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Opinando
Supuesta mala salud, remedio infalible para no ir a la cárcel

Manuel J. Aguilar Trujillo
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La jueza encargada de perseguir a los corruptos, Juana Méndez, vive muy tranquilamente, en una casa que compró “piñateada” al gobierno sandinista.

Desde hace ya lenguos años, hemos estado viendo cómo una serie de “supuestos” delincuentes de los llamados “cuello blanco”, al ser capturados, juzgados y milagrosamente condenados a guardar prisión, en celdas “cinco estrellas”, de inmediato sacan a luz una larga serie de dolencias que, al hacer peligrar sus vidas, estremecen de piedad al o a la jueza encargada o encargado de sentenciarles a prisión, a dejarles en libertad, o a guardar casa por cárcel, lo que viene más o menos a ser lo mismo, pues muchos de ellos, con los dineritos tan bien ganados, en sus casas-cárceles, tienen todas las comodidades más apetecibles de las que en forma alguna gozan sus colegas menos afortunados y cuyas dolencias no les impiden seguir guardando riguroso internamiento.

El anterior preámbulo de este artículo me ha sido inspirado en una serie de noticias, vertidas en El Diario de Hoy, sobre dos de las figuras más conspicuas (hay otras más prófugos de la justicia), depredadores del erario público de la querida y desventurada Nicaragua, el ex alcalde de Managua, ex Presidente del Partido Liberal Constitucionalista, hoy arnoldista, ex presidente de la Asamblea Legislativa de Nicaragua, ex diputado del Parlacen, el que se ha visto sacudido por la actitud muy poco honorable de dos de sus miembros, hondureños por cierto, y además de otros “ex”, el hoy, ex huésped distinguido de la Cárcel Modelo que se encuentra en Tipitapa, en las cercanías del río del mismo nombre. Acompañándole en la serie de “enfermedades” que les convierten en excarcelables, en reos privilegiados por la polémica jueza Juana Méndez, se encuentra Byron Jerez, el llamado “Montesinos” nicaragüense, quien, luego de haber llegado a Nicaragua procedente de Miami con una mano delante y la otra atrás, se convirtió, de la noche a la mañana, con otros miembros del gabinete del doctor Arnoldo Alemán Lacayo, en uno de los muchos millonarios que, como hongos, surgieron durante ese período, uno de los tantos, de la trágica historia de Nicaragua.

Ahora bien, a ambos personajes les une no sólo la obesidad y la complicidad en el desvalijamiento del erario público de Nicaragua, el país más pobre de Centroamérica, sino algo muy curioso. Veamos:

Cuando ambos socios andaban de la Ceca a la Meca, dilapidando el dinero de la nación, atiborrándose de exquisitos manjares, libando finos y exóticos vinos y licores, y como los hoteles cinco estrellas no eran suficientemente lujosos, escogían otros de seis o siete estrellas.

Cuando andaban de farra con bellas y complacientes acompañantes, jamás se quejaron de palpitaciones, arritmias, diabetes, etc., de las que hoy dizque sufren, lo que era de esperar debido a la gran obesidad de ambos, y que sepamos, en su equipaje no llevaban ni tanques de oxígeno ni medicinas, ni médicos que les atendieran en los peligros a que les exponían sus excesos y en el sinfín de enfermedades que hoy, al ser enjuiciados y encarcelados, en forma peliculesca les han aparecido y que no existían cuando se encontraban sometidos al tremendo “stress”, ocasionado por sus viajecitos y parranditas.

Hoy, repito, de milagro les fallan el corazón, el páncreas y todos los demás órganos, lo que ha estremecido hasta sus entrañas a la jueza Juana Méndez, quien les ha sacado de la Cárcel Modelo, que se encuentra en la cercana Managua, en Tipitapa, dándoles la casa por cárcel, en donde con toda seguridad recobrarán milagrosamente la salud, para esperar, en medio del lujo que dan “el ahorro y el trabajo honesto”, de dilapidar los fondos públicos, el sobreseimiento definitivo, la libertad y de allí, a salir a Europa a esperar que se apague la llamarada de tusa y volver a la Patria a tratar de regresar al poder y al jolgorio.

Como cosa paradójica e increíble, la jueza encargada de perseguir a los corruptos, Juana Méndez, vive muy tranquilamente, en una casa que compró “piñateada” al gobierno sandinista y que éste robó a su legítima propietaria, la hija de un distinguido opositor a la dinastía somocista. La supuesta mala salud, es la mejor opción para evitar la cárcel.

¡Cosas veredes, Sancho amigo, que harán fablar hasta las mismas piedras! Noticias de última hora nos informan que la salud de don Arnoldo no ha sufrido ningún descalabro, a pesar de la tremenda pachanga con que celebró su triunfo en su finca “El Chile”, que en Nicaragua significa “Chiste”, un milagro más de la jueza Juana Méndez.

 

 

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