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Criticando
Laschinamas.com

León Moncada
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Independientemente de la discusión de si todavía procede “controlar” estos movimientos entre países hermanos, si se va a hacer, hagámoslo bien (aunque sea sólo por la imagen de nuestro país).

Durante los últimos dos años he viajado entre El Salvador y Guatemala con bastante frecuencia, siendo testigo de los constantes cambios en los procedimientos de ambos países en su búsqueda aparente de controlar los movimientos de personas, vehículos y mercade- rías. Hoy por hoy, el calendario se deshoja al revés en Las Chinamas (del lado salvadoreño) y en vez de aprovechar las bondades de la modernidad, cada vez es más tedioso e ineficiente el paso.

A continuación se intenta recorrer imaginariamente las estaciones del Vía Crucis que los usuarios (que en adelante llamaremos clientes, por las implicaciones que ese término tiene) deben vivir en laschinamas.com:

Al llegar, deben buscar lugar para estacionar el vehículo y dirigirse a las ventanillas de Migración. De éstas existen dos para los que salen y dos para los que regresan (frecuentemente, unas están sin gente y las otras, abarrotadas: conviene evaluar un mecanismo para mejorar la eficiencia).

Frente a estas ventanillas deben esperar en filas (entre diez minutos y una hora, dependiendo de la cantidad de buses) en las que, como es de esperarse, hay gente que busca “colarse” y no esperar el tiempo normal. Por miedo o por desidia, los demás clientes usualmente lo permiten, aun a costa del disgusto que les provoca. Comentario aparte merece lo vivido hace un par de semanas, que permitió entender esa actitud:

Mientras esperábamos en una fila de unas veinte personas, un tipo “se coló” y completó su trámite sin hacer fila, obviamente con la complicidad de la agente que atendía. Nadie protestó, sólo nosotros, que intercambiamos frases y miradas con la agente en cuestión. Cuando nos tocó el turno y llegamos a la ventanilla, la represalia no se hizo esperar: la agente se incautó de nuestro pasaporte.

A pesar de nuestros constantes intentos por agilizar el proceso, quince minutos más tarde, cuando “el jefe” y los demás “compinches” consideraron que el castigo por protestar había sido suficiente, salieron a entregarnos nuestro documento. Mis vecinos de fila, que no protestaron, ya estaban a algunos kilómetros de distancia, más cerca de sus destinos. Casos como éste merecen el famoso comentario: “por eso es que estamos como estamos”.

Volviendo al tema, una vez que se ha concluido el trámite de Migración, el cliente debe solicitar a un agente (que prácticamente sólo eso hace) un “papelito” para anotar los datos del vehículo y, posteriormente, buscar a otro agente para que firme “el papelito” en señal de revisado (dependiendo de la ubicación de los planetas a esa hora del día, este agente puede pedir revisar baúl, motor, asientos, etc., o sólo firmar el papel sin siquiera saber cuál es el vehículo del cliente).

No basta este “estricto” control, pues posteriormente el cliente debe ir a las oficinas de Tránsito para que otros agentes ingresen los datos de su vehículo en una computadora (gestión, por cierto, realizada por personas con escasa habilidad de digitación) y sellen “el papelito”. Cuando el cliente ha realizado estos trámites, puede regresar a su vehículo y conducirse al puente donde otro agente revisará si "el papelito" tiene el sello (curioso que nadie revisa si el trámite migratorio ha sido realizado por los ocupantes del vehículo, pudiendo salir del país en forma ilegal).

Al regresar de Guatemala, la historia es la misma, incluyendo lo que pocos imaginarían: nuevamente el paso por los tres agentes que hay que buscar para la “revisión” del vehículo.
Adicionalmente, medio kilómetro más adelante hay un retén donde de nuevo revisan que “el papelito” esté en orden.

En resumen, una hora a la ida y otra al regreso: tiempo perdido y viajeros molestos. Independientemente de la discusión de si todavía procede “controlar” estos movimientos entre países hermanos, si se va a hacer, hagámoslo bien (aunque sea sólo por la imagen de nuestro país). ¡Feliz viaje!
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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