor de esa producción.
La diferencia es una pérdida que no se elimina, sino que
sólo se esconde en la contabilidad.
Para saber si realmente alguna actividad agrega o resta riqueza
al país, hay que restar de su ingreso el subsidio. Si la
ganancia es falsa, cada unidad producida habrá causado una
pérdida real adicional al país.
El hecho de que los recursos empleados tienen un precio demuestra
que también tienen otros usos que sí son rentables
sin subsidio, pero que han sido desplazados.
Todos sabemos que si los recursos empleados para producir un producto
cuestan más que el precio al que se podría comprar
el mismo producto en el mercado, se está perdiendo la diferencia
y el país se está empobreciendo.
Grave error
Absurdo es inducir el empleo de recursos con medidas artificiales
porque la realidad es implacable y las pérdidas son reales
a pesar de las estadísticas porque éstas no pueden
medir costos de oportunidad, es decir, los costos reales.
La interferencia de los gobiernos en la economía es empobrecedora,
pues solamente distorsiona y agrava las cosas. Al imponerse un salario
mínimo, los salarios bajan porque aumentan la oferta de trabajo
y disminuyen la demanda por la mano de obra.
Cuando se intenta redistribuir la riqueza, disminuye su producción
pues disminuye la rentabilidad de crearla. Cuando por ley se intenta
dar seguridad en el empleo a los trabajadores, se les quita poder
de regateo y movilidad, lo cual se traduce en más pobreza.
Estos son apenas algunos ejemplos del alto costo de la politización
de la economía. Queda claro que los gobiernos intervencionistas,
lejos de redistribuir la riqueza, sólo logran difundir la
pobreza.
* Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad
Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.
© www.aipenet.com
proyección
-0,6 por ciento
será el crecimiento de América Latina en el 2003,
según el pronóstico del Fondo Monetario Internacional.
chile
1.7 por ciento
es la proyección de crecimiento de Chile, a pesar de la crisis
de sus socios en el Mercosur.
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