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Comentario
de la semana
Buenas
noticias
Washington
D.C. Al llegar ayer a esta capital política del mundo, en apoyo
a la ronda final del TLC con Estados Unidos, escribo la presente columna
con cierto grado de añoranza al referirme a dos proyectos país
que han marcado mi vida profesional: la negociación de la paz,
en lo político, de 1989 a 1991, y, en lo económico,
la búsqueda del acuerdo comercial con la principal potencia
del mundo.
En realidad, poca, pero intensa, fue mi participación en el
proceso de negociación de la paz. Pero, a pesar de haber sido
por esos años un joven funcionario de la administración
Cristiani, de verdad que me marcó dicha experiencia, por estar
presente en el lugar de los hechos, las discusiones y la defensa de
la institucionalidad del país.
Si de calificar mis dos años de trabajo en esta bella ciudad
se tratara, retrospectivamente hablando, pues sin lugar a duda que
llegaría a la conclusión de que fueron de intenso aprendizaje
político.
Entre otros acontecimientos de trascendencia mundial, vivimos en esta
ciudad con mi esposa y nuestros dos hijos mayores, niños
por esos años la caída del Muro de Berlín,
la Guerra del Golfo (1991), y la disolución del
Pacto de Varsovia.
Quizá por ello no me pasó inadvertida, el 16 de enero
de 2002, la primera presentación pública para
retomar, post septiembre 11 de 2001, la agenda hacia Latinoamérica
del Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en la sede de la
Organización de Estados Americanos (OEA).
Su mensaje ese día: La posibilidad de explorar
su país un tratado comercial con los países centroamericanos.
Bush, un aperturista
Ciertamente, mucha agua ha pasado bajo el puente desde entonces, pero,
en honor de la verdad y la justicia, deseo en esta ocasión
compartir algunos detalles que conozco desde hace dos años
y medio, y que son, sin duda, parte de por qué me hizo click
este proyecto desde un principio.
El país estaba destruido como consecuencia de los dos terremotos
de 2001 y la serie de réplicas que, como nunca antes, nos encontrábamos
viviendo, minaban nuestra moral colectiva.
Reunión en la Oficina Oval de la Casa Blanca. George W. Bush,
con dos meses y medio en el puesto, le tenía la buena nueva
a nuestro Presidente de $110 millones, a ser desembolsados en año
y medio, debido al año fiscal estadounidense, y el TPS para
todos aquellos connacionales que hubiesen entrado a este país
antes del primer terremoto, en enero de 2001.
Entiendo que agradeció la ayuda nuestro Presidente, a nombre
de todos nosotros, pero planteó la tesis de que habiendo El
Salvador realizado su tarea interna, lo que requeríamos para
salir adelante era acceso para nuestros productos a las economías
más prósperas del planeta.
Constándome en lo personal que por convicción es Bush
un aperturista free trader, no cabe duda de
que aquello lo captó su ojo. Pronto llegaron los elogios en
la clausura de la Cumbre de Quebec; luego la invitación
a la reunión del G-8 en Génova y, después, el
calificativo de amigo.
En este fin de semana, de inmensa actividad en el Mayflower
Hotel, donde los términos de moda son plazos de
desgravación, salvaguardas agrícolas
y períodos de gracia, es en realidad inimaginable
e increíble lo logrado desde el lanzamiento formal de la negociación,
en enero de este ano.
Gozo deberíamos tener todos los centroamericanos. En especial
tras el anuncio de anteayer de la Casa Blanca, de que se efectúa
una revisión de las leyes de inmigración, lo que podría
dar como resultado amnistía para millones y millones de personas
que viven y trabajan en este país, sin estar legalmente autorizadas
para ello.
Pero también por estar prácticamente cerrándose
ya el acuerdo.
Claro que habrá tremendos peros en el camino hacia la ratificación
del acuerdo comercial, en especial en el Congreso de Estados Unidos.
Es verdaderamente la oportunidad que por siempre ha andado buscando
la región para hacer diferencia, para mejorar, en la calidad
de vida de las mayorías.
Entre tiras y encoges, lo muestran las encuestas, percibimos los centroamericanos
cuán importante es para nuestro futuro el Tratado de Libre
Comercio que estamos a punto de cerrar.
¡Ojalá lo logremos!
*Lic. en Ciencias Jurídicas
y columnista de El Diario de Hoy. |
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