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Lunes 15 de Diciembre
 

 

 
 

Nadine, la madrina de los avicultores

Una mujer muy influyente en Washington hizo posible que los empresarios de cuatro países de Centroamérica y EE.UU. se pusieran de acuerdo.

Guadalupe Trigueros
Enviada Especial El Diario de Hoy
Washington
negocios@elsalvador.com
Nadine Hogan sesiona a diario con el grupo de avicultores centroamericanos, en la última ronda del TLC. Foto EDH
Todas las mañanas, el portero del lujoso Hotel MayFlowers, en la Avenida Connecticut, de Washington, abre las compuertas del auto de Nadine Hogan, una dama de edad muy madura y de andar tortuoso.

En la sala de espera, sale a su encuentro el grupo de empresarios avícolas de Centroamérica que ha venido a negociar la última fase del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.

Ella es una dama muy influyente. Fue parte del equipo de apoyo y de asesores que el presidente George Bush tuvo en su campaña.

Su nombre suena fuerte en el Congreso de los Estados Unidos y entre la comunidad empresarial del país.

En la década de los 80, Hogan dirigió el programa Rocap que la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) diseñó para Centroamérica. Los gobiernos centroamericanos de la época reconocen su poder y su valiosa experiencia.

Ella se movilizó mucho entre Guatemala y Honduras.

Hogan reapareció en la región en 1999, con el Huracán Mitch que afectó a Honduras y a Nicaragua. Contactó a Mary Flakes de Flores, la Primera Dama hondureña, para coordinar programas de ayuda.

El Salvador y Honduras se enfrentaban por un litigio comercial que frenaba la exportación de productos avícolas, hacia el mercado hondureño.

El ministro de Agricultura de Honduras en ese entonces era Guillermo Alvarado, quien argumentaba que la producción avícola salvadoreña estaba contaminada de influencia aviar.

Tras de él se encontraba una estrecha amistad con Nadine Hogan. El problema se resolvió y los vecinos terminaron en un arreglo amistoso, por fortuna.

En febrero de 2003, cuando comenzaron las negociaciones del TLC con Estados Unidos, Alvarado, en calidad de avicultor y ex ministro de Agricultura, contactó a sus vecinos centroamericanos con Nadine Hogan, como la pieza clave para lograr importantes acuerdos con los avicultores estadounidenses, en el TLC.

Hogan y Asociados organizó una serie de encuentros con Van Yeuter, el asesor principal de Cargill, la empresa avícola más grande de Estados Unidos, con inversiones en Honduras.

El contacto intensificó las relaciones de los avicultores centroamericanos con sus competidores estadounidenses.

Los productores de la región debieron armar toda una maquinaria de logística, presupuesto y asesores, para intensificar contactos en el Congreso, en el Departamento de Comercio y en todos los sectores de influencia de Estados Unidos.

Más de ocho reuniones en todo el año fueron necesarias para llegar a un acuerdo entre productores, para evitar que los sectores fueran negociados a nivel político por los ministros de Economía, en el TLC.

Centroamérica se empeñaba en proteger su mercado y no dejar pasar los productos avícolas estadounidenses. Mientras, estos productores insistían en lo contrario. Costa Rica declinó y no quiso formar parte de negociaciones regionales.

Causas de la apertura

Los sectores realizaron viajes en conjunto a México y a Chile, para estudiar las experiencias de los avicultores mexicanos en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA), y para conocer el tratamiento que los chilenos tendrán con el TLC que recientemente firmaron con Estados Unidos.

México negoció una desgravación arancelaria de diez años con Estados Unidos, período que terminó este año 2003. La condición era bajar su arancel de 200% a 98% en el último año del plazo, hasta llegar a 0% al término del mismo.

Pero los avicultores mexicanos renegociaron con la contraparte una extensión del programa, la cual fue concedida para partir del arancel de 98%, hasta llegar a 0% dentro de cinco años, con la condición de acelerar cambios y mejoras sanitarias en su sector, para competir con los productores estadounidenses, en su propia plaza.

En cambio, Chile logró que con la vigencia del TLC no haya comercio de avícolas durante los primeros tres años, en los cuales se comprometen a mejorar sus condiciones para reunir requisitos sanitarios y competir con la contraparte.

La experiencia avícola chilena y la mexicana impulsaron cambios. Los avicultores se animaron a abrir su mercado a la competencia, mediante cuotas de importación equivalentes al 5% de la producción de cada país y aplicar aranceles a las importaciones que sobrepasen los cupos.

Por un lado, Estados Unidos entraría piernas y muslos a C.A. y en la vía inversa se venderían pechugas en el mercado estadounidense y alitas sazonadas para la comunidad de centroamericanos.
 

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