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Breve
análisis
Sadam
y los retortijones ideológicos de la izquierda

Comparando
los símbolos de la izquierda de antaño con sus equivalentes
en la versión actual, nos encontramos con unas estafas impresionantes:
El Che Guevara fue sustituido por Marcos, de México; el Fidel
Castro revolucionario de los 60, por Chávez, de Venezuela;
los Tupamaros del Urugay, por las FARC, de Colombia
Con relación a la captura de Sadam Hussein y todo el tema
de Iraq, es notable la diferencia de los argumentos del Primer Ministro
británico, Tony Blair, con los que esbozan los representantes
de la administración Bush.
Blair habló de reunificación y reconciliación,
mientras los otros al estilo Hollywood dijeron: Lo tenemos.
Hay dos visiones sobre un mismo tema que coinciden en la práctica.
Blair supedita su definición ideológica de izquierda,
que incluye lucha contra las dictaduras, al interés
estratégico de la sociedad británica de preservar
su alianza con Estados Unidos. Sabe que esa alianza es una realidad
que trasciende lo ideológico.
Un dilema similar se da en las relaciones de los países latinoamericanos
con Norteamérica. Frente a esto muchos grupos de izquierda,
en vez de darle a la ideología un valor instrumental, se
plantean ir en contra de la realidad, estableciendo que la dignidad
y los intereses de una sociedad pueden ser cosas opuestas.
Analicemos lo anterior de una forma más sencilla. Es un hecho
que la captura de Sadam ha conmovido a la izquierda y que intelectuales,
grupos y partidos de sus filas articulan posiciones que van de lo
ambiguo a lo absurdo. La Jornada, de México, dice textualmente:
No importa lo contentos que puedan estar Bush y Blair por
la captura de Sadam; la guerra continúa.
El Gramma, de Cuba, citando a un académico, dice: El
arresto de Sadam dará la oportunidad a muchos iraquíes
de unirse a la resistencia. En otro artículo dice:
Iraq amenaza seriamente en convertirse en otro Vietnam,
y comparando con Yugoslavia, agrega que de haber resistido
Milosevic los ataques aéreos, no habrían tenido los
agresores más opción que invadir por tierra y caer
en un matadero, termina luego estableciendo que eso es lo
que está ocurriendo en Iraq.
No es necesario tener mucha imaginación para concluir que
esta izquierda de la que estamos hablando necesita una derrota de
Estados Unidos para tener razón. No importa cómo ocurra
esto, lo fundamental es mantener la definición ideológica
antinorteamericana. Tampoco importa si esto va en contra de los
intereses de mayorías en sus países, o si adoptar
esa posición coloca a la izquierda en desventaja moral e
intelectual.
El cambio de contexto es ahora obvio y no hay que confundir a Estados
Unidos como país, con quienes están en su gobierno.
Esto último tiene importancia, pero lo principal para tomar
posiciones es lo primero. Sin embargo lo central en esta discusión
es mostrar vía sentido común, las contradicciones
en que ha caído la izquierda.
Ubiquémonos en la izquierda de los 60, 70 y parte de los
80. Estados Unidos defendía a dictadores a los que uno de
sus presidentes llamó hijos de puta, apoyaba
grupos que torturaban y desaparecían personas, mientras su
ejército bombardeaba Vietnam sin compasión. Resultado
de esto en esa época nacieron personajes, grupos, un ideario
y hasta una mitología de la izquierda. Correctas o no las
posiciones, esa izquierda tuvo un fuerte sentido ético e
incluso una gran coherencia intelectual frente a derechas ignorantes
y torpes, manejadas por gorilas o racistas.
Ahora, no sin errores, la situación es totalmente distinta,
Estados Unidos interviene para derrocar dictadores o detener matanzas
como en Yugoslavia, donde provocó la caída de Milosevic.
Más recientemente, resultado de la tremenda provocación
que significaron los ataques terroristas del 11 de septiembre, EE.UU.
usó la fuerza para acabar con el régimen de Afganistán
y derrocar y ahora capturar al genocida Sadam Hussein. Cuánto
hubiéramos deseado los salvadoreños que en 1972, el
gobierno de Richard Nixon hubiera usado su fuerza para evitar un
fraude electoral y así ahorrarnos una guerra civil en El
Salvador.
Lo paradójico es que, siendo la izquierda la que más
defendió la libertad y luchó contra los dictadores,
ahora resulta que algunos, desde sus filas, plantean hacer lo contrario.
Comparando los símbolos de la izquierda de antaño
con sus equivalentes en la versión actual, nos encontramos
con unas estafas impresionantes: El Che Guevara fue sustituido por
Marcos, de México; el Fidel Castro revolucionario de los
60, por Chávez, de Venezuela; los Tupamaros del Uruguay,
por las FARC, de Colombia, y así hasta llegar al colmo de
igualar a Iraq con Vietnam, echarle vivas a Bin Laden, celebrar
el terrorismo y entristecerse por la captura de Sadam Hussein. Acaso
ahora la izquierda, en virtud de un antiimperialismo trasnochado,
¿debe defender a hijos de puta como les llamaba
antes Estados Unidos?
Marcos, de México, es un guerrillero sin guerra, un producto
plástico para consumo de intelectuales amargados del primer
mundo, pero se ha convertido en el nuevo icono del guerrillero.
Se puede estar en desacuerdo con Fidel Castro y hasta considerar
incluso que se ha convertido en un dictador, pero entre él
y Chávez hay muchísima inteligencia de por medio,
sin embargo, ahora hay que considerar que las payasadas de Chávez
tienen coherencia intelectual. Los Tupamaros de Uruguay fueron,
sin duda, la guerrilla más cercana al modelo de Robin Hood,
sin embargo, ahora la izquierda se debe tragar que los capos vendedores
de droga y asesinos de las FARC de Colombia son una guerrilla de
izquierda, y, para rematar, ahora los terroristas fanáticos
iraquíes que realizaron matanzas para defender a Sadam son
iguales a los combatientes vietnamitas.
Es obvio que hay necesidad de debatir con Estados Unidos sobre la
eficacia o ineficacia de su estrategia para derrotar el terrorismo,
pero sobre que el terrorismo debe ser derrotado, no puede haber
discusión. A pesar del discurso de vaquero del actual Presidente
de Estados Unidos, ¿será sensato pensar que lo mejor
para el mundo es que esa nación sufra una derrota en Iraq?,
¿qué beneficios le dejaría eso a los pueblos
de Asia y Latinoamérica?
En Vietnam se consolidó un Estado independiente, pero en
Iraq lo que quedaría es un caos. Sin embargo, al menos la
captura de Sadam y las evidencias de su comportamiento en extremo
cobarde han evitado que estos izquierdistas, en sus retortijones
ideológicos, cometieran el terrible sacrilegio de decir que
Hussein era el nuevo Ho Chi Minh.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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