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Nadine,
la madrina de los avicultores
Una mujer
muy influyente en Washington hizo posible que los empresarios de cuatro
países de Centroamérica y EE.UU. se pusieran de acuerdo.
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| Nadine Hogan sesiona a diario con el grupo
de avicultores centroamericanos, en la última ronda del
TLC. Foto EDH |
Todas las mañanas, el portero del lujoso Hotel MayFlowers,
en la Avenida Connecticut, de Washington, abre las compuertas del
auto de Nadine Hogan, una dama de edad muy madura y de andar tortuoso.
En la sala de espera, sale a su encuentro el grupo de empresarios
avícolas de Centroamérica que ha venido a negociar la
última fase del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados
Unidos.
Ella es una dama muy influyente. Fue parte del equipo de apoyo y de
asesores que el presidente George Bush tuvo en su campaña.
Su nombre suena fuerte en el Congreso de los Estados Unidos y entre
la comunidad empresarial del país.
En la década de los 80, Hogan dirigió el programa Rocap
que la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) diseñó
para Centroamérica. Los gobiernos centroamericanos de la época
reconocen su poder y su valiosa experiencia.
Ella se movilizó mucho entre Guatemala y Honduras.
Hogan reapareció en la región en 1999, con el Huracán
Mitch que afectó a Honduras y a Nicaragua. Contactó
a Mary Flakes de Flores, la Primera Dama hondureña, para coordinar
programas de ayuda.
El Salvador y Honduras se enfrentaban por un litigio comercial que
frenaba la exportación de productos avícolas, hacia
el mercado hondureño.
El ministro de Agricultura de Honduras en ese entonces era Guillermo
Alvarado, quien argumentaba que la producción avícola
salvadoreña estaba contaminada de influencia aviar.
Tras de él se encontraba una estrecha amistad con Nadine Hogan.
El problema se resolvió y los vecinos terminaron en un arreglo
amistoso, por fortuna.
En febrero de 2003, cuando comenzaron las negociaciones del TLC con
Estados Unidos, Alvarado, en calidad de avicultor y ex ministro de
Agricultura, contactó a sus vecinos centroamericanos con Nadine
Hogan, como la pieza clave para lograr importantes acuerdos con los
avicultores estadounidenses, en el TLC.
Hogan y Asociados organizó una serie de encuentros con Van
Yeuter, el asesor principal de Cargill, la empresa avícola
más grande de Estados Unidos, con inversiones en Honduras.
El contacto intensificó las relaciones de los avicultores centroamericanos
con sus competidores estadounidenses.
Los productores de la región debieron armar toda una maquinaria
de logística, presupuesto y asesores, para intensificar contactos
en el Congreso, en el Departamento de Comercio y en todos los sectores
de influencia de Estados Unidos.
Más de ocho reuniones en todo el año fueron necesarias
para llegar a un acuerdo entre productores, para evitar que los sectores
fueran negociados a nivel político por los ministros de Economía,
en el TLC.
Centroamérica se empeñaba en proteger su mercado y no
dejar pasar los productos avícolas estadounidenses. Mientras,
estos productores insistían en lo contrario. Costa Rica declinó
y no quiso formar parte de negociaciones regionales.
Causas de la apertura
Los sectores realizaron viajes en conjunto a México y a Chile,
para estudiar las experiencias de los avicultores mexicanos en el
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA),
y para conocer el tratamiento que los chilenos tendrán con
el TLC que recientemente firmaron con Estados Unidos.
México negoció una desgravación arancelaria de
diez años con Estados Unidos, período que terminó
este año 2003. La condición era bajar su arancel de
200% a 98% en el último año del plazo, hasta llegar
a 0% al término del mismo.
Pero los avicultores mexicanos renegociaron con la contraparte una
extensión del programa, la cual fue concedida para partir del
arancel de 98%, hasta llegar a 0% dentro de cinco años, con
la condición de acelerar cambios y mejoras sanitarias en su
sector, para competir con los productores estadounidenses, en su propia
plaza.
En cambio, Chile logró que con la vigencia del TLC no haya
comercio de avícolas durante los primeros tres años,
en los cuales se comprometen a mejorar sus condiciones para reunir
requisitos sanitarios y competir con la contraparte.
La experiencia avícola chilena y la mexicana impulsaron cambios.
Los avicultores se animaron a abrir su mercado a la competencia, mediante
cuotas de importación equivalentes al 5% de la producción
de cada país y aplicar aranceles a las importaciones que sobrepasen
los cupos.
Por un lado, Estados Unidos entraría piernas y muslos a C.A.
y en la vía inversa se venderían pechugas en el mercado
estadounidense y alitas sazonadas para la comunidad de centroamericanos. |
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