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Analizando
La mentira

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Es de todos conocido que no se puede mantener mucho tiempo una mentira y que el mentiroso no tarda en caer, porque su cadena de falsedades le llevará a creer sus propias mentiras y le hará un esclavo, incapaz de distinguir lo falso de lo verdadero. ¡Qué actualidad tiene la frase evangélica “La verdad os hará libres”.

Desde que alguien tuvo la osadía de afirmar: “mentid, mentid, que de la mentira algo queda”, el tiempo se ha encargado de confirmar esta temeridad y, aunque todos aspiramos a la verdad y admiramos a las personas sinceras, es común recurrir a la mentira y ponerle apellidos para justificarla.

Se habla de mentiras piadosas (para ocultar un mal), mentiras sociales (para evadir compromisos), mentiras blancas (para hacer el bien) y mentiras necesarias (por razones familiares o de negocios), aunque el apellido no cambie la naturaleza de la acción, que es un alejamiento de la verdad. Lo grave es que nuestra sociedad “light” ha llegado a aceptar todas esas modalidades, al grado de resultar raro el que una persona sea veraz.

Desde el punto de vista educativo, es dañino recurrir a cualquiera de los tipos de mentira enumerados porque para los hijos, sus padres son su punto de referencia y, hasta la adolescencia, no son capaces de entender ni medias palabras ni situaciones ambiguas, por lo que es deformativo que sus padres recurran a excusas que no se ciñan a la estricta verdad.

Con facilidad le decimos al cobrador que regrese la otra semana, cuando sabemos que no vamos a tener dinero hasta fin de mes. Afirmamos no tener carro, para no asistir a algún compromiso, o hacemos decir que no estamos, o que el marido no nos deja, o fingimos enfermedades, o inventamos ocupaciones y hasta llegamos a escribir falsas excusas para los colegios.

¿Qué pensarán los hijos ante semejantes actitudes? Les costará aceptar una grave falta de sinceridad en boca de sus padres, a quienes consideran como modelos que les han exigido un comportamiento correcto y honesto.

No deberá extrañar que cuando esos hijos vayan a la universidad, busquen un pariente médico para que les haga una excusa por haber faltado a un examen u olvidado una tarea. Es por ello que resulta ejemplar ver en las clínicas de algunos médicos, con verdadero sentido ético, un cartel advirtiendo que “no se darán excusas médicas falsas, por considerarlo un delito”.

Recientemente, ante las cifras presentadas por el Presidente Flores ante las NN. UU. acerca de la situación del país, hubo funcionarios que le tildaron de mentiroso hasta con insultos, que desdicen del cargo que ostentan, olvidando que se trata de la suprema autoridad de la nación.

Y se supone que estamos tratando de ser pluralistas, de aceptar la opinión ajena por contraria que sea a la nuestra, y que, al final, las cifras ofrecidas por el mandatario son bastante relativas, como lo comentara el Ing. Mayora Re en un artículo, y no están muy alejadas del estudio del PNUD.

En entrevista realizada al candidato comunista, al preguntarle qué era lo que más le molestaba, contestó rotundamente que la mentira, respuesta muy loable ya que la hipocresía, la doblez, la falsedad, la calumnia, la simulación son actitudes detestables.

Pero si este señor ha sido reconocido por haber mantenido durante muchos años su posición de comunista ortodoxo y radical, proclamándolo a los cuatro vientos, aunque le costara cárcel, persecuciones y hasta golpizas en tiempos en que había menos tolerancia ¿por qué hoy que es candidato y afirma odiar la mentira, se torna devoto creyente y participa en actos religiosos, actitudes totalmente reñidas con su ateísmo anterior? ¿Será que París bien vale una misa, como afirmaba el rey francés, o que la mentira es repudiable únicamente si la dicen otros?
El mundo actual nos lleva irremisiblemente a apreciar lo falso y a rechazar lo verdadero y auténtico, lo que se evidencia por la manera como calificamos ciertas actitudes.

Si alabamos la belleza de una rosa, hasta decimos que parece de seda. Un libro clásico es despreciado y sustituido por un insulso “best seller”; se paga un alto precio por un jeans desteñido y apretado, que muestre barriga y trasero, más que por una prenda elegante y finamente cortada; en materia de cine, lo burdo, lo escabroso, lo procaz y lo vulgar reciben calificativos de artísticos, realistas y audaces. Y en el mundo de los negocios, cuántas veces el empresario que defraudó al fisco, el que fraudulentamente reclamó un seguro o se hizo rico con dinero mal habido, es calificado de listo, “animala” y agresivo.

Es de todos conocido que no se puede mantener mucho tiempo una mentira y que el mentiroso no tarda en caer, porque su cadena de falsedades le llevará a creer sus propias mentiras y le hará un esclavo, incapaz de distinguir lo falso de lo verdadero.

¡Qué actualidad tiene la frase evangélica “la verdad os hará libres”, por lo difícil que resulta en estos tiempos decir la verdad y hacer buen uso de la libertad!

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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