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La batalla más difícil de un joven socorrista

Las balas le dañaron el hígado y un riñón - Lleva diez días en el Rosales - Le hirieron en fuego cruzado

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Marvin Alvarado. Socorrista de Comandos de Salvamento, resultó lesionado de bala en la urbanización Popotlán 1, Apopa. Foto: EDH

A pesar de que fueron seis balazos los que le asestaron, Marvin Alvarado, que tiene cinco años de ser voluntario de Comandos de Salvamento, y 18 de edad, se resiste a creer que el ataque haya sido contra él.

Prefiere pensar que lo hirieron en fuego cruzado.
“Yo imagino que no ha de haber sido contra mí, sino entre ellos (pandilleros de la MS y 18) mismos, pero desgraciadamente yo iba pasando”, reflexiona el socorristas desde una camilla del Hospital Rosales, donde lleva diez días postrado.

Cuatro balas le atravesaron el abdomen de lado a lado. Otra se le quedó alojada en un glúteo y la sexta en un brazo.
“Los doctores me han dicho que tengo fregado el hígado, un riñón y no sé qué otras cosas”, asegura.

El suceso fue el pasado domingo 7, a las 7:45 de la noche. Marvin había pasado todo el día en una actividad de la Iglesia Católica, y continuaría allí participando en una vigilia, luego se iría al cantón San Nicolás, siempre de Apopa. Acompañaría al párroco local a celebrar un acto religioso.

Una amiga y compañera de fe, Luisa L., lo conminó a ir a comprar golosinas a la tienda El Guayabito, distante unos cien metros de la iglesia que comparten los católicos de las urbanizaciones Popotlán y Valle Verde. De paso, le devolverían un utensilio de cocina prestado a la dueña del lugar.

El establecimiento está sobre la calle Amatitlán de la Popotlán 1.
Luisa llegó a la puerta de la tienda; Marvin se quedó rezagado dos o tres metros.
Cuando iba a media calle se oyeron varias detonaciones. Nadie se alarmó porque creyeron que eran cohetes, incluso Marvin así lo pensó.

Pero sucedió lo inesperado. “De repente me quedé sin aire, como cuando a uno le dan un pelotazo en la boca del estómago”, sostiene.

Luego buscó ponerse a salvo tras un auto estacionado. Luisa lo auxilio. Después lo trasladaron a la base de Comandos. De ahí al Rosales, donde esa misma noche lo operaron.

Lo primero que se le vino a la mente fueron los recuerdos de cuando había auxiliado a gente lesionada, que son incontables, según refiere, más cuando en Valle Verde y Popotlán se puso peligroso el ambiente por los enfrentamientos de maras.

“Hace como un año, había noches que hasta cinco (heridos) caían”, sostiene la víctima, que recién ha finalizado el segundo año de bachillerato en el Instituto Nacional de Apopa.

Vecinos afirman que esa noche había mucha gente en la calle. Nadie vio nada. A la mañana siguiente, varias vainillas del calibre 9 milímetros quedaron en el polvo. Ahí se perdieron.

Alguien se atrevió a decir que los agresores de Marvin estaban frente a la tienda, pero dijo que no le eran conocidos, y que dispararon directamente a él, aunque quizá lo confundieron.
Y hay algo de lógica en eso. De donde los vecinos dicen que rodaban los casquillos sólo median unos cuatro metros a donde Marvin se quedó herido.

Ajeno a los líos de maras

- Marvin es un joven que invierte su tiempo en actividades productivas.
- Estudia bachillerato y es miembro de Comandos de Salvamento, en la seccional de Apopa.
- Además, es miembro del coro de la Iglesia Católica de la Popotlán 1, donde el reside con su familia.
- A pesar de lo que le ocurrió, el joven ha tomado las cosas con calma. No guarda ningún rencor.

 

 

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