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Regresó
el Tiburón Tigre a la pecera
Hace
mucho, mucho tiempo, los seguidores del Duque Verde emergieron de
las aguas y comenzaron a respirar aire.
Es por eso que en su estandarte está el dibujo de un pez,
símbolo de su origen acuático.
Entre ellos hay descendientes de seres nobles, como la curvina.
Pero también los hay que provienen de bichos que se arrastran
por la arena y aquellos que comen los despojos de los más
grandes.
De cuando en cuando surgen tipos que tienen toda la pinta de depredadores,
acostumbrados a aplastar a sus contrincantes y matarlos a dentelladas.
Uno de ellos es Umania, quien se llamó a sí mismo
El Tigre.
Cuando llegó a la pecera del Duque Verde, parecía
ser un inofensivo bacalao.
Esta imagen era respaldada por los gruesos y enormes lentes que
llevaba sobre sus ojos.
En el fondo se escondía un tiburón que demostró
ser capaz de llegar hasta las últimas instancias de poder,
y no sólo en los territorios del Duque, sino más allá,
en la Casa del Pueblo.
Cuando dirigió el clan, lo hizo bajo los preceptos de un
hombre de tiempos antiguos, conocido como Maquiavelo, de quien se
inspiró y siguió sus pasos.
Sin embargo, su tiempo pasó y el Tiburón Tigre pasó
al retiro.
Se dedicó a usufructuar su participación accionaria
en una casa de estudios superiores, cuya propiedad compartía
con el maestro de una legendaria logia, ligado a la Dama de las
Manos Azules.
Pero también se desligó de la enseñanza y decidió
probar suerte en los terrenos de la vida y la muerte: fundó
dos camposantos.
En esas estaba cuando el Duque Verde anunció su alianza con
el Feudo Amarillo.
Apareció por la casa principal como quien no quiere la cosa.
Las cicatrices que dejó en algunos palpitaron como si las
heridas que las causaron estuvieran abiertas.
El nuevo líder del territorio lo miró con un poco
de sorpresa y asombro. Parco sabía que fue Umania quien obvió
algunos estatutos del Duque Verde para que compitiera para dirigir
los destinos de la Comarca y ser el habitante de la Casa de Gruesas
Paredes y Blancas Cortinas.
Y como el Tiburón Tigre no parecía ser un peligro
inmediato, lo dejó estar. Hasta que se supo en público
las interioridades de la alianza.
Encolerizado, Parco culpó a Umania y dijo que él no
era ya parte del Ducado. El otro respiró profundo. Su hambre
de poder se había despertado. Ya tocaron al Tigre.
O se lo acaban, o se los acaba, amenazó.
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