Turismo
 
Inicio del Sitio Domingo 30 de Noviembre
 

 

 
 

Dos años para ser licenciada

Las autoridades de la universidad hacen malabares con las ilusiones y esperanzas de los que no han logrado conseguir un título profesional.

Lorena Baires
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Lea además

 

Alma máter sin permisos de Educación
Las autoridades del ramo conocían el caso desde hace unas semanas. Detrás de la institución hay una fundación que está en situación de ilegalidad.

Cuando conocí de las actividades de la “Universidad Libre Democrática del Pueblo Salvadoreño”, solté una enorme carcajada. No podía creer que alguien pudiera matricularse en carreras tan ridículas como Ingeniería en Cosmetología.

Entonces decidí que formaría parte de la lista de los orgullosos estudiantes de esa Alma Máter.
Al principio pensé que el teatro estaba bien montado, pero me equivoqué. Ingresar fue tan fácil, que aún estoy sorprendida de la ingenuidad de mis “compañeros de clases”.

Llegué al local de las oficinas administrativas que está en Mejicanos. La secretaria me atendió de la manera más amable. En cuestión de dos horas ya formaba parte de la universidad.

Nadie me pidió el documento de identidad. Ni siquiera me preguntaron si era bachiller. Lo importante era cancelar con prontitud el monto de la matrícula y mensualidad (unos 30 dólares), así como el carné de estudiante, que un mes después, nunca me lo dieron.

Me inscribí en la Licenciatura en Danza. Pensé: ¿Cómo serán los salones donde aprenderé a bailar? Entonces pregunté dónde se impartirían las clases, porque el local de Mejicanos era demasiado pequeño para el caso.

Ella me dijo que las clases se darían en el local de Atram de Soyapango. ¿Qué extraño?, ¿por qué trabajan en la sede de una asociación municipal?

Las clases serían los sábados y domingos, desde las dos de la tarde hasta las seis. Adiós a los fines de semana y mi predilección por la sopa de patas y los partidos del Alianza.

El primer día que llegué al local, tres sujetos vigilaban la zona a un costado. ¿Con qué objetivo? No lo descubrí.

El profesor se presentó como William Cubías Arévalo, un señor delgado de unos 40 años.
Me extrañé de lo reducido del salón. Habíamos cerca de 30 personas escuchando a ese tipo hablar sobre filosofía.

“La inteligencia no existe, nadie es inteligente. No crean que por venir a la universidad lograrán alcanzarla. Eso no es así”, dijo en su primera clase de Teoría y Metodología Filosófica.

En esa ocasión explicó que todos los alumnos, de las diferentes carreras, cursaríamos ese módulo común. Hasta ese momento comprendí lo que la secretaria me dijo: “Sólo lleve un cuaderno y un lapicero. Después le dirán qué ropa llevar para bailar”.

Los fines de semana siguientes hablamos sobre la diferencia entre el Ser y la Consciencia. ¿Quién es primero, el huevo o la gallina? Siempre me ha parecido un juego de tontos. Pero lo increíble era que mis “compañeros de clases” participaban de la discusión.

En fin, imagino que a estas alturas, ya habrán terminado con la discusión. Todos continúan buscando el sueño profesional.
 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal