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Navidad al lado de mi Padre
Un equipo de Metro pasó la Nochebuena en un hogar para
niños abandonados - La obra humanitaria es dirigida por una
pareja de esposos estadounidenses-salvadoreños.
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| Lo más esperado
- Los menores gozaron a más no poder con los juguetes
que recibieron. Había bicicletas, patines y mucho más.
Foto EDH |
¡We wish you a Merry Christmas and happy new year! La
frase, del estribillo de la famosa canción que se entona durante
estas fechas, no posee mayor relevancia.
Pero si la ponemos en boca de los 43 pequeños que viven en
el hogar infantil La casa de mi Padre, adquiere otro sentido,
muy especial.
Ellos viven allí porque fueron abandonados por sus padres biológicos
o porque un juez decidió que sus familias no eran las idóneas
para desarrollarse.
Pasamos la noche de Navidad con ellos y la experiencia resultó
muy gratificante.
Cerca de las 5:00 de la tarde, los pequeños fueron reunidos
en una especie de patio del hogar, ubicado sobre la 17a. Calle Poniente,
en el centro de la capital.
Ahí, el director del centro, Gary Powell, les invitaba a que
le mencionaran las diversas advocaciones que Jesucristo posee.
A una sola voz, los menores gritaban Emmanuel, La
vid, La luz del mundo, El cordero de Dios.
Luego, llegó el momento que todo niño más desea:
los juguetes. Un alma caritativa anónima donó una fuerte
suma de dinero, con la que les compraron los obsequios.
Balmore Otoniel, de 2 años, contemplaba absorto el paisaje
que frente a él se pintaba: bicicletas, monociclos, pelotas,
patines.
Ahorita no voy a ir jugar. Mejor más tarde, indicó
el pequeño, con una seriedad que dejaba perplejo a cualquiera.
Media hora más tarde, el aviso de la cena se escuchó.
De manera ordenada, se formaron frente a la cocina, para recibir su
ración.
Un plátano relleno con leche poleada, un enorme pan dulce y
un vaso con chocolate deleitaron a los niños.
Antes, Óscar se encargó de agradecer al Todopoderoso
por los alimentos.
Una vez terminada la cena, todos llevaron su plato a la cocina. Las
niñas más grandes ayudaron con el lavado de los platos.
Los niños, por su parte, colaboraron en el barrido y trapeado
de los pisos y en la limpieza de las mesas.
El resto se retiró a sus cuartos a jugar con sus niñeras.
Como a eso de las 8:00 de la noche, unos 20 menores se reunieron frente
al televisor. El programa que transmitía Ágape TV estaba
muy interesante.
Mientras, en los aposentos de las niñas más pequeñas,
Gabriela y Jénnifer jugaban a la cocinita.
Los menores de 2 años ya descansaban en sus respectivas cunas.
Pero faltaba lo mejor. A las 10:00 de la noche, empezó la reventazón
de cohetes. Las niñas, con las estrellitas; los
niños, con los morteritos.
El más intrépido era Misael. Más de un cohete
estuvo a punto de estallarle en la mano.
Por eso no me gusta que revienten cohetes, expresaba la
asistente del director del centro, Evelyn Ruiz.
A las 11:00 de la noche, todos estaban en sus camas. Feliz Navidad,
les dijo Ruiz, al despedirse.
Todos ellos son mis hijos
- Cualquier calificativo para la labor que las 7 niñeras
realizan en el Hogar de mi Padre, se queda corto.
- De sol a sol están pendientes de las necesidades de los
43 pequeños internos.
- La asistente del director, Evelyn Ruiz, se mostró satisfecha
por la labor que realiza.
-Este trabajo es bonito, se aprende a convivir con los niños,
indicó
- Esta mujer, originaria de San Miguel, es madre biológica
de dos pequeños.
-No sólo tengo dos hijos. A todos los niños
del centro también los vemos como nuestros, añadió.
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