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Opinando
Marxismo
y cristianismo
Al ver en los medios de comunicación a ministros de algunas
religiones haciendo eco y causa común, apoyando a los partidos
políticos que han declarado abiertamente su filiación
marxista, no tenemos más que pensar: o se trata de personas
mal informadas, o quienes, a sabiendas de lo que hacen, creen que
la solución de los problemas del país está
en esa dirección, sin recordar la inutilidad de la
violencia contra las fuerzas morales, sin reparar en que lo
que siempre ha triunfado es la inquebrantable fe en un ideal de
justicia, más poderosa que los ejércitos, la diplomacia
y la traición de que hacen gala los materialistas.
Asimismo, somos de la opinión de que el cristianismo y el
marxismo son realidades incompatibles entre sí, menos aún
complementarias. Porque tenemos la convicción de que, si
alguien acepta la creencia cristiana en la sublimidad de su doctrina,
no podría jamás aliarse con las enseñanzas
de Lenín, quien dijo, entre otras cosas: Cualquier
fe religiosa, cualquiera idea de Dios, e incluso cualquier inclinación
a la idea de Dios, constituyen una inexplicable bajeza.
Y también dijo: La religión es el vodka espiritual
donde los esclavos del capitalismo ahogan toda forma humana.
Ahora bien, es de justicia aceptar que algunas cosas en la actualidad,
en nuestro país, andan muy lejos del evangelio; sin embargo,
ello no justifica el tener que afiliarse a una línea política,
atea y materialista. Porque las vías verdaderas para la transformación
de nuestra tierra no pueden ser sino las enseñanzas humanitarias
y la fraternidad de Jesucristo.
Debiendo, eso sí, esforzarnos por la superación de
los abusos, en forma pacífica y no violenta, pero en una
acción tesonera e inmediata. No obstante, conviene recordar
que es imposible exigir a los pueblos que se ensayan en el
uso de la libertad, una madurez de juicio y una serenidad de procedimientos
que sólo sobreviene después de una larga experiencia.
Repitiendo una vez más que pedir soluciones abruptas y atropelladas
es ir en contra del normal desarrollo de las instituciones. La historia
no da saltos. No olvidando que El Salvador está pasando por
un momento crucial. Y debemos luchar por salvarlo.
¿Por otra parte, se puede decir que el marxismo es un humanismo?
A lo que podemos responder que no, apoyados en el indiscutible hecho
de miles y miles de vidas humanas sacrificadas. Siendo la razón
de ello que en tal doctrina las personas carecen de importancia.
Únicamente son el material anónimo de la praxis revolucionaria,
que pueden ser utilizadas, traicionadas, eliminadas. Siempre en
nombre y pretexto de la lucha de clases.
Muy al contrario, el humanismo del Evangelio sólo puede ser
aceptado en el sentido que lo expresa el Papa Pablo VI: El
verdadero humanismo es teocéntrico, es decir, lo centra y
lo funda todo en Dios, no en el hombre. Pues el hombre mismo para
el Evangelio no alcanza su plena estatura humana personal
y socialmente, sino cuando se eleva sobre sí y adora
a Dios....
A contrario sensu, las personas en el marxismo son un accidente
de la naturaleza. El hombre un fabricante de bienes, una unidad
económica. Añadía Lenín: El marxismo
no es una ética, es necesario no ceder a la indignación
moral.
Un cristiano no necesita abdicar de su fe ni pedir herramientas
al ateísmo militante para actuar en la sociedad y en la política.
*Lic. en Filosofía y Dr. en Derecho.
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