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Descorriendo el velo
La política exterior de E.U. y el control de población

Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Esperamos que nuestros gobernantes no cedan ante las presiones que atienden a ciertos intereses y que defiendan nuestra identidad cultural

A finales del Gobierno del Presidente Nixon, un documento del Departamento de Estado, Memorándum 200 (o Informe Kissinger), identificó el crecimiento de la población en países “tercermundistas” como una amenaza para la seguridad nacional, económica y política de EE.UU., pues ponía en peligro el acceso a minerales y otras materias primas. Su solución: control de la población de esos países.

Dicho memorándum, desclasificado en 1989, todavía motiva directrices de la política exterior de EE.UU. La ayuda a los países en vías de desarrollo todavía es condicionada a implementar el control de la población, aunque esto implique un lento suicidio. Las siguientes citas del documento, entre paréntesis, demuestran cómo han creado una de las campañas más egoístas e inhumanas del Siglo XX:

“La ubicación de conocidas reservas de metales de más alto grado de la mayoría de los minerales favorece la creciente dependencia de todas las regiones industrializadas en las importaciones de los Países Menos Desarrollados (PMD). Los problemas reales de los suministros de minerales no consisten en si hay una cantidad básica suficiente, sino en los asuntos políticos y económicos en torno al acceso a dichos suministros...” (p. 37). “Ya sea a través de la acción gubernamental, de los conflictos laborales, del sabotaje o de los disturbios civiles, el flujo continuo de materiales necesarios se verá en peligro. Aunque evidentemente la presión demográfica no es el único factor, este tipo de frustraciones es menos probable bajo las condiciones de un crecimiento lento o cero de la población” (37-38).

“El desarrollo de un compromiso político y popular a nivel mundial a favor de la estabilización de la población es fundamental para cualquier estrategia efectiva. Esto requiere el apoyo y el compromiso de líderes claves de los PMD... Los EE.UU. deben animar a los líderes de los PMD a asumir el liderazgo de la promoción de la planificación familiar” (18).

“...EE.UU. requerirá grandes y crecientes cantidades de minerales del extranjero, especialmente de los PMD. Este hecho hace que los EE.UU. tenga un gran interés en la estabilidad política, social y económica de los países suministrantes. Donde quiera que una disminución de las presiones demográficas, por medio de una disminución en los índices de la natalidad, pueda aumentar las posibilidades de dicha estabilidad, la política demográfica se hace relevante para los suministros de recursos y para los intereses económicos de los EE.UU.” (43).

“Existe también el peligro de que los PMD vean las presiones de los países desarrollados a favor de la planificación familiar como una forma de imperialismo económico y racial; esto podría crear un retroceso bastante serio” (106). “Es vital que el esfuerzo por desarrollar y fortalecer el compromiso por parte de los líderes de los PMD, no sea visto por ellos como una política... para mantener reducido su vigor o para preservar recursos que serán usados por los países ‘ricos’” (114).

“Los EE.UU. pueden ayudar a minimizar las acusaciones de tener un movimiento imperialista detrás de su apoyo a favor de las actividades demográficas, afirmando repetidamente que dicho apoyo se deriva de una preocupación por: (a) el derecho del individuo a determinar libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos...y (b) el desarrollo fundamental, social y económico de los países pobres” (115).
“Procurar servicios integrados de salud y planificación familiar a un amplio nivel, ayudaría a EE.UU. a enfrentarse a la acusación ideológica de que EE.UU. está más interesado en disminuir la población de los PMD que en su futuro y su bienestar. Si bien es cierto que se puede argumentar con efectividad, que el limitar la población puede muy bien ser uno de los factores más críticos para mejorar el potencial para el desarrollo, así como las posibilidades para el bienestar, debemos reconocer que aquellos que argumentan en conformidad con sus posturas ideológicas han hecho mucho ruido con el hecho de que la contribución de EE.UU. a los programas para el desarrollo y a los programas de salud, ha disminuido ininterrumpidamente, mientras que sus fondos para los programas de población han aumentado a un ritmo constante” (177).

“¿Podrían considerarse los alimentos un instrumento de poder nacional? ¿Nos veremos forzados a elegir a quién razonablemente podemos ayudar, y en tal caso, deben ser los esfuerzos demográficos un criterio para dicha ayuda? Está EE.UU. preparados para aceptar el racionamiento de los alimentos para poder ayudar a los pueblos que no pueden o no quieren controlar el crecimiento de su población?” (119-120).

“Es muy necesario convencer a las grandes masas de que es de su interés individual y nacional el tener, como promedio, solamente tres y quizás sólo dos hijos...” (158).

Esta información proporcionada por Population Research Institute (PRI), para denunciar el control demográfico y las falsas premisas que lo sustenta, como el mito de la “sobrepoblación” nos muestra a lo que pueden llegar algunos países para mantener su supremacía. Esperamos que nuestros gobernantes no cedan ante las presiones que atienden a ciertos intereses y que defiendan nuestra identidad cultural, nuestra soberanía, creencias y principios.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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