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Maná
Maná
llegó a el salvador para alimentar a las miles de personas
hambrientas de buena música, sin duda todos salieron satisfechos
del concierto.
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DESTELLOS. Las luces, que salieron desde
atrás de la batería, hicieron del escenario un
verdadero espectáculo donde los sueños de los
fans salvadoreños de Maná finalmente se hicieron
realidad.
Foto: Omar Carbonero |
El cielo estaba despejado, las estrellas iluminaban la noche mientras
miles de salvadoreños se dirigían al Estadio Mágico
González en la capital.
El reloj marcó las 8:20 de la noche, una fuerte ovación
rompió con la tranquilidad del momento.
Las luces se apagaron y en el centro del escenario, ubicado en el
engramillado del estadio, el estallido de una batería musical,
que de paso iluminó al público, hizo dar saltos a
los presentes: el concierto de Maná había dado inicio.
Ángel de amor fue la primera canción que sonó
mientras los gritos de la muchedumbre no daban tregua.
Nada de procesos ni formalidades, Maná tocó su clásica
Oye mi amor con lo que de entradita, los más de 15 mil espectadores
derrocharon energía coreando, o mejor dicho, gritando cada
palabra de la canción.
Sin duda, las señoritas fueron las más emocionadas,
con sus vinchas, alusivas al grupo, y un par de traguitos encima
se transformaron en hechiceras y junto a los mexicanos
hipnotizaron a todos.
Fher, el vocalista del grupo, detuvo por unos momentos el tiempo
para dirigirse a los salvadoreños: Hace cinco años
que no veníamos (al país), y lo vemos más bonito,
con más ánimo. Ojalá y así sigan en
El Salvador que son de pura madre, gritó el mexicano.
Pura energía
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| LOCURA. Desde el inicio del concierto,
Maná le dio rienda suelta a su público, que nunca
dejó de cantar. Foto: Omar Carbonero |
Otras rolas como Mariposa traicionera, Cuando los ángeles
lloran y No ha parado de llover también fueron parte del
repertorio. Una de las chavas ubicadas frente al escenario fue extraída
del público por Fher, quien se sentó a su lado y le
cantó casi al oído El reloj cucú, la emoción
de la niña era evidente.
A las 9:57 de la noche llegó la hora de Vivir sin ella, todos
desgarraron sus gargantas para seguirle el paso.
Agresión a fotoperiodista
Estaba cerca de la barda de seguridad, empezaba la tercera canción
de Maná y hasta ese momento todo estaba bien. De repente
apareció un sujeto con acento mexicano y se acercó
violentamente y me dijo: Ya basta de fotos, cabrón.
Qué te pasa, si soy del diario, contesté.
A mí me vale, alegó y empezó a
nombrarme a mi mamá, mientras tiraba de mi cámara
que se azotaba contra la barda. Me agarró del cuello de la
camisa y me sujetó la cámara con la otra mano. La
gente que estaba alrededor pedía que me soltara y no hacía
caso.
En ese momento, yo me defendí. Gran error: llegaron varios
sujetos más, que yo identifico como gente de Two Show Producciones
(creo que eran seis porque no tuve tiempo de contarlos).
Instantáneamente empezaron a insultarme, me agarraron del
cuello, la cámara, la camisa e intentaban sacarme halándome
con fuerza hacia el otro lado de la barda. Cuando quisieron agarrarme
del pelo, me quitaron la pañoleta de Maná y El Diario
de Hoy (patrocinador del evento) que llevaba puesta.
Ya no escuché la música sólo los gritos de
la gente que pedía que me soltaran y los insultos que intercambiábamos
con ellos. Si no fuera porque el público (en su mayoría
cheras) me ayudó sujetándome de un lado de la camisa,
los tipos me hubieran sacado hacia el otro lado de la barda y quizá
la agresión habría sido peor.
Después del forcejeo, todos nos calmamos un poco y la agresión
se quedó verbal. Repetían constantemente que lo mejor
sería que me fuera, literalmente recuerdo: Mirá
pendejo, o te vas o te sacamos, pero fotos ya no podés tomar
y aunque hubiera podido estaba cegado por la furia y la frustración
del momento. Agradezco a Dios que lo que tenía en las manos
era una cámara fotográfica.
Supuestamente sólo teníamos permitido tomar fotos
durante una canción, pero a mí nadie me había
informado nada. Yo les seguía repitiendo que era del Diario
y ellos decían que les valía.
Les dije que las cosas no se quedarían así. Se burlaron
despectivamente. A grandes rasgos tengo cuatro aruñones en
las manos, otro en el rostro y varios moretones en el cuello. Agradezco
que al menos lo puedo contar. Paradójicamente, Fher dijo
que con la violencia no se arregla nada.
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