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Tema
para meditar
La
palabra puro se emplea hoy con mayor frecuencia
La
palabra puro está regresando... y ya era hora
de que lo hiciera. Como muchas palabras que pasan de moda y luego
vuelven a aparecer, el término puro se utiliza
de nuevo con un significado algo diferente, que, según mi
opinión, es aún mejor.
Si bien en algún momento la palabra puro describía
a una persona de una naturaleza casi santa, ahora se la emplea con
mayor frecuencia no para describir personas, sino cosas. Eso
es tan puro, podría decir un joven hoy día con
un efecto de admiración, hasta de asombro. ¿Qué
significa? Si algo es puro, en realidad, ¿cómo es?
Como mínimo, es fuerte, genuino e indiscutiblemente bueno.
Es poderoso y merecedor de respeto.
Sexo puro no son palabras de significado opuesto. Describe
la relación sexual como su diseñador quiso que fuera:
merecedora de admiración, absolutamente correcta, no manoseada
por un uso impropio y sin mancha alguna proveniente del pecado y
el egoísmo. No hay nada malo ni chocante en nuestra sexualidad
inherente. Nunca lo hubo. Si parece haberlo, se debe sólo
a que el hombre moderno no sabe qué es en verdad el sexo.
No puede saberlo, porque ha separado la creación de su Creador
y, por lo tanto, tiene una visión lamentablemente distorsionada.
Alguien podría decir: ¡Pero eso es ridículo!
Por supuesto que sabemos qué es el sexo. Estamos liberados
sexualmente. Somos espectadores informados de los presentadores
de estos temas en la televisión. Hemos asistido a clases,
leído libros y visto películas. Y muchos de nosotros
hemos experimentado bastante. ¿Cómo podríamos
ser ignorantes respecto al sexo cuando vivimos en una sociedad saturada
de sexo? Entonces... ¿Para qué otro tema sobre
el sexo? Porque si bien tal vez estemos abrumados con información
sexual acerca del cómo, todavía tenemos
hambre de integridad, todavía buscamos satisfacción.
Y puesto que toda verdad es la verdad de Dios, necesitamos con urgencia
escuchar lo que Él dice del sexo.
Joselyn Elders, ex directora general de Sanidad de Estados Unidos,
dijo: Les hemos enseñado a nuestros hijos qué
hacer en el asiento delantero del automóvil, ahora debemos
enseñarles qué hacer en el asiento trasero.
Permítanme sugerir que cuando una de cada cinco adolescentes
ha quedado embarazada antes de los diecinueve años, la mecánica
de los asientos traseros ya no constituye un misterio. Pero el sexo
puro sí lo es.
Cuando (dependiendo del estudio que lea) de un cuarto a la mitad
de los hombres y las mujeres casados han sido infieles, cuando uno
de cada seis estadounidenses padece una enfermedad venérea,
cuando el Sida es la principal causa de mortalidad de personas de
entre veintiséis y cuarenta y cuatro años, y aún
así la falta de deseo es una queja común en los consultorios
de los sexólogos y consejeros, tener mayor información
sobre el sexo no es la solución. No necesitamos más
panfletos ni programas ni lemas políticamente correctos como
Sin protección, no hay amor. Necesitamos conocer
una forma nueva (o, en realidad, muy antigua) de ver las cosas.
Necesitamos redescubrir la relación sexual pura, la cual
no tiene relación con la mecánica.
El sexo no es sólo algo que hacemos. Es algo que somos. El
sexo es una parte de nuestra identidad como hombres y mujeres creados
a la imagen de Dios, y es un hermoso símbolo de nuestra relación
con Él. La sexualidad humana no puede entenderse simplemente
como algo separado de la relación. El sexo que los clubes
de hombres y los pornógrafos ofrecen es una enorme distorsión,
a años luz de distancia de lo que en realidad es. Richard
Foster, en su libro Money, Sex, and Power (Dinero, sexo
y poder) habla de quienes hacen un uso indebido del sexo y lo explotan:
Eliminan por completo las relaciones y restringen la sexualidad
a los estrechos confines de los genitales. Han convertido al sexo
en algo trivial. ¡Foster ha dado en el blanco!
Como resultado de nuestro sexo trivializado, ha sucedido algo asombroso.
Nos hemos convertido en una cultura que es cada vez más activa
sexualmente, pero cada vez menos satisfecha. Tenemos una libertad
sexual sin precedentes junto con una desilusión sexual sin
comparación. Estamos metidos en la trampa engañosa
que hemos diseñado nosotros mismos.
Muchos de nosotros estamos enfermos físicamente, dañados
sicológicamente, insatisfechos emocionalmente y vacíos
espiritualmente. Hemos dejado de lado el verdadero gozo de la relación
sexual en busca del siguiente encuentro sexual y llegamos a creer
que la pasión es algo que, con suerte, dura cinco minuto.
Aceptamos una imitación del producto genuino, y recién
estamos comenzando a darnos cuenta de la tragedia de nuestro propio
error. Para una mejor relación sexual con tu esposa, deja
que Jesucristo controle tus compulsiones.
*Pastor.
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