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Opinando
Imagen
e intención no son suficientes
Los
partidos políticos, y con ellos los medios de comunicación,
tienen una función pedagógica en lo que se refiere a
la educación democrática.
Después de conocerse los candidatos, la campaña oficializada
ha comenzado con declaraciones de intenciones aisladas de lo que cada
quien va a hacer, pero sin precisar cómo. Ese modo de actuar
coincide con las ofertas electorales que compiten en críticas
de lo que no se hizo o se hizo mal, y en ofrecer lo que en la mayoría
de las veces, efectivamente, no es factible conceder.
La figura o personalidad, las tendencias ideológicas, el antecedente
del candidato, escasamente los principios, son los factores que han
predominado en la antesala de la campaña. Se espera que hoy
que está oficializada surjan en una forma sistematizada y coherente
las diferentes propuestas de planes de gobierno.
Toda campaña electoral siempre está orientada hacia
los electores, supuestamente en una dura competencia para ver cuál
de los candidatos logra el mayor respaldo, valiéndose principalmente
de los medios de comunicación, para dar a conocer una manera
diferente de gobernar; haciendo abstracción del axioma de que
la mayoría no sabe lo que en realidad quiere y que el dinero
en grandes cantidades hace que las cartas resulten al final marcadas.
Una hipótesis es que, con el transcurrir del tiempo, el promedio
de ciudadanos conscientes es cada vez mayor y que el triunfo no se
logra con prebendas, sino cuando en la plataforma de gobierno hay
un rumbo definido. En un país como el nuestro, donde ha habido
en el pasado un alto grado de ausentismo y de abstencionismo por falta
de credibilidad en las promesas de los políticos, un mensaje
dirigido a segmentos electorales específicos podría
atraer a los electores indecisos y neutralizar a los negativos. Un
buen mensaje pudiese incluso mover el voto duro, ciego y dogmático.
Sin lugar a dudas, la opinión pública nacional está
muy atenta a las entrevistas que se le formulan a los candidatos.
Más adelante quizá vendrán confrontación
de personalidades y políticas de imagen. Posiblemente aparecerán
planes y estrategias, los cuales resultan necesarios para comunicar
en qué consisten los proyectos, no sólo en función
del inventario de necesidades de la población, sino también
de qué medios y recursos se valdrán para satisfacer
esos requerimientos.
Los partidos políticos, y con ellos los medios de comunicación,
tienen una función pedagógica en lo que se refiere a
la educación democrática y la cultura electoral del
ciudadano común. Las propuestas políticas tienen que
ser honestas y transparentes, porque del dicho al hecho hay un gran
trecho y la mayoría de la población está saturada
de falsedades, de frustraciones y del discurso populista.
Los candidatos se promocionan como si fuesen Coca Cola, y el ciudadano
merece no sólo sentir un encantamiento hacia el candidato,
sino también identificarse plenamente con un programa de gobierno
viable, veraz y confiable. Cuidado con las promesas. Los impuestos
no se pueden reducir sin que el gasto gubernamental disminuya. Un
país no se puede endeudar al infinito sin comprometer los ingresos
de las nuevas generaciones. Para generar mayores servicios de salud,
educación y más viviendas populares, se requiere un
incremento sustancial del gasto público. Las ampliaciones de
gasto tienen su límite por las partidas presupuestarias inamovibles,
como son los salarios y otros gastos imprescindibles de funcionamiento.
Por el contrario, los candidatos saben que mayores impuestos o una
reducción de personal o una congelación de salarios
y pensiones o una reducción sustancial de la inversión
pública sería, sin duda, un suicidio político.
Más vale pájaro en mano que cien volando, es otra máxima
de la sabiduría popular, y la ciudadanía consciente
ya no se conforma con perfiles, promesas y enunciados, exige programas
coherentes, responsables y viables.
*Economista. |
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