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Inicio del Sitio Lunes 22 de Diciembre
 

 

 
 

Soñando despierto
En esta época pongamos nuestros sueños a volar...

Sombras de otros tiempos van entrando a mi casa... quiero estar alegre, todos los meses, todos los días, mirar de adentro y sentirme amar”.

Mario González
El Diario de Hoy

telstar@elsalvador.com

Estas estrofas son del tema “En algún lugar en mi memoria” de la película “Mi pobre angelito II (“Home alone”)”, que fue interpretado en su versión en español por Ana Belén en 1993.

No soy de los aguafiestas que se ponen nostálgicos estos días, pero recuerdo nuestra infancia y adolescencia y pienso en los bellos momentos que vivimos, incluso en medio de las adversidades:

Cuando nuestros abuelos preparaban los tamales y la gallina para Nochebuena; cuando con nuestros padres arreglábamos los nacimientos y el árbol alusivo e íbamos, en familia, al culto o a la Misa del Gallo, a las pastorelas o a las posadas; cuando reventábamos cohetes y quemábamos estrellitas; cuando dejábamos nuestras cartas al Niño Dios y nos levantábamos ansiosos al día siguiente a ver qué nos había traído; cuando salíamos luego de “disco party” y no volvíamos hasta la tarde del 25; cuando bailábamos al son de Morquecho con “Aquellos diciembres que nunca volverán”, “El año viejo” con Tony Camargo o “Faltan cinco pa’ las doce” con Néstor Zavarce; cuando llorábamos al escuchar a Javier Solís con “Llegará Navidad” o “Regalo de Reyes” o “Edelweiss” de la película “La Novicia Rebelde” o “Last Christmas (I gave you my heart...)” de Wham.

Es un momento para traer a la memoria a los que se fueron, sobre todo en medio de la guerra, pero no con tristeza, sino como quizá quisieran que los recordemos: con alegría, pues seguramente ellos están disfrutando de una mejor vida y en su momento quisieron dejarnos un promisorio futuro.

Hace unos días se inauguró en el Parque Cuscatlán un monumento a las víctimas civiles de la guerra, no importando su condición ni ideología. Allí están miles de nombres de amigos nuestros, compañeros de estudios o de trabajo, mentores, guías espirituales, etc. Y pienso que ahora ellos estarán celebrando juntos, libres de resentimientos, recelos y rencores, como deberíamos estar nosotros. Creo que nuestro pensamiento y oraciones deben estar enfocados también por todos los que murieron en combate, del lado que estuvieren, y por sus familias.

Esta Nochebuena nos corresponderá conectar el cielo con la tierra, sumándonos con todos, ricos y pobres, santos y pecadores, políticos y apolíticos, feos y bonitos, en la alegría de cantar Gloria por el Nacimiento del Hijo de Dios. Será propicio para esperar el día en que, como dicen las profecías bíblicas, “serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito; el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías; el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la huera de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal”.

La solidaridad debe motivarnos, pues, como decía la Madre Teresa, “lo que no se comparte, se pierde”.

Si hacemos mucha comida y no la compartimos, seguramente la mayor parte se echará a perder. Así ocurre con los buenos sentimientos. A muchos de nuestros “Juan Golondrina” que están en las calles no les duele tanto que no les demos nada, pero sí sentir nuestro rechazo. Es un buen momento para compartirles nuestro pavo y nuestra esperanza. Merecen también un gesto de buena voluntad, una palabra de aliento, una oración, nuestros hermanos que estarán en los hospitales, en los orfanatos y en las cárceles o que están sin empleo, sin techo o sin la posibilidad de recibir afecto en Navidad.

Es el momento de ponernos positivos y pensar que viene, como cantaba Cheo García con la Billo’s Caracas Boy’s, “año nuevo, vida nueva, más alegres los días serán... con salud y con prosperidad”.

Gracias a David Omar Jovel, Jaime Manzanares, Carlos Enrique Consalvi, Memito Cañadas, María Teresa Villalta Madrid y a Edgar Álvarez, de Stereo Club, por sus comentarios y por motivarnos a escribir sobre los 70 y los 80, y al arquitecto Daniel Rucks por recordarnos que “el futuro nos sigue perteneciendo a los soñadores, tanto como el hecho de que el hombre empieza a morir en el preciso momento en que deja de soñar”.

Para todos nuestros lectores y amigos, ¡que Dios sea su Navidad cada día del 2004!

 
 
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