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A prueba la separación entre el Estado y la iglesia

Sergio Muñoz Bata*
El Diario de Hoy
sergio.munoz@latimes.com


El fallo de la Suprema Corte de Justicia en un caso que empezó a ventilarse esta semana en la capital estadounidense, decidirá el rumbo del país en lo referente a la separación entre el Estado y la religión.

La gran pregunta que la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos debe responder en el caso de Joshua Davey es si el dinero de los contribuyentes puede ser utilizado para subsidiar la educación religiosa de los individuos.

De la resolución que la Corte dé al caso de Davey, un estudiante de Teología que solicitó al Estado de Washington una beca para estudiantes con aptitudes sobresalientes, dependerá si la barrera que separa las actividades del Estado de las religiosas se sostiene firme o se debilita.

En el caso específico que ahora está ante la consideración de la Corte se definirá si el Estado tiene la autoridad para negarle la beca a un estudiante con las calificaciones necesarias para merecerla, porque su campo de estudio es religioso. La solicitud de Davey fue denegada por las autoridades estatales, porque en Washington, al igual que otros 35 estados de la unión americana, la Constitución estatal prohíbe usar el dinero de los contribuyentes para apoyar proyectos religiosos de plegaria, práctica o instrucción.

Hasta ahora, la interpretación que se ha dado a la Primera Enmienda de la Constitución es que la Carta Magna contiene una prohibición semejante a la que se incluye en la Constitución de Washington. La primera enmienda protege el libre discurso y el libre ejercicio de cualquier religión, pero al mismo prohíbe al gobierno actuar “en materia religiosa”.

Defendiendo el caso de Davey, está una batería impresionante de abogados patrocinados por la Iglesia Evangélica Cristiana. Curiosamente, Alan Sekulow, el abogado principal, es un hombre que nació y creció en la religión judía, pero se convirtió al evangelismo. Además de Sekulow, Davey cuenta con el apoyo de los grupos más conservadores del país y con los abogados de la administración de George W. Bush.

El historial del caso Davey indica que en su primera instancia una Corte Federal en Washington falló en favor del Estado. Luego la Corte de Apelaciones lo hizo en favor de Davey. Ahora viene el momento de la verdad ante la Corte Suprema.

Para la administración de Bush, el fallo del la Corte es crucial, porque si se inclina a favor del estudiante, se removería una importante barrera para su causa. Bush quiere que los padres de familia que desean sacar a sus hijos de las escuelas públicas, para enviarlos a escuelas católicas privadas cuenten con la devolución de una parte de sus impuestos. Hoy, esto no se puede hacer porque existe una prohibición constitucional de utilizar fondos federales para patrocinar escuelas religiosas.

El temor entre los grupos más liberales es que la fortaleza de la separación entre la iglesia y el Estado prevaleciente en las décadas de los 60 y 70 se ha ido debilitando. Durante su presidencia, John Kennedy marcó el tono de la relación entre la iglesia y el Estado al sostener públicamente que su fe católica era un asunto privado que no interfería en sus políticas públicas.

Hoy, con el fortalecimiento de la derecha en este país, la Iglesia Católica también ha estado buscando la manera de erosionar la separación entre la cuestión pública y las prácticas religiosas privadas. A finales de noviembre algunos obispos católicos adoptaron una postura muy agresiva contra los políticos que, siendo católicos, ignoran la doctrina de la Iglesia en su quehacer político.

Cuando tres candidatos demócratas católicos a la presidencia celebraron el fallo de la Corte Suprema de Massachusetts, permitiendo el matrimonio entre parejas homosexuales, los obispos católicos no sólo hicieron público su disgusto, sino que anunciaron su intención de explorar qué tipo de castigo aplicarles. Se habló de prohibirles hablar en instituciones de la iglesia y hasta de excomunión.

La estrategia, en cualquier caso, es acorralar a políticos católicos como Ted Kennedy, John F. Kerry, Wesley Clark, Nancy Pelosi, Arnold Schwarzenegger o cualquiera de los 412 políticos que se han autoidentificado como católicos y apoyan el derecho de las mujeres a decidir qué hacer con un embarazo no deseado.

La decisión de la Corte Suprema en el caso de Davey servirá, como el fiel de la balanza, para indicar si Estados Unidos continúa siendo una república laica o si se convierte en otro país fundamentalista.

*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.
 

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