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Punto
de vista
Una
caricatura de país
A
veces tengo la impresión de que quienes presentan los datos
frecuentemente hacen una caricatura. La palabra caricatura viene del
italiano caricare, que quiere decir cargar: dar más
peso a una parte, de tal forma que se hace una presentación
desbalanceada del todo.
En esta vida todo tiene, al menos, dos puntos de vista. El nivel
de alfabetización, por ejemplo, puede ser visto como que
en El Salvador 82 de cada 100 adultos son capaces de leer, pero
también como que 18 de cada 100 salvadoreños no pueden
hacerlo.
Si además se consideran intereses políticos, es lógico
y razonable que cada quien haga énfasis en lo que le conviene:
El gobierno en los logros alcanzados, y la oposición en lo
que nos falta alcanzar...
Así, leyendo el informe presentado esta semana por el PNUD
sobre el desarrollo humano en nuestro país, hay, sin lugar
a dudas, tantas interpretaciones como intereses en juego, y en una
época de campaña electoral, no hace falta ser muy
sagaz para deducir cómo, por quién y dónde
serán presentados los datos.
Entonces, no vale aquello de que los hechos son los hechos,
de que los datos son datos y por eso son objetivos... También
aquí caben interpretaciones y lecturas, cargar las tintas
hacia uno u otro lado, jugar con factores sentimentales y emocionales.
No es que no se pueda reflejar la realidad por medio de unos indicadores
técnicamente seleccionados y seriamente calculados. Lo que
digo es que siempre, ante un hecho, y más cuando de él
dependen resultados políticos, es necesario escuchar
las dos campanas, y saber cómo no, quién
es el campanero.
A veces tengo la impresión de que quienes presentan los datos
frecuentemente hacen una caricatura. Precisamente la palabra caricatura
viene del italiano caricare, que quiere decir cargar:
dar más peso a una parte, de tal forma que se hace una presentación
desbalanceada del todo.
A esa caricaturización contribuyen frases como ahora
los pobres son más pobres y los ricos más ricos,
se ha reducido drásticamente la pobreza en el país,
no podemos estar contentos, pues todo el desarrollo alcanzado
se debe a las remesas familiares, más desarrollo,
pero poco distribuido...
También abonan a la confusión comparaciones periodísticas
pero ambiguas: tan desigual en lo económico y cultural
es El Salvador, que hay municipios comparables con Portugal y Grecia
como Antiguo Cuscatlán, y otros comparables con
Namibia y Nicaragua: San Francisco Menéndez, en el departamento
de Ahuachapán, sin especificar si nos comparan con
lo mejor de Nicaragua o con lo peor de Grecia.
A veces, para desacreditar realidades contundentes, se echa mano
de análisis con palabras o conceptos utilizados más
por su carga emotiva que estadística, como por ejemplo: La
pobreza ha disminuido de 65 a 43 por ciento, pero los ricos recibían
el 54 por ciento de los ingresos nacionales en 1992, y el pobre
recibía el 3.2 por ciento. Hoy, casi 10 años después,
el rico recibe 58 por ciento y el pobre recibe 2.2 por ciento;
en los que se da la impresión de que la misma persona rica
de hace diez años ha aumentado sus ingresos en 4%, mientras
que al mismo pobre se le han reducido en un 1%, con
lo que la sensación de injusticia aumenta y no permite considerar
que quizá es que haya más personas ricas, haya más
personas de clase media, mientras hay personas pobres, sí,
pero también son menos personas pobres...
Pues el dato no dice que haya más pobres o menos ricos, o
viceversa, sino la distribución del ingreso. Además
de que queda una cierta sensación de que el rico se ha enriquecido
quitándole al pobre ese 1% que ahora le falta...
En fin, que como es bien conocido, se comprueba una vez más
que con las estadísticas es posible mostrar cualquier cosa,
incluso la verdad...
No digo que el análisis no sea importante, lo es y mucho.
Lo único que deseo hacer notar es que debemos estar atentos
a los datos que nos presentan, al modo en que nos los dan a conocer
y también al mensajero de turno.
A la vista del informe del PNUD, mi conclusión es que hemos
mejorado, vamos progresando y hay menos pobreza. Quizá no
al ritmo que sería de desear, quizá no con la equidad
esperada.
Pero de que hemos mejorado, lo hemos hecho. Estoy seguro de que
seguiremos mejorando ¿a qué ritmo, con qué
nivel de equidad?
Tenemos la palabra nosotros mismos, por nuestro tesón y empeño
en trabajar, pero también tienen la palabra los políticos,
aunque, no olvidemos que ellos, a su vez, dependen de todos los
ciudadanos, que somos quienes escogeremos, a muy corto plazo, bajo
qué sistema económico y social queremos y podremos
seguir progresando.
*Ing. Industrial, Dr. en
Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.
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