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Punto de vista
Una caricatura de país

Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
cmayora@istmania.com

A veces tengo la impresión de que quienes presentan los datos frecuentemente hacen una caricatura. La palabra caricatura viene del italiano “caricare”, que quiere decir cargar: dar más peso a una parte, de tal forma que se hace una presentación desbalanceada del todo.

En esta vida todo tiene, al menos, dos puntos de vista. El nivel de alfabetización, por ejemplo, puede ser visto como que en El Salvador 82 de cada 100 adultos son capaces de leer, pero también como que 18 de cada 100 salvadoreños no pueden hacerlo.

Si además se consideran intereses políticos, es lógico y razonable que cada quien haga énfasis en lo que le conviene: El gobierno en los logros alcanzados, y la oposición en lo que nos falta alcanzar...

Así, leyendo el informe presentado esta semana por el PNUD sobre el desarrollo humano en nuestro país, hay, sin lugar a dudas, tantas interpretaciones como intereses en juego, y en una época de campaña electoral, no hace falta ser muy sagaz para deducir cómo, por quién y dónde serán presentados los datos.

Entonces, no vale aquello de que “los hechos son los hechos”, de que los datos son datos y por eso son objetivos... También aquí caben interpretaciones y lecturas, cargar las tintas hacia uno u otro lado, jugar con factores sentimentales y emocionales.

No es que no se pueda reflejar la realidad por medio de unos indicadores técnicamente seleccionados y seriamente calculados. Lo que digo es que siempre, ante un hecho, y más cuando de él dependen resultados políticos, es necesario “escuchar las dos campanas”, y saber —cómo no—, quién es el campanero.

A veces tengo la impresión de que quienes presentan los datos frecuentemente hacen una caricatura. Precisamente la palabra caricatura viene del italiano “caricare”, que quiere decir cargar: dar más peso a una parte, de tal forma que se hace una presentación desbalanceada del todo.

A esa caricaturización contribuyen frases como “ahora los pobres son más pobres y los ricos más ricos”, “se ha reducido drásticamente la pobreza en el país”, “no podemos estar contentos, pues todo el desarrollo alcanzado se debe a las remesas familiares”, “más desarrollo, pero poco distribuido”...

También abonan a la confusión comparaciones “periodísticas” pero ambiguas: “tan desigual en lo económico y cultural es El Salvador, que hay municipios comparables con Portugal y Grecia —como Antiguo Cuscatlán—, y otros comparables con Namibia y Nicaragua: San Francisco Menéndez, en el departamento de Ahuachapán”, sin especificar si nos comparan con lo mejor de Nicaragua o con lo peor de Grecia.

A veces, para desacreditar realidades contundentes, se echa mano de análisis con palabras o conceptos utilizados más por su carga emotiva que estadística, como por ejemplo: “La pobreza ha disminuido de 65 a 43 por ciento, pero los ricos recibían el 54 por ciento de los ingresos nacionales en 1992, y el pobre recibía el 3.2 por ciento. Hoy, casi 10 años después, el rico recibe 58 por ciento y el pobre recibe 2.2 por ciento”; en los que se da la impresión de que la misma persona “rica” de hace diez años ha aumentado sus ingresos en 4%, mientras que al mismo “pobre” se le han reducido en un 1%, con lo que la sensación de injusticia aumenta y no permite considerar que quizá es que haya más personas ricas, haya más personas de clase media, mientras hay personas pobres, sí, pero también son menos personas pobres...

Pues el dato no dice que haya más pobres o menos ricos, o viceversa, sino la distribución del ingreso. Además de que queda una cierta sensación de que el rico se ha enriquecido quitándole al pobre ese 1% que ahora le falta...

En fin, que como es bien conocido, se comprueba una vez más que con las estadísticas es posible mostrar cualquier cosa, incluso la verdad...

No digo que el análisis no sea importante, lo es y mucho. Lo único que deseo hacer notar es que debemos estar atentos a los datos que nos presentan, al modo en que nos los dan a conocer y también al mensajero de turno.

A la vista del informe del PNUD, mi conclusión es que hemos mejorado, vamos progresando y hay menos pobreza. Quizá no al ritmo que sería de desear, quizá no con la equidad esperada.

Pero de que hemos mejorado, lo hemos hecho. Estoy seguro de que seguiremos mejorando ¿a qué ritmo, con qué nivel de equidad?

Tenemos la palabra nosotros mismos, por nuestro tesón y empeño en trabajar, pero también tienen la palabra los políticos, aunque, no olvidemos que ellos, a su vez, dependen de todos los ciudadanos, que somos quienes escogeremos, a muy corto plazo, bajo qué sistema económico y social queremos y podremos seguir progresando.

*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.

 

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