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El aguinaldo

Pedro Roque*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

El aguinaldo no es para despilfarrarlo, con él se pueden hacer muchas cosas que aporten algo a la familia, pero no olvide, que después de Navidad viene la “cuesta de enero”, la compra de los útiles escolares, los uniformes y los zapatos.

El aguinaldo, según el Diccionario de la Lengua Española, es un regalo que se da en la fiesta de Navidad o en la fiesta de Epifanía.

Legalmente, es un determinado porcentaje de la cantidad de dinero devengado durante el año, que las empresas dan a sus trabajadores.

El cálculo del aguinaldo está previsto en las leyes laborales y en cada país es un poco diferente. En España, por ejemplo, se conoce como “paga extra de Navidad”, y por lo general es casi un sueldo completo.

Por su lado, las empresas envían a sus clientes obsequios; las casas particulares rendimos reconocimiento en especies o en dinero a quienes nos prestan los servicios de correo, recolección de la basura, los serenos o el personal de seguridad.

Los niños, hoy, por la vía de Santa Claus, y hace muchos años, por la del Niño Dios, reciben su regalo, y los adultos, expresamos nuestro cariño, agradecimiento o reconocimiento a nuestros seres queridos y apreciados con obsequios de diferente valor.

Pero el aguinaldo como tal, independiente de cuánto es y en qué día se recibe, a todos nos ilusiona, pues se trata de un dinero extra que ojalá “invirtamos” bien en algo extra y adicional, para que la familia tenga un poco de alegría, y los padres, descanso y sosiego en esta Navidad.

Me quiero permitir recomendarles, si aún estoy a tiempo, que inviertan el aguinaldo en cosas que favorezcan y fortalezcan las relaciones familiares, pues la falta de unión y solidaridad familiar parece que es una de las grandes necesidades que pasan inadvertidas a lo largo de todo el año.

Los compromisos laborales, los sociales, los estudios, los viajes, las jornadas largas, el exceso y el desorden en el trabajo y muchas otras cosas de nuestra vida cotidiana influyen negativamente en la dedicación y el desarrollo de la vida familiar.

La Navidad, tanto por su contenido religioso como por los días de vacación y el ambiente que se vive, es tiempo propicio para reflexionar y expresar a los familiares los verdaderos sentimientos e incluso puede ser un buen momento para disculparse y perdonar malos entendidos.

Personalmente, la Navidad siempre la he asumido como una fiesta familiar en la que hay que hacer en forma intencional algo extra con el aguinaldo, para propiciar un clima familiar diferente y favorable para la reflexión y la conversación con los miembros de la familia.

Para hablar un poco del pasado, de la historia de la familia, recordar a los que viven en otros países y dedicar un momento de recuerdo a los que se fueron para siempre.

Pero también para expresar las ilusiones de cada uno y juntos viendo la luna y las estrellas de las preciosas noches dicembrinas, pensar y hablar de lo bueno que será para todos alcanzar, conviviendo en paz, las cosas que uno o entre todos se propongan.

Todo lo que en algún momento de nuestra vida fue, es o será realidad y fruto de nuestro trabajo consistente y honrado, fue en otro momento una ilusión y, aunque para soñar e ilusionarse siempre es buen momento, personalmente, todos los años en los días de Navidad, espontáneamente, hago una revisión de lo que ha sucedido en el año que termina y le dedico tiempo a pensar en cómo reordenar las cosas para el siguiente.

Si usted no tiene esta costumbre, se la recomiendo, pues siempre será bueno hacer un alto en el camino y revisar los “presupuestos de calidad de vida y felicidad”, que se previeron hace un año.

La calidad de vida no se mide sólo por los ingresos y en el poder adquisitivo que con el tiempo se va adquiriendo o, por razones explicables, perdiendo, sino también por lo que uno va haciendo con el dinero o la falta de éste, para que en conjunto, nosotros y nuestra familia, convivamos mejor y nos sintamos más unidos.

Lo peor que le puede suceder con relación a su aguinaldo es que lo malgaste en cosas superfluas que no aportan nada a la familia.

Pagar deudas atrasadas con el aguinaldo puede ser la solución a un problema económico temporal, pero si usted tiene familia y de verdad la quiere, muy bueno será que destine parte del aguinaldo a que su familia sienta que es Navidad y juntos la disfruten.

El aguinaldo es una forma de agradecer a cada uno por los esfuerzos que aportó en el año para la generación de valor agregado en las empresas y las instituciones.

Precisamente por esta razón es que debiera invertir en cosas y asuntos que ayuden al fortalecimiento y reforzamiento de los lazos familiares, para poder continuar haciéndolo durante el siguiente año.

No malgaste su aguinaldo, celebre la Navidad con su familia, coman juntos, disfruten de la sobremesa, hablen con cordialidad y con cariño. Pónganse de acuerdo en cómo continuar y cómo apoyarse mejor en el futuro. La familia unida y solidaria debiera ser el espíritu del buen uso del aguinaldo en esta Navidad.

Si no es de San Salvador y tiene tiempo, utilice una parte de su aguinaldo para ir a su ciudad, pueblo, vía o cantón donde nació y que su familia conozca y se sienta cerca de otros familiares que aún siguen ahí.

Como ve, el aguinaldo no es para despilfarrarlo, con él se pueden hacer muchas cosas que aporten algo a la familia, pero no olvide, que después de Navidad viene la “cuesta de enero”, la compra de los útiles escolares, los uniformes y los zapatos para los que aún están estudiando.

Invierta bien su aguinaldo, disfrútelo con su familia y no se olviden de hacer conjuntamente su presupuesto de calidad de vida y felicidad, para terminar bien y en paz este año, e iniciar con muchas ilusiones el siguiente.

No compre más regalos de los que pueda pagar, ni adquiera más compromisos de los que esté seguro podrá cumplir.
 
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
 

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