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Cuentecitos
de poder
Los reencuentros con espíritus navideños
Como
en muchas partes del mundo, la Comarca celebra la Navidad y el año
nuevo.
En esta época, las personas se dan regalos, se prodigan sonrisas
y se desean lo mejor.
Sin embargo, cada cinco años se da una variante.
No sólo regresan a los hogares aquellos que se fueron a
vivir al Imperio del Norte (y que mantienen al país gracias
al dinero que periódicamente envían).
No sólo celebran con comidas típicas y tradiciones
locales.
No. También surge un espíritu de hermandad entre la
nobleza criolla.
Pero, ojo, no es entre uno y otro bando. Es entre ellos mismos.
Tanto es así que los que estaban alejados, que se habían
convertido en fieros guerreros en otros territorios regresan, algunos
con la cabeza gacha y otros con la frente en alto.
Dicen que están arrepentidos, que han vuelto al camino verdadero.
Que su antigua militancia es cosa del pasado. Que se equivocaron
y que no lo volverán a hacer, así les ofrezcan en
otro lado el botín más apetecido.
El Caballero Tricolor tuvo uno de esos encuentros hace poco.
Se trató de una señora que se fue hace muchos años,
a colaborar en la corte de la Dama de las Manos Azules, luego de
pelearse con los tricolores.
Tony Cejas, el aspirante a habitar la Casa de Blancas Paredes y
Gruesas Cortinas, se mostró satisfecho con el retorno de
una antigua militante.
Meses atrás, otro azul se pasó al lado del Caballero,
en la Casa del Pueblo.
Pero también el Barón Rojo ha tenido su cosecha.
Antiguos lugartenientes suyos, que rompieron la unidad hace ocho
años, volvieron con la testa inclinada. Uno de ellos, Gonás,
había dicho, apenas hace unos meses, que la intolerancia
el Barón Rojo lo había convertido en un proyecto sin
posibilidades.
Se ufanaba en decir que su propuesta era mejor. Eso no le pareció
al Gran Electorado, que en marzo le echó una palada de tierra
a su mutante feudo, en cuya bandera ondeaba una rosa firmemente
apretada por un puño.
Otro de los reencuentros famosos fue el de Silverio. Dejó
el Barón Rojo y volvió con sus amigos de infancia.
Hace más de dos décadas dejó el Duque Verde
para ir, junto a Zamura, a fundar un grupo paralelo.
Después, se transformaron y tomaron los colores del arcoiris
(previamente le quitaron el aliento de vida a tres pequeños
territorios).
Más tarde, Zamura engatusó a otro enanos para formar
el Feudo Amarillo. Silverio volvió con ellos y, de paso,
con el Duque Verde. ¡Felices fiestas!
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