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Del
momento político
¿Llegará
a su fin el PCN?

Cuando
el PCN quiso hablar de alianzas electorales, el FMLN le trató
como a la costurerita que dio aquel mal paso.
En la vida política salvadoreña, el PCN fue el primer
partido oficial que no se disolvió al perder la presidencia
de la nación.
Aún más, siguió pesando en la política
salvadoreña aun cuando la Democracia Cristiana llegó
a la presidencia. A mediados de la lucha guerrillera, al convocarse
a elecciones presidenciales, Francisco Guerrero provocó la
ruptura del partido al proclamarse candidato sin tener aprobación
de toda la militancia, y muchos miembros del partido decidieron
separarse y formar PAISA, llevando como líder a Roberto Escobar
García. Esta fracción tuvo sus años de acción
con varios de sus miembros como diputados en la Asamblea Constituyente,
que redactó la Constitución vigente.
Posteriormente, ya en la administración del Presidente Cristiani,
la mayoría de miembros de PAISA pasaron a engrosar las filas
de ARENA.
Con todo, el PCN siguió siendo la segunda fuerza política,
ya que al ascender ARENA a la presidencia y con la muerte de Duarte,
la Democracia Cristiana vino a menos y perdió la mayoría
que había tenido en la Asamblea.
La presencia del PCN en los sucesivos gobiernos se ha debido, más
que nada, a la fidelidad de sus bases, que han tenido, desde su
fundación, una mística anticomunista que en los años
de la guerrilla contribuyó a la contención de la avalancha
roja, y más que ningún otro partido, puso una alta
cuota de muertos en su patriótico esfuerzo.
En el PCN, quien más, quien menos, tiene un padre, un hermano,
un hijo muerto en el combate a la antipatria, como Salvador
Guandique llamaba a la izquierda salvadoreña.
Me decía un ex guerrillero que las defensas civiles, más
que los cuerpos de seguridad de esos tiempos, fueron factor importante
en la detección y captura de elementos de la guerrilla que
operaban clandestinamente en el país, y son ellos quienes
forman el núcleo principal del PCN y no la cúpula
que ha mantenido una matusalénica presencia en la Asamblea
Nacional y otras dependencias del Gobierno Central y algunos municipios.
Esto hace que el PCN, más que el polícromo CDU, sea
la tercera fuerza política del país y su voto sea
indispensable para los acuerdos legislativos, y gracias a eso ARENA
ha podido rehacer el país de la locura destructiva del FMLN
en los años de la guerrilla, más algunos fenómenos
naturales de los últimos años.
Pero nunca falta un pelo en la sopa.
El PCN ha sido refugio de algunos empresarios de autobuses, algunos
son diputados, lo que ha dado origen a un conflicto de intereses
que le ha llevado a un divorcio con su natural aliado.
Cuando el Gobierno trató de eliminar la circulación
de algunos buses que ya pasaron su vida útil y constituyen
una amenaza para los usuarios, el PCN buscó el apoyo del
FMLN y éste, con el único propósito de obstruir
la decisión del Ejecutivo, aceptó la momentánea
alianza y prolongó la circulación de los ataúdes
rodantes.
Pero cuando el PCN quiso hablar de alianzas electorales, el FMLN
le trató como a la costurerita que dio aquel mal paso,
como reza un viejo tango argentino.
Ante el desaire de los camariches, el PCN buscó ser parte
de la ensalada que constituye el CDU, y éstos también
le cerraron la puerta.
La razón es muy simple.
Todos saben cómo piensa la militancia del PCN, y cualquier
alianza con la cúpula sería como recibir un cascarón
vacío. Las bases se abstendrán o votarían por
ARENA con quien les une el cordón umbilical.
Lo cual llevaría al fin del primer partido oficial, que no
desapareció después de haber perdido el poder.
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