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Dos
años para ser licenciada
Las
autoridades de la universidad hacen malabares con las ilusiones
y esperanzas de los que no han logrado conseguir un título
profesional.
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Lea
además |
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Alma máter
sin permisos de Educación
Las autoridades del ramo conocían el caso desde hace
unas semanas. Detrás de la institución hay una
fundación que está en situación de ilegalidad.
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Cuando conocí de las actividades de la Universidad Libre
Democrática del Pueblo Salvadoreño, solté
una enorme carcajada. No podía creer que alguien pudiera matricularse
en carreras tan ridículas como Ingeniería en Cosmetología.
Entonces decidí que formaría parte de la lista de los
orgullosos estudiantes de esa Alma Máter.
Al principio pensé que el teatro estaba bien montado, pero
me equivoqué. Ingresar fue tan fácil, que aún
estoy sorprendida de la ingenuidad de mis compañeros
de clases.
Llegué al local de las oficinas administrativas que está
en Mejicanos. La secretaria me atendió de la manera más
amable. En cuestión de dos horas ya formaba parte de la universidad.
Nadie me pidió el documento de identidad. Ni siquiera me preguntaron
si era bachiller. Lo importante era cancelar con prontitud el monto
de la matrícula y mensualidad (unos 30 dólares), así
como el carné de estudiante, que un mes después, nunca
me lo dieron.
Me inscribí en la Licenciatura en Danza. Pensé: ¿Cómo
serán los salones donde aprenderé a bailar? Entonces
pregunté dónde se impartirían las clases, porque
el local de Mejicanos era demasiado pequeño para el caso.
Ella me dijo que las clases se darían en el local de Atram
de Soyapango. ¿Qué extraño?, ¿por qué
trabajan en la sede de una asociación municipal?
Las clases serían los sábados y domingos, desde las
dos de la tarde hasta las seis. Adiós a los fines de semana
y mi predilección por la sopa de patas y los partidos del Alianza.
El primer día que llegué al local, tres sujetos vigilaban
la zona a un costado. ¿Con qué objetivo? No lo descubrí.
El profesor se presentó como William Cubías Arévalo,
un señor delgado de unos 40 años.
Me extrañé de lo reducido del salón. Habíamos
cerca de 30 personas escuchando a ese tipo hablar sobre filosofía.
La inteligencia no existe, nadie es inteligente. No crean que
por venir a la universidad lograrán alcanzarla. Eso no es así,
dijo en su primera clase de Teoría y Metodología Filosófica.
En esa ocasión explicó que todos los alumnos, de las
diferentes carreras, cursaríamos ese módulo común.
Hasta ese momento comprendí lo que la secretaria me dijo: Sólo
lleve un cuaderno y un lapicero. Después le dirán qué
ropa llevar para bailar.
Los fines de semana siguientes hablamos sobre la diferencia entre
el Ser y la Consciencia. ¿Quién es primero, el huevo
o la gallina? Siempre me ha parecido un juego de tontos. Pero lo increíble
era que mis compañeros de clases participaban de
la discusión.
En fin, imagino que a estas alturas, ya habrán terminado con
la discusión. Todos continúan buscando el sueño
profesional. |
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