Turismo
 
Inicio del Sitio Sábado 1 de febrero
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

La nota del día
Van a invertir si hay seguridad

Sólo por ligereza se pueden desconocer los efectos que tiene sobre la inversión y el empleo, lo sucedido alrededor del caso McDonald’s.

Sin un sustancial grado de seguridad jurídica no nos beneficiaremos de la apertura que ofrece el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. En la medida en que los inversionistas tengan confianza, pondrán sus recursos y sus capacidades a trabajar en nuestro suelo. Pero por inversionistas no deben entenderse sólo los capitales y las empresas del exterior, sino también, principalmente, los locales. El trato que recibe el hermano es indicativo de la actitud que habrá con el forastero.

El sentido de equidad, consagrado en las tradiciones morales sajonas como el “fairness”, ser justo, es lo que nos guía al juzgar actos y resoluciones de gobiernos y tribunales, para saber si en un país la gente está protegida en sus derechos y libertades. Hay inseguridad jurídica cuando dicho sentido de justicia choca con los fallos y decisiones de jueces o magistrados, o con actos de gobierno. Cuando una persona visita un país extranjero, da por sentado que las cosas se manejan como es su experiencia en su propio país y concuerda con lo que le dicta su sentido común. Los inversionistas que apuestan por un país, esperan que las leyes del lugar y lo que hacen los jueces, se ajusten a la práctica y al espíritu que rige en todas las grandes democracias.
Es obvio que leyes disparatadas las hay en todas partes, aun en naciones con una larga tradición jurídica. Las hay no por obra de letrados y conocedores del derecho, sino por las ocurrencias de parlamentarios y partidos políticos. Un adefesio como el tristemente famoso Decreto 1024 fue resultado de la presión de los enloquecidos del Seguro Social, no de sesudos análisis y cuidadosas consultas.

Que sea ciega, pero no estúpida

Asimismo, aunque las leyes sean sensatas y concuerden con lo que es norma en países civilizados, lo que hagan los jueces, las retardaciones que se sufran en los procesos, el tráfico de influencias y la militancia política de los encargados de impartir justicia, pueden dar al traste con todo. Un viejo y sabio proverbio nos advierte que no debemos temer a la ley sino al juez. Son los jueces los que pueden venderse, ser víctimas de su ignorancia, usar el cargo para vengar agravios y partir de amañadas interpretaciones de la letra de una ley. Eso obliga a quienes están a la cabeza de un sistema de justicia a cuestionar todo el tiempo lo que hacen sus subalternos. Deben investigar, averiguar, medir y evaluar sin tregua, por la enorme responsabilidad que tienen. Por proteger jueces, magistrados y procedimientos malos, se causan graves perjuicios a la población y, en el caso que nos ocupa, al desarrollo económico.

La justicia, se repite, debe ser ciega, pero no al grado de desconocer las terribles consecuencias que se pueden dar de un fallo discutible. Una sentencia latina nos dice que una resolución apegada a la ley puede generar más injusticia que la corregida, como cuando se libera a criminales a partir de errores de procedimiento. Y sólo por ligereza se pueden desconocer los efectos que tienen sobre la inversión y el empleo, lo sucedido alrededor del caso McDonald’s. Si a esto agregamos las venganzas sociales de jueces embobados con el marxismo, encomendémonos a la cohorte celestial.

Recordemos siempre la frase de Recasens Siches: “SIN SEGURIDAD JURÍDICA NO HAY DERECHO, NI BUENO, NI MALO NI DE NINGUNA CLASE”.

 

 

 

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal