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La
nota del día
Van a invertir si hay seguridad
Sólo por ligereza se pueden desconocer los efectos que tiene
sobre la inversión y el empleo, lo sucedido alrededor del
caso McDonalds.
Sin un sustancial grado de seguridad jurídica no nos beneficiaremos
de la apertura que ofrece el Tratado de Libre Comercio con Estados
Unidos. En la medida en que los inversionistas tengan confianza,
pondrán sus recursos y sus capacidades a trabajar en nuestro
suelo. Pero por inversionistas no deben entenderse sólo los
capitales y las empresas del exterior, sino también, principalmente,
los locales. El trato que recibe el hermano es indicativo de la
actitud que habrá con el forastero.
El sentido de equidad, consagrado en las tradiciones morales sajonas
como el fairness, ser justo, es lo que nos guía
al juzgar actos y resoluciones de gobiernos y tribunales, para saber
si en un país la gente está protegida en sus derechos
y libertades. Hay inseguridad jurídica cuando dicho sentido
de justicia choca con los fallos y decisiones de jueces o magistrados,
o con actos de gobierno. Cuando una persona visita un país
extranjero, da por sentado que las cosas se manejan como es su experiencia
en su propio país y concuerda con lo que le dicta su sentido
común. Los inversionistas que apuestan por un país,
esperan que las leyes del lugar y lo que hacen los jueces, se ajusten
a la práctica y al espíritu que rige en todas las
grandes democracias.
Es obvio que leyes disparatadas las hay en todas partes, aun en
naciones con una larga tradición jurídica. Las hay
no por obra de letrados y conocedores del derecho, sino por las
ocurrencias de parlamentarios y partidos políticos. Un adefesio
como el tristemente famoso Decreto 1024 fue resultado de la presión
de los enloquecidos del Seguro Social, no de sesudos análisis
y cuidadosas consultas.
Que sea ciega, pero no estúpida
Asimismo, aunque las leyes sean sensatas y concuerden con lo que
es norma en países civilizados, lo que hagan los jueces,
las retardaciones que se sufran en los procesos, el tráfico
de influencias y la militancia política de los encargados
de impartir justicia, pueden dar al traste con todo. Un viejo y
sabio proverbio nos advierte que no debemos temer a la ley sino
al juez. Son los jueces los que pueden venderse, ser víctimas
de su ignorancia, usar el cargo para vengar agravios y partir de
amañadas interpretaciones de la letra de una ley. Eso obliga
a quienes están a la cabeza de un sistema de justicia a cuestionar
todo el tiempo lo que hacen sus subalternos. Deben investigar, averiguar,
medir y evaluar sin tregua, por la enorme responsabilidad que tienen.
Por proteger jueces, magistrados y procedimientos malos, se causan
graves perjuicios a la población y, en el caso que nos ocupa,
al desarrollo económico.
La justicia, se repite, debe ser ciega, pero no al grado de desconocer
las terribles consecuencias que se pueden dar de un fallo discutible.
Una sentencia latina nos dice que una resolución apegada
a la ley puede generar más injusticia que la corregida, como
cuando se libera a criminales a partir de errores de procedimiento.
Y sólo por ligereza se pueden desconocer los efectos que
tienen sobre la inversión y el empleo, lo sucedido alrededor
del caso McDonalds. Si a esto agregamos las venganzas sociales
de jueces embobados con el marxismo, encomendémonos a la
cohorte celestial.
Recordemos siempre la frase de Recasens Siches: SIN SEGURIDAD
JURÍDICA NO HAY DERECHO, NI BUENO, NI MALO NI DE NINGUNA
CLASE.
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