| |

Orientando
¿Y
qué pasa con los adultos mayores sordos?
Los
adultos mayores sordos son marginados no sólo por su condición
de personas no oyentes, sino por no comprender su lenguaje.
Ha pensado usted alguna vez ¿qué hace o piensa un
adulto mayor sordo?¿Quién lo entiende en sus necesidades
y miedos?
Fundación Manos Mágicas busca, entre otros objetivos,
abrir espacios a todas las personas mayores sordas de El Salvador,
para que puedan recibir la ayuda que necesitan y mejoren su calidad
de vida.
¿Cómo podemos lograr lo anterior? Sensibilizando a
las entidades que dedican su trabajo a proteger a los adultos mayores,
como por ejemplo Fusate, para que realicen campañas de ayuda
y protección a los adultos mayores sordos.
Sería muy beneficioso unir esfuerzos para rescatar y proteger
de la soledad y el silencio a muchas personas sordas que llegan
a la vejez, siendo en muchas ocasiones discriminadas y maltratadas
por sus propios familiares.
Fundación Manos Mágicas exhorta a las entidades, organismos
y asociaciones de protección a los adultos mayores a que
sumen sus esfuerzos a los nuestros y luchemos contra las barreras
de comunicación, mejorando la accesibilidad de todos aquellos
servicios destinados a las personas mayores, desarrollando programas
de ocio y tiempo libre adaptados a las características de
los adultos mayores sordos, facilitando el intercambio de experiencias
y los contactos interpersonales, sirviendo de apoyo para las distintas
comisiones de personas mayores sordas de la Asociación Nacional
de Sordos.
Por cuestión de costumbre, las personas sordas han sido tratadas
en el marco de una perspectiva médico-audiológica-rehabilitadora.
Lo anterior, para determinar lo más exactamente posible el
tipo de pérdida auditiva y tratar de evaluar las repercusiones
de la misma en las áreas lingüística, cognitiva
y social de las personas sordas, y proponer formas de rehabilitación
o de intervención educativa que disminuyan sus efectos.
Por eso, desde un punto de vista puramente médico se buscan
soluciones tales como audífonos, implantes cocleares, con
la finalidad de acercarles lo más posible a la normalidad.
Lo anterior se refiere a una concepción patológica
de las personas sordas. En cuanto al resto de la sociedad, podríamos
decir que hay un desconocimiento general de lo que significa ser
una persona sorda y, por esta razón, aún muchos oyentes
no comprenden cómo se deben relacionar con las personas sordas
y continúan creyendo en mitos como los sordos que no
hablan bien no son inteligentes, entre otros.
Imagínense ustedes lo que ocurre cuando esta persona sorda
es un adulto mayor... Esta barrera penetra de manera negativa en
sus vidas, pues no permite que se les vea como personas con criterio
propio, y, en esta etapa, menos aún, no son consideradas
como personas capaces de trabajar ni ser profesionalmente competentes,
ni para participar de forma activa en la construcción de
una sociedad democrática, tal como el resto de las personas.
Los adultos mayores sordos son marginados no sólo por su
condición de personas no oyentes, sino por no comprender
su lenguaje y sus necesidades comunicativas, por no entender sus
experiencias y, lo que sería más importante, su relación
con el mundo exterior.
Es hora de respetar los derechos de nuestros adultos mayores sordos,
pues ellos llevan consigo la historia de la comunidad sorda, y una
cultura que es una expresión en la sociedad de esas condiciones
comunes.
Nuestros adultos mayores sordos son integrantes de la comunidad
sorda y como tales se sienten parte de este grupo, porque comparten
en gran medida el lenguaje, la pertenencia al grupo en sí,
y lo que es más importante, estas personas están unidas
por intereses y objetivos comunes que vienen a estar canalizados
en la sociedad gracias a la existencia de organizaciones de o para
personas sordas, fundamentales para la consecución de los
mismos.
Unamos esfuerzos y respetemos los derechos de los adultos mayores
sordos.
*Lic. en Derecho.
|
|