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La
columna nacional
El
regreso del rey
Deseando
feliz año nuevo a mis lectores, presento, como en los años
anteriores, mi comentario a la última entrega del film de
Peter Jackson sobre la conocida trilogía de Tolkien.
En la mítica Tierra Media, un grupo de héroes de
extracción múltiple e interracial incluso no
humanos se lanzan a la más importante y peligrosa de
las aventuras, conducir el anillo del poder hasta las abominables
tierras de la personificación del maléfico, Saurón,
en las que tendrán que lanzarlo a la destrucción que
sólo en ese paraje puede realizarse, a través del
fuego; docenas de personajes y aventuras en muchos centenares de
páginas y más de nueve horas de cinematografía
narran esta epopéyica saga tradicional.
Imposible no recordar que, por buena que la película sea,
varias cosas se pierden sin la lectura del libro y en otros casos
obligan a una atención muy especial para no perder de vista,
por ejemplo: que el cansancio del hobbit Frodo en esta parte no
se debe únicamente al esfuerzo físico y la sed o el
hambre, sino a la carga espiritual de portar el anillo, puede olvidarse
esto un tanto; como puede hacerse a un lado el que los elfos y
por tanto la misma Arwen, enamorada de Aragón son seres
no humanos, con un fuerte componente espiritual (no son humanos
con poderes) lo que hace delicada su participación.
El regreso del rey, en una interpretación tradicional, significaría
que, planteada la última gran batalla apocalíptica,
la estructuración social de combate integral tiene que plasmarse
en su más acabada y poderosa posibilidad. Después
de la involución a través de una aristocracia que
degeneró en plutocracia oligárquica y que pugna por
un híbrido entre una demagogia y una tiranía de y
sobre las masas, sólo una ascesis cultural que eleve el tono
hasta una autoridad espiritual (no religiosa) superior, pueda enfrentar
dignamente un reto tan formidable.
No es de extrañar, por consiguiente, que se vayan empezando
a ver ataques mortales hacia esta obra, tildándola de aburrida,
infantil y simplista. ¡Cómo no iba a reaccionar el
monstruo ante una propuesta de inversión a la pirámide
valorativa! Los coletazos críticos llegan a lo estúpido
cuando olvidan que el valor de los que son como niños
en el sentido de pureza e inocencia son seres superiores (en otra
civilización, eso sí), pero les duele que aquí
no se busca guardar el poder, o menos aún adquirirlo, sino
deshacerse de él, porque es el falso y dañino poder
exclusivamente material, que termina esclavizando al ser humano
a la parte animal de su naturaleza, alejándolo de su esencia.
Esta primacía para estos críticos y los que
les pagan debe ser mantenida y cualquier opinión contraria
debe estigmatizarse a sus sostenedores de absurdos y de locos.
Agradeciendo a Tolkien y a Jackson por hacernos vivir esta sublime
aventura, he de expresar, sin embargo, mi posición relativa
al planteamiento de esta última parte, por la que, a pesar
de todo, se llega al triunfo sobre el que quiere apoderarse de este
mundo. Antes sólo quiero llamar la atención de la
época en que Tolkien la escribió: todavía se
podían abrigar algunas esperanzas en aquellos tiempos...
El mayor heroísmo es luchar a segura pérdida, por
sí mismo y sin esperar resultados.
Es realmente el único. El ser fiel a sí mismo, a sus
más profundas creencias y presentar una actuación
de sobria ética que vaya más allá del aplauso
histórico, que busque más el apacible acuerdo con
su propia conciencia y hasta un ideal estético, antes que
la opinión de la masa desinformada. Bien que esto no movería
a mucha gente en estos deslustrados tiempos y por eso afirmo la
impracticabilidad de la fábula moral que es El regreso del
rey. Si bien vemos en nuestra historia los hombres no triunfan solos,
les han apoyado las fuerzas de la naturaleza vegetal y animal (águilas,
árboles -Bárbol), los elfos como raza humanoide espiritualmente
superior y hasta una legión de fantasmas del pasado.
Pero ahora que los hombres han atacado a la naturaleza, aborrecen
de más dioses que los por ellos inventados y odian y desconocen
al pasado... ¿adónde se encontrará al auténtico
heroísmo, el que no promete paraísos si se lucha por
su causa?, ¿adónde está la élite internacional,
si en este sentido lo organizado es la capilla del Demiurgo o príncipe
de este mundo?, ¿serviría acaso de algo el que un
grupo nos diera más tiempo, si nadie será capaz de
desprenderse si lo tiene del anillo del poder? Quizá
lo único que nos puede quedar es la preparación para
el último viaje: el que hacemos siempre solos.
* Lic. en Ciencias Sociales.
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