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Opinando
Supuesta
mala salud, remedio infalible para no ir a la cárcel
La jueza encargada de perseguir a los corruptos, Juana Méndez,
vive muy tranquilamente, en una casa que compró piñateada
al gobierno sandinista.
Desde hace ya lenguos años, hemos estado viendo cómo
una serie de supuestos delincuentes de los llamados
cuello blanco, al ser capturados, juzgados y milagrosamente
condenados a guardar prisión, en celdas cinco estrellas,
de inmediato sacan a luz una larga serie de dolencias que, al hacer
peligrar sus vidas, estremecen de piedad al o a la jueza encargada
o encargado de sentenciarles a prisión, a dejarles en libertad,
o a guardar casa por cárcel, lo que viene más o menos
a ser lo mismo, pues muchos de ellos, con los dineritos tan bien
ganados, en sus casas-cárceles, tienen todas las comodidades
más apetecibles de las que en forma alguna gozan sus colegas
menos afortunados y cuyas dolencias no les impiden seguir guardando
riguroso internamiento.
El anterior preámbulo de este artículo me ha sido
inspirado en una serie de noticias, vertidas en El Diario de Hoy,
sobre dos de las figuras más conspicuas (hay otras más
prófugos de la justicia), depredadores del erario público
de la querida y desventurada Nicaragua, el ex alcalde de Managua,
ex Presidente del Partido Liberal Constitucionalista, hoy arnoldista,
ex presidente de la Asamblea Legislativa de Nicaragua, ex diputado
del Parlacen, el que se ha visto sacudido por la actitud muy poco
honorable de dos de sus miembros, hondureños por cierto,
y además de otros ex, el hoy, ex huésped
distinguido de la Cárcel Modelo que se encuentra en Tipitapa,
en las cercanías del río del mismo nombre. Acompañándole
en la serie de enfermedades que les convierten en excarcelables,
en reos privilegiados por la polémica jueza Juana Méndez,
se encuentra Byron Jerez, el llamado Montesinos nicaragüense,
quien, luego de haber llegado a Nicaragua procedente de Miami con
una mano delante y la otra atrás, se convirtió, de
la noche a la mañana, con otros miembros del gabinete del
doctor Arnoldo Alemán Lacayo, en uno de los muchos millonarios
que, como hongos, surgieron durante ese período, uno de los
tantos, de la trágica historia de Nicaragua.
Ahora bien, a ambos personajes les une no sólo la obesidad
y la complicidad en el desvalijamiento del erario público
de Nicaragua, el país más pobre de Centroamérica,
sino algo muy curioso. Veamos:
Cuando ambos socios andaban de la Ceca a la Meca, dilapidando el
dinero de la nación, atiborrándose de exquisitos manjares,
libando finos y exóticos vinos y licores, y como los hoteles
cinco estrellas no eran suficientemente lujosos, escogían
otros de seis o siete estrellas.
Cuando andaban de farra con bellas y complacientes acompañantes,
jamás se quejaron de palpitaciones, arritmias, diabetes,
etc., de las que hoy dizque sufren, lo que era de esperar debido
a la gran obesidad de ambos, y que sepamos, en su equipaje no llevaban
ni tanques de oxígeno ni medicinas, ni médicos que
les atendieran en los peligros a que les exponían sus excesos
y en el sinfín de enfermedades que hoy, al ser enjuiciados
y encarcelados, en forma peliculesca les han aparecido y que no
existían cuando se encontraban sometidos al tremendo stress,
ocasionado por sus viajecitos y parranditas.
Hoy, repito, de milagro les fallan el corazón, el páncreas
y todos los demás órganos, lo que ha estremecido hasta
sus entrañas a la jueza Juana Méndez, quien les ha
sacado de la Cárcel Modelo, que se encuentra en la cercana
Managua, en Tipitapa, dándoles la casa por cárcel,
en donde con toda seguridad recobrarán milagrosamente la
salud, para esperar, en medio del lujo que dan el ahorro y
el trabajo honesto, de dilapidar los fondos públicos,
el sobreseimiento definitivo, la libertad y de allí, a salir
a Europa a esperar que se apague la llamarada de tusa y volver a
la Patria a tratar de regresar al poder y al jolgorio.
Como cosa paradójica e increíble, la jueza encargada
de perseguir a los corruptos, Juana Méndez, vive muy tranquilamente,
en una casa que compró piñateada al gobierno
sandinista y que éste robó a su legítima propietaria,
la hija de un distinguido opositor a la dinastía somocista.
La supuesta mala salud, es la mejor opción para evitar la
cárcel.
¡Cosas veredes, Sancho amigo, que harán fablar hasta
las mismas piedras! Noticias de última hora nos informan
que la salud de don Arnoldo no ha sufrido ningún descalabro,
a pesar de la tremenda pachanga con que celebró su triunfo
en su finca El Chile, que en Nicaragua significa Chiste,
un milagro más de la jueza Juana Méndez.
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