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Analizando
La
mentira
Es
de todos conocido que no se puede mantener mucho tiempo una mentira
y que el mentiroso no tarda en caer, porque su cadena de falsedades
le llevará a creer sus propias mentiras y le hará un
esclavo, incapaz de distinguir lo falso de lo verdadero. ¡Qué
actualidad tiene la frase evangélica La verdad os hará
libres.
Desde que alguien tuvo la osadía de afirmar: mentid,
mentid, que de la mentira algo queda, el tiempo se ha encargado
de confirmar esta temeridad y, aunque todos aspiramos a la verdad
y admiramos a las personas sinceras, es común recurrir a
la mentira y ponerle apellidos para justificarla.
Se habla de mentiras piadosas (para ocultar un mal), mentiras sociales
(para evadir compromisos), mentiras blancas (para hacer el bien)
y mentiras necesarias (por razones familiares o de negocios), aunque
el apellido no cambie la naturaleza de la acción, que es
un alejamiento de la verdad. Lo grave es que nuestra sociedad light
ha llegado a aceptar todas esas modalidades, al grado de resultar
raro el que una persona sea veraz.
Desde el punto de vista educativo, es dañino recurrir a cualquiera
de los tipos de mentira enumerados porque para los hijos, sus padres
son su punto de referencia y, hasta la adolescencia, no son capaces
de entender ni medias palabras ni situaciones ambiguas, por lo que
es deformativo que sus padres recurran a excusas que no se ciñan
a la estricta verdad.
Con facilidad le decimos al cobrador que regrese la otra semana,
cuando sabemos que no vamos a tener dinero hasta fin de mes. Afirmamos
no tener carro, para no asistir a algún compromiso, o hacemos
decir que no estamos, o que el marido no nos deja, o fingimos enfermedades,
o inventamos ocupaciones y hasta llegamos a escribir falsas excusas
para los colegios.
¿Qué pensarán los hijos ante semejantes actitudes?
Les costará aceptar una grave falta de sinceridad en boca
de sus padres, a quienes consideran como modelos que les han exigido
un comportamiento correcto y honesto.
No deberá extrañar que cuando esos hijos vayan a la
universidad, busquen un pariente médico para que les haga
una excusa por haber faltado a un examen u olvidado una tarea. Es
por ello que resulta ejemplar ver en las clínicas de algunos
médicos, con verdadero sentido ético, un cartel advirtiendo
que no se darán excusas médicas falsas, por
considerarlo un delito.
Recientemente, ante las cifras presentadas por el Presidente Flores
ante las NN. UU. acerca de la situación del país,
hubo funcionarios que le tildaron de mentiroso hasta con insultos,
que desdicen del cargo que ostentan, olvidando que se trata de la
suprema autoridad de la nación.
Y se supone que estamos tratando de ser pluralistas, de aceptar
la opinión ajena por contraria que sea a la nuestra, y que,
al final, las cifras ofrecidas por el mandatario son bastante relativas,
como lo comentara el Ing. Mayora Re en un artículo, y no
están muy alejadas del estudio del PNUD.
En entrevista realizada al candidato comunista, al preguntarle qué
era lo que más le molestaba, contestó rotundamente
que la mentira, respuesta muy loable ya que la hipocresía,
la doblez, la falsedad, la calumnia, la simulación son actitudes
detestables.
Pero si este señor ha sido reconocido por haber mantenido
durante muchos años su posición de comunista ortodoxo
y radical, proclamándolo a los cuatro vientos, aunque le
costara cárcel, persecuciones y hasta golpizas en tiempos
en que había menos tolerancia ¿por qué hoy
que es candidato y afirma odiar la mentira, se torna devoto creyente
y participa en actos religiosos, actitudes totalmente reñidas
con su ateísmo anterior? ¿Será que París
bien vale una misa, como afirmaba el rey francés, o que la
mentira es repudiable únicamente si la dicen otros?
El mundo actual nos lleva irremisiblemente a apreciar lo falso y
a rechazar lo verdadero y auténtico, lo que se evidencia
por la manera como calificamos ciertas actitudes.
Si alabamos la belleza de una rosa, hasta decimos que parece de
seda. Un libro clásico es despreciado y sustituido por un
insulso best seller; se paga un alto precio por un jeans
desteñido y apretado, que muestre barriga y trasero, más
que por una prenda elegante y finamente cortada; en materia de cine,
lo burdo, lo escabroso, lo procaz y lo vulgar reciben calificativos
de artísticos, realistas y audaces. Y en el mundo de los
negocios, cuántas veces el empresario que defraudó
al fisco, el que fraudulentamente reclamó un seguro o se
hizo rico con dinero mal habido, es calificado de listo, animala
y agresivo.
Es de todos conocido que no se puede mantener mucho tiempo una mentira
y que el mentiroso no tarda en caer, porque su cadena de falsedades
le llevará a creer sus propias mentiras y le hará
un esclavo, incapaz de distinguir lo falso de lo verdadero.
¡Qué actualidad tiene la frase evangélica la
verdad os hará libres, por lo difícil que resulta
en estos tiempos decir la verdad y hacer buen uso de la libertad!
*Columnista de El Diario de Hoy.
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