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Independencia en las manos

Ilopango. Una malformación en las piernas impide a Erik caminar - Su padre inventó una “bicicleta andadera” para que se desplazara - Hoy, su sueño es llegar a ser “licenciado”.

Ivette Amaya
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

En el hogar. Nicolasa Martínez, madre de Erik, observa a su hijo de 11 años. El joven utiliza las manos para moverse. Foto: EDH/Nelson Dueñas

Los brazos y manos de Erick Jonathan Escobar ya no pueden estar sin hacer nada. Sus miembros, que le sirven para impulsar la patineta en la que juega “mica” con sus amigos de la colonia, se mantienen en movimiento aunque esté descansando.

A sus 11 años, la curiosidad y la hiperactividad de cualquier preadolescente se ponen de manifiesto en este joven, quien comienza con su aseo personal a las 6:00 de la mañana, para luego seguir con los quehaceres diarios.

Cuando no juega, está ocupado con trabajos manuales, como la construcción de maquetas y la soldadura de piezas metálicas, gracias a que su familia instaló un pequeño taller de estructuras metálicas en su humilde hogar, en el Centro Urbano San Bartolo, 9a. Etapa, de Ilopango.

A pesar de que padece una malformación en sus piernas, la vida de Erick se desarrolla con cierta normalidad.

Tal es el empeño de su familia por brindarle la mayor independencia posible que su padre, Marcos Tito Escobar, inventó una especie de “andadera” para su hijo.

Sobre ruedas


El artefacto, construido con las partes de una bicicleta y un pequeño asiento, es impulsado por los brazos del menor y le permite desplazarse largas distancias.
La creación de este vehículo no fue tan fácil, según afirma Escobar. El hombre explica que no le costó mucho armarlo, pero sí idear su forma.

“Ya tenía como 15 días de estar pensando cómo hacérsela (la andadera), porque como él sólo tiene fuerzas en los brazos”, manifestó el progenitor.

Sobre la intención de armar este medio de transporte para su vástago, Escobar comentó que desea que la columna del niño tome una postura más erguida y que desarrolle más fuerza en los brazos.
También, el humilde trabajador tomó en cuenta el aseo personal del menor.

Para distancias cortas, Erick hace uso de una patineta, que impulsa con sus manos.
“Es que mucho toca el suelo, y hay que cuidar también que no se vaya a enfermar de algo”, sostuvo.

El ingenio de Escobar no se detiene. En la actualidad espera conseguir un pequeño motor para adaptarlo a la andadera y que su hijo no deba hacer tanto esfuerzo.

“Él (Erick) me ha dicho que quisiera una silla de ruedas con motor, para moverse más libre en la escuela y poder cambiarse solito de aula, pero como no tengo el dinero, pues se trata de hacer lo que se puede para resolver la situación”, afirmó el padre.

Una larga recuperación

- Los problemas de Erick comenzaron desde que estaba en el vientre materno.
- Según Nicolasa Martínez, madre del pequeño, su parto fue normal, a pesar de que los médicos sospechaban de que algo le pasaba al bebé.
- “Nunca me dijeron qué tenía y, cuando le faltaba un mes para nacer, me querían hacer una cesárea en el hospital (San Bartolo)”, añadió.
- Al nacer se dieron cuenta del problema. Desde entonces pasa control en el Hospital Bloom.
- También estuvo en el ISRI, donde acudió a rehabilitación y educación especial.

“Me gustaría ser un licenciado que saca a los hombres de la cárcel”

La malformación en las piernas no es un impedimento para que Erick Escobar busque superarse en los estudios básicos.
Desde que tuvo edad para estudiar, Erick asiste al Centro Escolar San Bartolo. Las ganas de aprender no le faltan y cursa sexto grado.

Entre las materias que menos le agradan está la Matemática, aunque su nota final fue de 8.
Al contrario, al hablar sobre la asignatura que más le gusta, el brillo de sus ojos cambia. Se trata de Lenguaje y obtuvo un 9 por su empeño.

Con una visión de superación, Erick desea llegar a ser abogado para que le digan “licenciado”.
“Me gustaría ser un licenciado de los que sacan a los hombres de la cárcel”, comenta con la ingenuidad de niño.

Cuando se le interroga si también ayudaría a sacar a los mareros de la cárcel, contesta de forma rotunda: ¡No, sólo a los inocentes!.
Entre las experiencias más gratas del niño está el día en que participó en una olimpiada especial, organizada por el Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos (ISRI). Tenía entonces tres años y se llevó a casa la medalla de primer lugar por gatear más rápido.

 

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