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Inicio del Sitio Miércoles 3 de Diciembre
 

 

 
 

Opinando
Imagen e intención no son suficientes

Rafael Rodríguez Loucel*
El Diario de Hoy
rloucel@utec.edu.sv


Los partidos políticos, y con ellos los medios de comunicación, tienen una función pedagógica en lo que se refiere a la educación democrática.

Después de conocerse los candidatos, la campaña “oficializada” ha comenzado con declaraciones de intenciones aisladas de lo que cada quien va a hacer, pero sin precisar cómo. Ese modo de actuar coincide con las ofertas electorales que compiten en críticas de lo que no se hizo o se hizo mal, y en ofrecer lo que en la mayoría de las veces, efectivamente, no es factible conceder.

La figura o personalidad, las tendencias ideológicas, el antecedente del candidato, escasamente los principios, son los factores que han predominado en la antesala de la campaña. Se espera que hoy que está oficializada surjan en una forma sistematizada y coherente las diferentes propuestas de planes de gobierno.

Toda campaña electoral siempre está orientada hacia los electores, supuestamente en una dura competencia para ver cuál de los candidatos logra el mayor respaldo, valiéndose principalmente de los medios de comunicación, para dar a conocer una manera diferente de gobernar; haciendo abstracción del axioma de que la mayoría no sabe lo que en realidad quiere y que el dinero en grandes cantidades hace que las cartas resulten al final marcadas.

Una hipótesis es que, con el transcurrir del tiempo, el promedio de ciudadanos conscientes es cada vez mayor y que el triunfo no se logra con prebendas, sino cuando en la plataforma de gobierno hay un rumbo definido. En un país como el nuestro, donde ha habido en el pasado un alto grado de ausentismo y de abstencionismo por falta de credibilidad en las promesas de los políticos, un mensaje dirigido a segmentos electorales específicos podría atraer a los electores indecisos y neutralizar a los negativos. Un buen mensaje pudiese incluso mover el voto duro, ciego y dogmático.

Sin lugar a dudas, la opinión pública nacional está muy atenta a las entrevistas que se le formulan a los candidatos. Más adelante quizá vendrán confrontación de personalidades y políticas de imagen. Posiblemente aparecerán planes y estrategias, los cuales resultan necesarios para comunicar en qué consisten los proyectos, no sólo en función del inventario de necesidades de la población, sino también de qué medios y recursos se valdrán para satisfacer esos requerimientos.

Los partidos políticos, y con ellos los medios de comunicación, tienen una función pedagógica en lo que se refiere a la educación democrática y la cultura electoral del ciudadano común. Las propuestas políticas tienen que ser honestas y transparentes, porque del dicho al hecho hay un gran trecho y la mayoría de la población está saturada de falsedades, de frustraciones y del discurso populista.

Los candidatos se promocionan como si fuesen Coca Cola, y el ciudadano merece no sólo sentir un encantamiento hacia el candidato, sino también identificarse plenamente con un programa de gobierno viable, veraz y confiable. Cuidado con las promesas. Los impuestos no se pueden reducir sin que el gasto gubernamental disminuya. Un país no se puede endeudar al infinito sin comprometer los ingresos de las nuevas generaciones. Para generar mayores servicios de salud, educación y más viviendas populares, se requiere un incremento sustancial del gasto público. Las ampliaciones de gasto tienen su límite por las partidas presupuestarias inamovibles, como son los salarios y otros gastos imprescindibles de funcionamiento.
Por el contrario, los candidatos saben que mayores impuestos o una reducción de personal o una congelación de salarios y pensiones o una reducción sustancial de la inversión pública sería, sin duda, un suicidio político.

Más vale pájaro en mano que cien volando, es otra máxima de la sabiduría popular, y la ciudadanía consciente ya no se conforma con perfiles, promesas y enunciados, exige programas coherentes, responsables y viables.

*Economista.
 

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