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Música sin violencia

Kabah cumplió su cometido el sábado. La espera fue larga, pero bien amenizada por Sonsax, Malacates, Heriberto Vargas y Causa y Efecto.

Claudia Núñez
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Kabah convirtió el escenario en un juego entre amigos.
Foto EDH

Después de una mini conferencia improvisada detrás del escenario, cinco chicos con su propio estilo y emanando buenas vibras levantaron al público de sus asientos y los contagiaron con sus coreografías.

Al filo de las diez de la noche, Kabah inició su intervención en el Primer Festival Toma Conciencia: Evita la Violencia, organizado por el ministerio de Gobernación.

“Cómo te explico que te necesito”, coreaba el público junto a Federica, María José, Daniela, René y Sergio. André, “el apio”, se quedó en México porque estaba enfermo.

Después de la explicación, “Fede” agradeció la invitación y sacó a colación las “causas estúpidas” de la violencia “como la guerra en Iraq”.

Mientras tanto, sus compañeros se acomodaban las pañoletas de colores de El Diario de Hoy en los brazos.

Unos pupitres se colocaron sobre el escenario. Era la hora de Me muero por ti y los Kabah jugaron a ser escolares. Confetis de colores volaban por los aires y los asistentes (en su mayoría adolescentes) gritaban emocionados.

Con guitarras adornadas de muchos colores se abrió al paso para Florecitas, una de las más recientes producciones del grupo, y minutos más tarde llegó la esperada Calle de las Sirenas. “Esta canción la han hecho suya”, dijo María José.

Después de varias rolas, Kabah se despidió. El respetable pidió “otra” y los mexicanos regresaron para cerrar la noche con La vida que va y Vive el momento. Fuegos artificiales en forma de cascada caían del escenario y hasta Ricardo Guido, de Causa y Efecto, bailó sobre una silla en medio del poco público que aún estaba presente.

Antesala

El festival abrió con ritmo de jazz a cargo de los costarricenses de Sonsax. Luego el ambiente se tornó romántico con la trova de Heriberto Vargas. Una pareja aprovechó para acomodarse tiernamente un par de pañoletas que les regalaron: ella como bincha en el cabello y él al estilo vaquero alrededor del cuello.

Parecía que la gente se la estaba pasando muy bien.

De repente, ocho jóvenes vestidos de negro y corbatas rojas irrumpieron en el escenario con un ritmo muy pegajoso. Eran Malacates Trebol Shop quienes con su “ska latino” pusieron a bailar a muchos en una especie de “mosh recatado”.

Luego, Causa y Efecto tomó posesión de los instrumentos haciendo corear a los asistentes La chispa de mi vida, que se escuchó aún atrás del escenario. Los gritos emanados del público por los salvadoreños reñían con el recibimiento que minutos más tarde tuvieron los mexicanos.

 

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