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Opinando
La
participación de la mujer en un cargo público
Si
el pueblo decidiera darle su voto a una mujer, nos crea la posibilidad
de continuar y perfeccionar las políticas y programas pertinentes
para mejorar la situación de las mujeres, su calidad de vida.
La posibilidad de que una mujer comparta la conducción del
destino de nuestro nación ha provocado diferentes reacciones,
desde pensamientos que han tratado de dañar la imagen de
la mujer a opiniones optimistas por la representatividad de este
sector.
En nuestro país, en 1996, se inicia un proceso de dimensiones
estratégicas para mejorar la condición de la mujer
y hacer efectiva la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres,
a través de la ejecución de la Política Nacional
de la Mujer.
Dentro de los objetivos estratégicos, está desarrollar
la capacidad y liderazgo de las mujeres para que puedan tener acceso
a la toma de decisiones y participen en igualdad de oportunidades
en las estructuras públicas y privadas, cuya acción
es promover el derecho de la mujer a optar y ejercer cargos públicos
en igualdad de oportunidades y condiciones que el hombre.
Es indudable que la condición de las mujeres ha cobrado importancia
en las diferentes sociedades y culturas. En nuestro país
hemos logrado el acceso a nuevos espacios y adelantado notablemente
en el reconocimiento de nuestros derechos.
Si bien las mujeres hemos dado un gran paso, todavía la tasa
de desempleo es superior a la de los hombres y, encima de eso, ganan
menos; la situación es más complicada para las mujeres
solas, las jefas de hogar, es decir, las que son el sostén
de su familia.
Y es precisamente por eso que la idea de que una mujer tenga acceso
a la toma de decisiones de un país llena de satisfacción
a todo su entorno; la habilidad de dividir el tiempo entre el hogar
y sus actividades laborales le hacen conjugar muy bien todos los
roles.
Una mujer que auxilie al Presidente de la República nos asegura
cumplir con un principio constitucional, como lo es continuar promoviendo
la corresponsabilidad de género.
Mejor aún, si es una mujer que ha llevado comida a la mesa
de su casa, producto del esfuerzo propio, conocedora de los factores
de riesgo, como la inseguridad laboral, conflicto en el desempeño
de roles, incertidumbre, falta de protección de las leyes
laborales por el carácter informal del empleo, dificultades
en la crianza de los hijos, etc.
En los últimos días hemos escuchado un mensaje dirigido
a los hogares salvadoreños, que no responden al esquema de
familia nuclear con hombres generadores de ingreso y mujeres como
amas de casa. Saber que se visualiza esta creciente realidad de
hogares regidos por mujeres, cuyas necesidades específicas
deben ser tomadas en cuenta, nos indica que puede mejorar aún
más la condición de la mujer y la equidad de género
en nuestro país.
Si el pueblo decidiera darle su voto a una mujer, nos crea la posibilidad
de continuar y perfeccionar las políticas y programas pertinentes
para mejorar la situación de las mujeres, su calidad de vida,
la de sus hogares y familia también.
Existe una realidad ineludible: La mujer, con su sola presencia,
humaniza los ambientes, que lastimosamente los hombres, en forma
continua, tratan de hostilizar; la mujer, entre otras muchas cosas,
ha sido puesta en la tierra para una gran misión, sacar lo
mejor, la semilla de la bondad que cada político trae dentro
de sí.
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