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Comentario de la semana
Buenas noticias

Eduardo Torres*
El Diario de Hoy
eduardo@elsalvador.com

Washington D.C. Al llegar ayer a esta capital política del mundo, en apoyo a la ronda final del TLC con Estados Unidos, escribo la presente columna con cierto grado de añoranza al referirme a dos proyectos país que han marcado mi vida profesional: la negociación de la paz, en lo político, de 1989 a 1991, y, en lo económico, la búsqueda del acuerdo comercial con la principal potencia del mundo.

En realidad, poca, pero intensa, fue mi participación en el proceso de negociación de la paz. Pero, a pesar de haber sido por esos años un joven funcionario de la administración Cristiani, de verdad que me marcó dicha experiencia, por estar presente en el lugar de los hechos, las discusiones y la defensa de la institucionalidad del país.

Si de calificar mis dos años de trabajo en esta bella ciudad se tratara, retrospectivamente hablando, pues sin lugar a duda que llegaría a la conclusión de que fueron de intenso aprendizaje político.

Entre otros acontecimientos de trascendencia mundial, vivimos en esta ciudad —con mi esposa y nuestros dos hijos mayores, niños por esos años— la caída del Muro de Berlín, la “Guerra del Golfo” (1991), y la disolución del Pacto de Varsovia.

Quizá por ello no me pasó inadvertida, el 16 de enero de 2002, la primera presentación pública —para retomar, post septiembre 11 de 2001, la agenda hacia Latinoamérica— del Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Su mensaje ese día: La posibilidad de “explorar” su país un tratado comercial con “los países centroamericanos”.

Bush, un aperturista

Ciertamente, mucha agua ha pasado bajo el puente desde entonces, pero, en honor de la verdad y la justicia, deseo en esta ocasión compartir algunos detalles que conozco desde hace dos años y medio, y que son, sin duda, parte de por qué me hizo “click” este proyecto desde un principio.

El país estaba destruido como consecuencia de los dos terremotos de 2001 y la serie de réplicas que, como nunca antes, nos encontrábamos viviendo, minaban nuestra moral colectiva.

Reunión en la Oficina Oval de la Casa Blanca. George W. Bush, con dos meses y medio en el puesto, le tenía la buena nueva a nuestro Presidente de $110 millones, a ser desembolsados en año y medio, debido al año fiscal estadounidense, y el TPS para todos aquellos connacionales que hubiesen entrado a este país antes del primer terremoto, en enero de 2001.

Entiendo que agradeció la ayuda nuestro Presidente, a nombre de todos nosotros, pero planteó la tesis de que habiendo El Salvador realizado su tarea interna, lo que requeríamos para salir adelante era acceso para nuestros productos a las economías más prósperas del planeta.

Constándome en lo personal que por convicción es Bush un aperturista —“free trader”—, no cabe duda de que aquello lo captó su ojo. Pronto llegaron los elogios en la clausura de la “Cumbre de Quebec”; luego la invitación a la reunión del G-8 en Génova y, después, el calificativo de “amigo”.

En este fin de semana, de inmensa actividad en el “Mayflower Hotel”, donde los términos de moda son “plazos de desgravación”, “salvaguardas agrícolas” y “períodos de gracia”, es en realidad inimaginable e increíble lo logrado desde el lanzamiento formal de la negociación, en enero de este ano.

Gozo deberíamos tener todos los centroamericanos. En especial tras el anuncio de anteayer de la Casa Blanca, de que se efectúa una revisión de las leyes de inmigración, lo que podría dar como resultado amnistía para millones y millones de personas que viven y trabajan en este país, sin estar legalmente autorizadas para ello.

Pero también por estar prácticamente cerrándose ya el acuerdo.

Claro que habrá tremendos peros en el camino hacia la ratificación del acuerdo comercial, en especial en el Congreso de Estados Unidos. Es verdaderamente la oportunidad que por siempre ha andado buscando la región para hacer diferencia, para mejorar, en la calidad de vida de las mayorías.

Entre tiras y encoges, lo muestran las encuestas, percibimos los centroamericanos cuán importante es para nuestro futuro el Tratado de Libre Comercio que estamos a punto de cerrar.
¡Ojalá lo logremos!

*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.
 

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