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Palabras
El arte de andar

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com

Dentro de la sabiduría sánscrita, el “irya” era el “arte de conducirse”. Es decir, el arte de andar, de caminar o de conducirnos por la vida.

Y en nuestra civilización profana tenemos que aprender en el camino.
Aprender en el camino a caminar y aprender en la vida a vivir.

Aprender a vivir en el amor y aprender a morir en un adiós. Porque el “hola” y el “adiós” están escritos en nuestro encuentro por la existencia.

Venimos quién sabe de dónde porque ya habremos olvidado. Y seguiremos sin llegar porque ya habremos llegado. Andar sin andar. Llegar sin llegar. Porque sólo se llega cuando se conoce y se ama lo buscado.
Tomar el “mal camino” o el “camino de en medio” es cuando el hombre o la mujer toman caminos de perdición o de desdicha.

En el mundo cotidiano todos deben aprender de este difícil y útil arte. Desde niños aprendemos a “gatear”, que es como caminan los gatos y las fieras y luego si no hay andaderas, pues a puros golpes, caídas y porrazos el bebé aprenderá a conducirse, como el adulto a fuerza de golpes aprende la gran lección de la vida.


Día a Día

Hay por desgracia una absurda y perversa oposición contra el TLC, precisamente porque del lado de la izquierda hay un sistemático rechazo a todas las manifestaciones de la libertad individual y colectiva. Se oponen al libre comercio de la misma forma y con igual intensidad con que se oponen a la libertad de expresión, de tránsito, de trabajo, de escoger lo que uno quiere para sí mismo y los suyos. Se oponen a la disidencia y persiguen a los que no están de acuerdo con las políticas de un partido o de un gremio, cuando éste es controlado por los comunistas. Se oponen al TLC como en su momento se opusieron a liberar las comunicaciones del yugo burocrático. Montan una oposición total al TLC porque en la medida en que hay libre comercio y se eleva el nivel de vida de la población, tienen menos posibilidades de regimentar a la gente, de someterle a sus oscuros y nefastos esquemas.

No conocemos un solo caso de países que se abren al comercio, que no logren avanzar en su desarrollo. Todos los pactos regionales de integración económica, incluido el imperfecto que tenemos en Centro-América, han incrementado la actividad económica y elevado los niveles de vida de las naciones participantes.
 

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