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Palabras
El vino del sabio y del insensato

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com


El vino no embriaga, sino que hechiza a los sabios y soñadores. Pero embrutece a los insensatos.

Dice un antiguo autor que el vino derramado por los sabios alegra y vitaliza, en tanto que el vino derramado por los insensatos embriaga y embrutece.

Tomar una copa de vino al día es saludable, pues los flavonios que contiene el néctar limpian de grasas e impurezas la sangre. El origen de esta bebida es divino, pues con ella los antiguos celebraban a sus dioses.
Es una bebida sana, tomado en pequeñas cantidades, pero su abuso puede conducir al alcoholismo. Del latino “vinum” se conoce como “vino generoso”al fuerte y añejo y como “vino peleón” el muy malo.

El dios romano del vino es Baco, hijo de Júpiter y de Sémele; es Dionisios para los griegos.
Dice la leyenda que fue Baco de gran utilidad para su padre en la lucha de éste contra los gigantes. En medio del combate, Júpiter, el padre de los dioses, excitaba su valor diciendo: “¡Evohé, Bache, evohé!”.
Néctar de Ambrosía, estimula el deseo de los soñadores y los dolores del insensato.
(pintorbalaguer@hotmail.com)


Día a Día

El odio es lo medular del marxismo: si, como predican los comunistas, lo que mueve la historia es la lucha de clases, provocada a su vez por la explotación, es consecuente que las clases oprimidas odien a los opresores. A odiar enseñan los activistas del partido; los “maistros” universitarios, a sus estudiantes; los curas enloquecidos, a sus feligreses. El odio confunde el entendimiento, pisotea las buenas relaciones, acaba con las amistades. Se odia porque se hace creer a muchos que la prosperidad de éstos es a costa de la pobreza y los sufrimientos de aquellos. La actividad económica se presenta como una guerra sin cuartel, donde los unos avanzan pasando por encima de los otros, que son la mayoría.

El planteamiento tiene su doble cara: una es la injusticia, el empobrecimiento imparable, la permanente lucha entre los sectores, hasta que el proletariado alcanza la victoria. Y una vez victorioso y pasado un tiempo “prudencial”, el comunismo logra el paraíso sobre la tierra, donde nadie paga servicios, la comida y los transportes son gratis, todos viven bien, los niños comienzan a nacer rubios y corren ríos de leche y miel.

 

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