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Regresó el Tiburón Tigre a la pecera

Hace mucho, mucho tiempo, los seguidores del Duque Verde emergieron de las aguas y comenzaron a respirar aire.

Por Luis Lainez
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com

Es por eso que en su estandarte está el dibujo de un pez, símbolo de su origen acuático.

Entre ellos hay descendientes de seres nobles, como la curvina. Pero también los hay que provienen de bichos que se arrastran por la arena y aquellos que comen los despojos de los más grandes.

De cuando en cuando surgen tipos que tienen toda la pinta de depredadores, acostumbrados a aplastar a sus contrincantes y matarlos a dentelladas.

Uno de ellos es Umania, quien se llamó a sí mismo “El Tigre”.
Cuando llegó a la pecera del Duque Verde, parecía ser un inofensivo bacalao.

Esta imagen era respaldada por los gruesos y enormes lentes que llevaba sobre sus ojos.

En el fondo se escondía un tiburón que demostró ser capaz de llegar hasta las últimas instancias de poder, y no sólo en los territorios del Duque, sino más allá, en la Casa del Pueblo.

Cuando dirigió el clan, lo hizo bajo los preceptos de un hombre de tiempos antiguos, conocido como Maquiavelo, de quien se inspiró y siguió sus pasos.

Sin embargo, su tiempo pasó y el Tiburón Tigre pasó al retiro.

Se dedicó a usufructuar su participación accionaria en una casa de estudios superiores, cuya propiedad compartía con el maestro de una legendaria logia, ligado a la Dama de las Manos Azules.
Pero también se desligó de la enseñanza y decidió probar suerte en los terrenos de la vida y la muerte: fundó dos camposantos.

En esas estaba cuando el Duque Verde anunció su alianza con el Feudo Amarillo.
Apareció por la casa principal como quien no quiere la cosa.

Las cicatrices que dejó en algunos palpitaron como si las heridas que las causaron estuvieran abiertas.
El nuevo líder del territorio lo miró con un poco de sorpresa y asombro. Parco sabía que fue Umania quien obvió algunos estatutos del Duque Verde para que compitiera para dirigir los destinos de la Comarca y ser el habitante de la Casa de Gruesas Paredes y Blancas Cortinas.

Y como el Tiburón Tigre no parecía ser un peligro inmediato, lo dejó estar. Hasta que se supo en público las interioridades de la alianza.

Encolerizado, Parco culpó a Umania y dijo que él no era ya parte del Ducado. El otro respiró profundo. Su hambre de poder se había despertado. “Ya tocaron al Tigre. O se lo acaban, o se los acaba”, amenazó.

 

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