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Meditando
Navidad
a la vista

Queridos
lectores, quiero ser uno de los primeros en darle gracias a Dios
por este año maravilloso y desearles a todos una ¡Feliz
Navidad!
La Navidad se acerca a pasos agigantados. Es más, su resplandor
está prácticamente a la vuelta de la esquina y, casi
sin darnos cuenta, sus luces, guirnaldas y colores se nos han ido
colando por todas partes.
A estas alturas, su inminente presencia es una ambivalente mezcla
de alegría y dulce melancolía. Alegría por
los que estarán y melancolía por los que no vendrán.
Aún así, la Nochebuena es siempre una fecha propicia
para celebrar, compartir, recordar y gozar.
Que duda cabe que el espíritu navideño ha llegado
este año con renovados bríos. Pienso que tenemos motivos
de sobra para estar especialmente contentos y dispuestos para celebrar
las fiestas con ahínco e ilusión. En primer lugar,
es innegable que a muchos este año se nos ha pasado volando,
y, como nada, ya estamos otra vez en diciembre, listos para hacer
el respectivo balance anual y descansar unos cuantos días,
que bien merecido lo tenemos.
Además, estas fiestas nos servirán de respiro para
olvidar brevemente la omnipresente campaña electoral
que ya tenemos encima, el incesante debate sobre el TLC, las noticias
de la complicada guerra en Iraq, la sorprendente captura de Sadam
y alguno que otro de nuestros consabidos problemas. En fin, que
lo deseable será dar carpetazo temporal a todos esos temas
y pasar de página.
Seguramente, estas fechas nos sirven de pretexto para decorar la
casa, salir de compras, reunirnos con los amigos que nunca vemos,
festejar a lo grande en las celebraciones que organizan las empresas
y asistir a mil parrandas más en casa de familiares y conocidos.
En resumen, parece que, en diciembre, la agenda la tenemos saturada
con una retahíla de eventos sociales. Y está bien
que nos reunamos con la majada y la pasemos en grande
por todos lados, pero no perdamos de vista el sentido cristiano
y el simbolismo de estas fiestas.
Ciertamente, cada temporada tiene su alegría, pero ésta
la tiene de un modo especialísimo, porque celebramos el nacimiento
del Niño Dios. Sí, celebrar su llegada luminosa al
portal de Belén y adorar su presencia en aquella humilde
morada. Más de dos mil navidades han pasado desde entonces
y queremos que su luz siga brillando con intensidad en nuestros
corazones. Razón de más para regocijarnos y participar
todos de la felicidad de tenerle entre nosotros. Por eso mismo,
vale la pena que disfrutemos también de las tradiciones de
esta época y guardemos espacio para asistir en familia a
las posadas que se organizan en las colonias.
De igual manera, hagamos el firme propósito de que estas
fiestas renueven nuestros ánimos para que renazca el espíritu
de solidaridad hacia la gente necesitada que tenemos alrededor.
Y ya que amar es compartir, como dice el dicho, hagamos
el esfuerzo de contribuir en algo con quienes carecen de lo material,
para que también tengan motivos de celebrar con gozo la noche
del 24 de diciembre.
En este sentido, pensemos también en agradar a los que tenemos
cerca. Obviamente, no es necesario que nos gastemos la vida en los
obsequios que hemos pensado comprar. Un pequeño presente
o una tarjeta con unas cuantas líneas escritas con nuestro
puño y letra tienen un valor extraordinario a la hora del
intercambio de regalos, porque cuenta mucho más el detalle
de acordarse de la persona que el valor material de cualquier cosa
que se haya comprado.
Es verdad que no siempre será posible que podamos estar todos
juntos en estas fiestas. Algunos de nosotros, por razones académicas,
profesionales o laborales, estaremos celebrando la Navidad en la
distancia. Tampoco estarán aquellos que, por cuestiones personales,
aún tienen algún impedimento para viajar al país
o para volver a casa. Sin embargo, los que puedan estar juntos,
hagan de cuenta y caso que nos tienen a todos reunidos en el punto
de encuentro convenido. Estoy seguro de que ya habrá ocasión
de reencontrarnos de nuevo en próximas navidades.
Por otra parte, sé que, muy a nuestro pesar, esta época
nos invita a recordar a los familiares y amigos que nos dejaron
en los pasados doce meses. Es cierto que ya no les tendremos cerca,
pero su recuerdo sigue presente en nuestra mente y en nuestro corazón.
En este sentido, posiblemente su ausencia aún se note en
muchos hogares salvadoreños, sin embargo, hay que hacer todo
el esfuerzo por sonreírle a la vida y recordarles con cariño.
Por lo tanto, estemos donde estemos, preparémonos juntos
para recibir con ilusión la Navidad y dispongámonos
a celebrar con las mejores intenciones esta fecha tan señalada
en el calendario. Por eso mismo, me atrevo a decir que aún
es tiempo de que podamos adornar la casa, la oficina, el negocio
y, ante todo, preparar nuestras mejores galas para celebrar junto
a la familia y amigos, los momentos especiales de esta próxima
Nochebuena.
Queridos lectores, desde esta columna, quiero ser uno de los primeros
en darle gracias a Dios por este año maravilloso y desearles
a todos una muy ¡Feliz Navidad!
*Doctorando en Comunicación Pública
de la Universidad de Navarra, España.
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