| |

Males
de nuestro tiempo
¿Por
qué tantas violaciones en niños?
En
todos los desviados sexuales, pacíficos o violentos, existe
una perturbación mental básica, originada en la niñez
por una gran cantidad de causas.
No es para asustarse, pero en El Salvador siempre ha habido sátiros,
pervertidos y degenerados, que han pululado en las rendijas de la
sociedad. Lo que pasa es que, por un lado, la sociedad salvadoreña
ha evolucionado, lo que incluye la modernización y mayor
eficacia de la Policía Nacional Civil, que permite llevar
a los tribunales un mayor número de delitos contra el pudor.
Aunque también hay que admitir que ahora se produce un mayor
número de degenerados sexuales por varias razones, como el
aumento natural al crecer la población, la profusión
de los llamados factores condicionantes de este tipo de lacras,
los cambios hacia una sociedad más libre y permisiva, el
deterioro de la salud mental de la población, ausencia de
desarrollo espiritual y la dosis mensual de deportados, entre los
cuales se infiltra gente con muchos antivalores.
En la misma forma como otros tipos de delitos han proliferado, los
delitos que en general se engloban dentro de la esfera sexual también
se han incrementado. Basta mencionar que, en cualquier bus o microbús,
sobre todo si van atestados, en forma casi sistemática se
observa a individuos que se solazan topándose
a los cuerpos de las féminas, otros les practican tocamientos
en el momento en que bajan del vehículo, y alguno que otro
llega a la desvergüenza de estregar sus genitales en los hombros
de las pasajeras que van sentadas.
Los casos de perversión sexual que citan los tratadistas,
como la preferencia por los niños en sus prácticas
sexuales (pedofilia), muchas veces enmascarada en un falso o verdadero
proteccionismo, como en el caso del cantante de música pop
vergonzante de su raza Michael Jackson, se ven de tarde en tarde
en nuestro medio. Es más frecuente la versión moderna
de engañarles con dulces, golosinas y dinero a cambio de
favores sexuales. Tampoco es común la práctica de
relaciones con animales (bestialismo), con cadáveres (necrofilia)
y las prácticas extremas de sadomasoquismo.
En cambio, es habitual y corriente el vigiar y atisbar
a las personas cuando se desvisten (vouyerismo) en probadores de
ropa de almacenes y tiendas, gimnasios y canchas deportivas, colegios,
orfanatarios y centros hospitalarios. Lo mismo la desviación
de mostrar los órganos genitales con evidente malicia (exhibicionismo),
que por lo general hace un hombre a una o varias mujeres, con intenciones
evidentemente enfermizas.
El robo de ropa interior femenina de los tendederos con propósitos
fetichistas es tradicional y corriente por todos los rumbos del
país. Pero lo que realmente indigna es la violación
de niñas, niños y mujeres con uso de violencia y que,
para encubrir el hecho, se acabe con la vida de la víctima
o se le mantenga amedrentada con amenazas a muerte por tiempo indefinido.
En todos los desviados sexuales, pacíficos o violentos, existe
una perturbación mental básica, originada en la niñez
por una gran cantidad de causas, entre las que predominan el hacinamiento,
educación de los padres de familia, esquema de valores de
la comunidad, influencia de películas y vídeos, tendencia
a imitar héroes, ausencia de educación sexual, traumas
diversos, etc. La perturbación mental se mantiene latente
habitualmente y aflora en determinadas circunstancias, casi siempre
el detonador es el uso y abuso del alcohol, drogas y estimulantes
del tipo anfetaminas.
La juventud salvadoreña del postconflicto, que casualmente
coincide con la época en que se inicia el boom
de la informática y la masificación de la comunicación
electrónica, con sus excepciones, por supuesto, tiene características
de desarrollo sexual muy peculiares, como la erotización
temprana, debida, fundamentalmente, a dos grandes factores: el ablandamiento
casi sistemático de todas las normativas como resultado de
una evolución del marco de valores, y la influencia decisiva
de la sexualidad, violencia y morbo difundidos por el cine (melodramas
pornográficos y caricaturas sexuales con o sin méritos
artísticos), vídeos y la Internet. Estos últimos
empujan a la juventud hacia un genitalismo y un deleite
sexual aislado, independientemente del instinto biológico
de la perpetuación de la especie.
El problema central del psicópata sexual es que sustituye
la relación sexual completa, biológicamente aceptable,
por excesivos y enfermizos devaneos fetichistas con casi un infaltable
componente sadomasoquista, que provocan un placer irresistible al
agresor, por ejemplo, cuando su víctima se resiste y defiende,
llora, suplica y sufre. E incluso ocurre lo contrario, el abusador
sexual sufre y llega hasta el llanto al verse rechazado por su víctima,
luego reacciona y la emprende con violencia, incluso con uso de
cualquier tipo de arma que tenga a la mano, contra ella por ser
la causante de su sufrimiento.
* Dr. en Medicina.
|
|