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La
columna nacional
Las
hormiguitas de don Waldo y otras picadas literarias
La
facilidad de perfilar caracteres y recrear ambientes sin largas y
tediosas des-cripciones es un valor poco común.
No puedo indicar las causas, pero es un hecho cierto que la categoría
de ciencia-ficción en la literatura se ha venido
extendiendo hasta cotas que hasta hace no mucho eran tolerantes ajenas
a lo que tradicionalmente se había comprendido. Ahora se le
está cargando contenido con todo tipo de fantasías,
de géneros bien diferentes, aunque a veces emparentados, como
son el terror, el suspenso, la fantasía heroica, el de capa
y espada, la fantasía medieval y otros más. Es injusto.
Dicho esto y relacionado con el libro Carmelita y las hormigas, del
conocido y poligráfico escritor doctor Waldo Chávez
Velasco, empezamos por consignar que, de los cinco cuentos, sólo
uno cabría en la denominación clásica de tal
y por extensión el que le da nombre a la obra que en
mi opinión es muy bueno, si se le quita un final abruto.
Tres más son simpáticos y tremendamente fáciles
de leer, al punto que fluyen con una velocidad que uno los ha leído
antes de lo que pensaba. Sólo uno, personalmente, no me gusta,
pero el libro en sí vale la pena tenerlo.
La facilidad de perfilar caracteres y recrear ambientes sin largas
y tediosas descripciones es un valor poco común y nada fácil
de poseer, que le da a sus cuentos una agilidad envidiable. Felicitamos
al escritor de las tres pes: Prolífico, poligráfico
y polifacético, por esta nueva entrega, atreviéndonos
a pedirle, por el gusto de leerlo, obra de mayor número de
páginas.
¿Será posible que sea sólo por ahorrar?... ¡No
puede ser...!
Ya en la temática quisiera consignar una preocupación
en la que estoy seguro de no tener la exclusividad. Mucho libro nuevo
está viniendo escuetamente con la edición del contenido
del mismo y sin nada más, lo que duele a muchos
amantes de la literatura, me explico... Poco antes en los libros uno
podía encontrar: 1. Prólogo del autor. 2. Prólogo
de otros. 3. Presentación del mismo como algo un tanto
diferente y que podía igualmente ser del autor o de otro,
y a veces hasta presentación y además prólogo,
siendo común el que hubiera hasta de las distintas ediciones.
4. Estudios sobre la literatura en general, en particular, o hasta
de la obra en sí a leerse. 5. Comentarios del editor, del compilador
y hasta del traductor. 6. Breve biografía del autor. 7. A veces,
al final, hasta interesantes anuncios de otras obras de la casa editora.
Creemos firmemente que, para muchos, esos agregados constituyen un
valor de fina gourmetería literaria que, bien presentados,
terminan por elevar la degustación del propio contenido. Es,
para poner un ejemplo muy claro, como el cóctel, el vino, la
ensalada, los quesos y los postres que rodean al plato principal en
un banquete.
No estamos diciendo que deban aparecer todos ellos, aunque, si son
buenos, caben todos, pero al menos nunca debieran faltar: 1) Un prólogo
o presentación del autor a su primera edición, admitiendo
como variante que un literato lo hiciera por él. 2) Un comentario
adicional de otro. 3) Una reseña breve de obra, autor y contorno,
pues bien escrita no necesita ser larga para lograr el interés,
aportar datos interesantes y promover el contenido mismo, acercando
a los lectores. Es triste que, a lo sumo, se dicen un par de cosas
escuetas en la portada o contraportada y a veces ni eso.
Hemos llegado al extremo que hasta falten los capítulos o partes
de la obra, es decir, el índice.
Presentaciones con escasa concurrencia... Hay que buscar remediar
la situación.
Hace unas semanas asistimos a una presentación de un libro
de cuentos. Era ésta una recopilación de varios autores
de varios países en cuenta, seis del nuestro. El
lugar en que se presentó era amplio, correcto para el evento,
accesible. Se sirvió luego un aceptable vino con buenos bocadillos.
Un hombre de letras presentó un comentario correcto y esforzado
sobre la obra. La presentación en comento recibió suficiente
publicidad en los medios... PERO...
La asistencia fue ínfima. De los pocos que asistieron, la participación
fue cero, pese a ser insistentemente llamados a hacerlo. Del numeroso
grupo de escritores, no se encontraba presente más que uno
nacional lo que pareciera dar a entender que no les interesa
ni siquiera la promoción de sus libros... o que están
demasiado ocupados en sus haceres literarios... u otros. No es mi
objetivo zaherir a nadie, sino tan sólo indicar que en esto
de la promoción literaria hay que partir de la más triste
realidad: nuestros pueblos distan mucho de ser ávidos lectores.
Con esto claro, habrá que pensar, repensar y pedir auxilio
a profesionales acaso para acometer la dura labor de atraer,
empezando a los que ya tuvieran algún interés (que los
hay); si algo nos ha ido mal, valdrá analizar, buscar aliados,
crear, rebuscarse y volver a insistir, pero amigos de
las editoriales, escritores, trabajadores de la cultura, elementos
del gobierno... no descansemos, no cejemos nunca en la tarea superior
de promover la lectura y el trabajo literario en el mundo.
*Lic. en Ciencias Políticas |
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