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Opinando
Marxismo y cristianismo

Carlos A. Fonseca*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Al ver en los medios de comunicación a ministros de algunas religiones haciendo eco y causa común, apoyando a los partidos políticos que han declarado abiertamente su filiación marxista, no tenemos más que pensar: o se trata de personas mal informadas, o quienes, a sabiendas de lo que hacen, creen que la solución de los problemas del país está en esa dirección, sin recordar “la inutilidad de la violencia contra las fuerzas morales”, sin reparar en que lo que siempre ha triunfado es la inquebrantable fe en un ideal de justicia, más poderosa que los ejércitos, la diplomacia y la traición de que hacen gala los materialistas.

Asimismo, somos de la opinión de que el cristianismo y el marxismo son realidades incompatibles entre sí, menos aún complementarias. Porque tenemos la convicción de que, si alguien acepta la creencia cristiana en la sublimidad de su doctrina, no podría jamás aliarse con las enseñanzas de Lenín, quien dijo, entre otras cosas: “Cualquier fe religiosa, cualquiera idea de Dios, e incluso cualquier inclinación a la idea de Dios, constituyen una inexplicable bajeza”.

Y también dijo: “La religión es el vodka espiritual donde los esclavos del capitalismo ahogan toda forma humana”. Ahora bien, es de justicia aceptar que algunas cosas en la actualidad, en nuestro país, andan muy lejos del evangelio; sin embargo, ello no justifica el tener que afiliarse a una línea política, atea y materialista. Porque las vías verdaderas para la transformación de nuestra tierra no pueden ser sino las enseñanzas humanitarias y la fraternidad de Jesucristo.

Debiendo, eso sí, esforzarnos por la superación de los abusos, en forma pacífica y no violenta, pero en una acción tesonera e inmediata. No obstante, conviene recordar “que es imposible exigir a los pueblos que se ensayan en el uso de la libertad, una madurez de juicio y una serenidad de procedimientos que sólo sobreviene después de una larga experiencia”. Repitiendo una vez más que pedir soluciones abruptas y atropelladas es ir en contra del normal desarrollo de las instituciones. La historia no da saltos. No olvidando que El Salvador está pasando por un momento crucial. Y debemos luchar por salvarlo.

¿Por otra parte, se puede decir que el marxismo es un humanismo? A lo que podemos responder que no, apoyados en el indiscutible hecho de miles y miles de vidas humanas sacrificadas. Siendo la razón de ello que en tal doctrina las personas carecen de importancia. Únicamente son el material anónimo de la praxis revolucionaria, que pueden ser utilizadas, traicionadas, eliminadas. Siempre en nombre y pretexto de la lucha de clases.

Muy al contrario, el humanismo del Evangelio sólo puede ser aceptado en el sentido que lo expresa el Papa Pablo VI: “El verdadero humanismo es teocéntrico, es decir, lo centra y lo funda todo en Dios, no en el hombre. Pues el hombre mismo para el Evangelio no alcanza su plena estatura humana —personal y socialmente—, sino cuando se eleva sobre sí y adora a Dios...”.
A contrario sensu, las personas en el marxismo son un accidente de la naturaleza. El hombre un fabricante de bienes, una unidad económica. Añadía Lenín: “El marxismo no es una ética, es necesario no ceder a la indignación moral”.

Un cristiano no necesita abdicar de su fe ni pedir herramientas al ateísmo militante para actuar en la sociedad y en la política.

*Lic. en Filosofía y Dr. en Derecho.

 

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