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Opinando
Salud
mental ¡Ja!
Todavía
resuenan en mis oídos las palabras de aquel médico
que a los 33 años me dijo que mis riñones ya no servían
para nada, que tenía dos opciones, o morirme, o que me hicieran
un trasplante renal, luego de un tortuoso tratamiento de diálisis,
hemodiálisis, y un largo calvario dentro del Seguro Social.
A esto había que agregarle que la noticia me la estaban dando
cuando recién me estaba despertando de una apendisectomía,
y el galeno, sin ninguna misericordia, me dejó ir la noticia,
hasta le rechinaron los dientes al fulano, como si disfrutara la
tortura mental a la que me estaba sometiendo.
Historias como la mía hay miles, ¿será que
en las aulas de las universidades no les enseñan a tratar
a los pacientes? ¿No les dirán que no somos mercancía
u objetos los que están tratando? Que igual sufre, llora
o defeca el paciente que llega al hospital público que al
privado; sin embargo, la atención cuando pagamos es brindada
con mejor calidad.
Deberían los médicos o los trabajadores de la salud
en general cuidar no sólo el aspecto físico del paciente,
parte importante del tratamiento y la recuperación es la
salud mental. Cómo respondemos a nuestras enfermedades depende,
muchas veces, de nuestro estado de ánimo, pero si un doctor
de éstos que se creen semidios, señalando cuántos
días nos quedan de vida, o que estamos desahuciados, difícilmente
vamos a poder sobreponernos de la noticia, no digamos de la enfermedad.
Recientemente iba por uno de los pasillos de un hospital a visitar
a mi papá, cuando un grupo de médicos en una estación
de enfermeras se encontraba llenando cuadros de pacientes y uno
de ellos dijo, casi gritando, que hoy el viejito de la cama 34 ya
no estaba tan podrido como ayer, casualmente el viejito de la cama
34 era mi papá (que hoy está en la presencia del Señor).
Hace unos días, un médico mandó al hospital
con shock nervioso a la esposa de un amigo, luego de que le dijera
que su pequeño hijo podría tener leucemia. Gracias
a Dios sólo era un problema con las plaquetas. Qué
necesidad había de pintarle el cuadro lo más negativo
posible, sin esperar el resultado de los exámenes.
Quizás los médicos están tan acostumbrados
a ver morir personas que el tema de las enfermedades lo toman con
tanta frialdad que pareciera que son veterinarios, pero ni los veterinarios
son tan crueles con sus pacientes, pues saben que si les gritan
o les maltratan, les pueden morder.
El doctor Patch Adams, que la mayoría conoce por la película
que lleva su mismo nombre, protagonizada por Robin Williams, durante
su visita al país hizo la siguiente pregunta: ¿Cuál
es tu estrategia para amar? El Dr. Adams ofreció dos
conferencias llamadas: Vivir la vida con alegría
y La alegría como mejor medicina, en las cuales
compartía con la gente su filosofía de Terapia
de la risa, técnica que tiene como objetivo mejorar
el estado de ánimo de los enfermos a través de la
alegría, basados en métodos poco convencionales, como
los juegos, música, acrobacia y magia.
No se trata de que nuestros médicos se vistan de payasos,
aunque algunos dan risa cuando abandonan a sus pacientes para caminar
por las calles en las coloradas marchas blancas, con el irónico
estribillo de su lucha por los pacientes, demostrándoles
su amor dejándoles tirados.
Yo creo que algo que es muy importante y que en la actualidad hace
falta en esa relación paciente-médico es el amor al
prójimo, la empatía con las personas que sufren. Recuerde,
señor médico, que la experiencia más maravillosa
es el ¡estar vivo!
*Columnista de El Diario de Hoy.
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