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Mareros
matan a joven y hieren a niña de tres años
Apopa.
La bala no daño órganos vitales. El primo de la niña
murió en el hecho
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| Víctima. Ana Marcela
acude a curación cada tres días. Foto:
EDH/Felipe Ayala |
Con tan sólo tres años, Ana Marcela García
ya sintió el dolor que causa una bala de 9 milímetros.
A su edad, quizá apenas comprenda lo que significa la palabra
mara, y menos la guerra que esos grupos libran.
Sentada sobre varias almohadas y frente al televisor, comiendo un
plato de verduras, la menor no quiere hablar con extraños
sobre el accidente. Sólo a su madre, Ana Haydee García,
le dice que la puyaron y que le duele. Luego, una prima la carga
para llevarla al baño.
Porque ellos (los pandilleros) no se fijan a quién
van a matar, sino que se va (matan o hieren) gente inocente,
se pregunta Haydee.
La noche en que lesionaron a la niña, también mataron
a su primo Balmore Víter. Él la llevaba en brazos
a comprar golosinas en una tienda, a unos 50 metros de distancia
de su vivienda. Detrás de ellos siguieron la abuela de la
niña y una hermana de ésta, de 6 años.
No habían caminado la mitad del trecho cuando varios hombres
le salieron al paso al joven. Estos le preguntaron quién
era El Nasty, un reconocido pandillero del sector.
La víctima negó conocerlo. Le interrogaron por otros
pandilleros; la respuesta fue la misma.
Varios heridos
Cuando casi llegaban a la tienda, uno de los desconocidos se le
adelantó varios metros, sacó un arma y comenzó
a dispararle.
Cuando yo vi que de la pistola salía fuego, yo le gritaba
que me aventara la niña y el hombre seguía disparando,
comenta Juana García, la abuela.
Las balas alcanzaron a dos jóvenes más. La tragedia
pudo ser peor. Juana muestra el quemón que una bala le causó
en la mano que llevaba a la hermana de Marcela.
Algo que abona a la frustración de esta familia es que la
balacera ocurrió a no más de 300 metros del puesto
policial de Valle Verde 1.
A pesar de que los agentes acudieron con presteza, a la familia
García les queda la impresión de que a los mareros
les importa poco la presencia policial.
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