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Comentando
Mañana
hago mi casa, dijo el zope
Debemos
comenzar por ser lo suficientemente sinceros para identificar y reconocer
las tendencias negativas que nos están llevando a dejar todo
para después.
Tal vez usted es de los que ha llegado a convencerse de que sus
mejores resultados los obtiene cuando se encuentra bajo intensa
presión, o que le es necesario un determinado estado de ánimo
para desempeñar eficientemente algunas tareas, o bien que
su brillante inteligencia y capacidad de improvisación siempre
le permiten salir airoso de cualquier compromiso.
Déjeme decirle que esa forma de pensar constituye un autoengaño,
ya que éstas no son otra cosa que las características
de un procrastinador, es decir, esa clase de persona que deja de
hacer las cosas cuando debe hacerlas.
¿Me permite algunos ejemplos? Pagar multas innecesarias por
no cancelar los recibos a tiempo; perderse el concierto de su artista
favorito, porque los boletos están agotados; ser un viejo
conocido en la larga fila que se forma para pagar los impuestos
de la renta el último día de la última prórroga
legislativa.
Si usted pertenece a este grupo, también es de los que cada
Navidad, cuando por fin se decide a comprar los regalos de amigos
y familiares (el propio 24 de diciembre, a eso de las seis de la
tarde), encuentra las tiendas barridas y termina comprando lo más
feo, lo más caro, y con una inmensa cólera contra
sí mismo.
Si usted se pudo ver identificado, no se sienta tan mal, pues tiene
mucha compañía, más de un 75% de las personas
comparte la tendencia a dejar todo para después. El problema
es que esta característica tiene consecuencias negativas
en nuestra salud física y emocional, y en la calidad de nuestras
relaciones interpersonales.
Ya que interiormente sabemos que ésta no es la actitud
correcta, surgen sentimientos de culpabilidad y frustración,
se lesiona la autoestima; la ansiedad de saber que mañana
es la fecha límite de algo, o por lo que dejamos de hacer,
nos causa insomnio. Además, solemos poner en aprietos y vergüenzas
a familiares, amigos y compañeros que poseen un mayor sentido
de la responsabilidad.
Las razones que mueven a la procrastinación son diversas.
Una mala administración de nuestro tiempo, que implica la
incapacidad de fijar prioridades, metas y objetivos razonables.
Dificultades de concentración, que nos impulsan a soñar
despiertos, en lugar de cumplir con nuestras obligaciones.
El temor y la ansiedad que nos produce la tarea por realizar y que
nos mantiene preocupados por lo que hay que hacer, en lugar de hacerlo.
Sentimientos negativos como no soy capaz o no
tengo la habilidad necesaria. Problemas personales o financieros.
Considerar que nuestras obligaciones son aburridas. El perfeccionismo.
El temor al fracaso o, peor aún, el temor al éxito,
que muchas veces resulta difícil de sobrellevar e implica
responsabilidades.
Una característica típica de los procrastinadores
es el empleo de distractores que los alejen de sus compromisos.
Algunos de los favoritos en la actualidad son revisar el correo
electrónico cada cinco minutos y navegar por la Internet,
buscando quién sabe qué cosa; pero siguen de moda
las permanentes visitas a la cafetera de la empresa, la eterna búsqueda
de lápices o diccionarios, la lectura de la correspondencia,
planificar nuevos negocios sin emprender ninguno y, en general,
todo aquello que nos provea una vía de escape y nos dé
la falsa ilusión de que estamos haciendo algo útil.
Aunque es un hábito tremendamente difícil de romper,
podemos hacer algo en contra de la procrastinación.
Debemos comenzar por ser lo suficientemente sinceros para identificar
y reconocer las tendencias negativas que nos están llevando
a dejar todo para después. Debemos aprender a establecer
nuestras metas, objetivos y prioridades de una manera realista.
Modificar nuestro entorno para evitar las distracciones. Comenzar
a llevar una agenda y escribir una lista con las cosas que debemos
realizar. Redactar un compromiso de intenciones. Buscarle sentido
a las cosas que hacemos. Eliminar las tareas que sabemos que nunca
cumpliremos.
Nuestra vida requiere de disciplina. Para hacer lo que hay que hacer,
para hacerlo cuando tiene que ser hecho, para hacerlo lo mejor que
se pueda y hacerlo así en cada ocasión.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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