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Comentando
Ni
ayuda, ni comercio
Para muchos africanos, el impasse actual en las negociaciones de la
OMC es una historia vieja y conocida (la familia rica que descuida
a sus parientes del campo), sólo que en formato mayor. Los
primos pobres envían varias cartas pidiendo ayuda para pagar
la escuela y comprar semillas y fertilizantes, y el pariente de la
ciudad responde que la ayuda que envió en el pasado fue dilapidada,
así es que ahora dice: ¡Ponte los zapatos! ¡Usa
tus propios ahorros!.
Pero los parientes del campo no tienen zapatos que calzarse, ni monedas
que ahorrar. Pueden vender algunas cosas, así es que ahora
todos se ponen de acuerdo: comercio, no ayuda. Pero los precios son
bajos y los pobres tienen poco que vender... y están atrapados
en esta situación hasta que ocurra algo realmente nuevo.
La investigación y el desarrollo científicos es una
de las pocas maneras que conocemos de generar innovaciones reales
para aumentar la productividad de los pueblos pobres, a pesar de un
medio ambiente desfavorable.
Pero en el enfoque comercio, no ayuda no hace nada por
que los beneficios de la ciencia y la tecnología lleguen a
la gente que más los necesita: los pobres del mundo.
En el mundo real de los mercados globales, la ronda de desarrollo
de las negociaciones de la OMC aún se puede recuperar del quiebre
ocurrido en Cancún hace unos meses, y finalmente podría
cumplir los beneficios prometidos por la teoría económica:
una mayor volumen de comercio, en mejores términos, impulsando
más inversiones y una mayor transferencia tecnológica
que, a su vez, beneficiarían tanto a los pobres como a los
ricos.
Pero, ¿qué pasa si la membresía en el GATT y
en la OMC no genera realmente un mayor comercio o políticas
comerciales más abiertas, para no mencionar el desarrollo económico
mismo?
Para la mayor parte de África, el énfasis de los expertos
del desarrollo en el comercio y no en la ayuda comenzó con
el Informe Berg, del Banco Mundial, producido en 1982, el cual atribuía
el estancamiento económico del continente a las barreras comerciales
impuestas por los gobiernos africanos.
Le siguieron dos décadas de ajustes estructurales políticamente
dolorosos, ya que los gobiernos africanos fueron obligados a devaluar
sus monedas infladas, privatizar empresas estatales en bancarrota
y reducir los subsidios a productos básicos importantes.
El Consenso de Washington, que promovía el comercio
en lugar de la ayuda, fue adoptado de manera generalizada por los
gobiernos africanos en las décadas de 1980 y 1990, ya que no
tenían otra opción. Pero en Washington y otras capitales
de países ricos, habían aún abundancia de dinero
con el que defender las monedas, rescatar empresas y subsidiar productos
básicos.
Es difícil soslayar esta desvergonzada hipocresía. Incluso
Oxfam, un grupo que en el pasado se resistió al Consenso de
Washington, inició en abril de 2002 una campaña para
el Comercio justo, que buscaba obligar a los países
ricos a practicar los que predican.
El fracaso de los negociadores de la OMC, para hacer que el comercio
sea efectivamente más justo podría, o no, significar
el fin de esa iniciativa. Pero podría marcar el comienzo de
un cambio bienvenido en dirección del desarrollo comunitario.
A lo largo de la historia, los avances científicos han ayudado
a dar nuevas opciones a los pueblos, sacando a los pobres de su pobreza
y superando viejos conflictos. En los últimos años,
el fundamentalismo de mercado ha generado un descuido sistemático
de la investigación y el desarrollo científicos, a menudo
viéndolo como parte del problema en lugar de como parte de
la solución.
El camino correcto no es ni la ayuda ni el comercio (al menos no en
sí mismos), sino una investigación científica
orientada a desatar todo el potencial económico de los pueblos
más pobres del mundo, al solucionar sus problemas más
básicos de salud y nutrición.
La ciencia es el descubrimiento de lo que aún se desconoce.
No tiene públicos políticos naturales. Casi nadie le
dice al gobierno: ¡Envíennos más científicos!.
Pero cuando la sociedad llega a un punto muerto, la ciencia ofrece
una manera de salir de él. Es tiempo de unirse alrededor de
la investigación y el desarrollo científicos, tanto
acerca de la agricultura tropical como la salud pública, como
las únicas maneras de dar esperanzas genuinas a los pobres
de mundo.
Copyright: Project Syndicate.
*Profesor visitante en la Escuela
Internacional de Asuntos Públicos de la Universidad de Columbia. |
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