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Males de nuestro tiempo
¿Por qué tantas violaciones en niños?

Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En todos los desviados sexuales, pacíficos o violentos, existe una perturbación mental básica, originada en la niñez por una gran cantidad de causas.

No es para asustarse, pero en El Salvador siempre ha habido sátiros, pervertidos y degenerados, que han pululado en las rendijas de la sociedad. Lo que pasa es que, por un lado, la sociedad salvadoreña ha evolucionado, lo que incluye la modernización y mayor eficacia de la Policía Nacional Civil, que permite llevar a los tribunales un mayor número de delitos contra el pudor.

Aunque también hay que admitir que ahora se produce un mayor número de degenerados sexuales por varias razones, como el aumento natural al crecer la población, la profusión de los llamados factores condicionantes de este tipo de lacras, los cambios hacia una sociedad más libre y permisiva, el deterioro de la salud mental de la población, ausencia de desarrollo espiritual y la dosis mensual de deportados, entre los cuales se infiltra gente con muchos antivalores.

En la misma forma como otros tipos de delitos han proliferado, los delitos que en general se engloban dentro de la esfera sexual también se han incrementado. Basta mencionar que, en cualquier bus o microbús, sobre todo si van atestados, en forma casi sistemática se observa a individuos que se solazan “topándose” a los cuerpos de las féminas, otros les practican “tocamientos” en el momento en que bajan del vehículo, y alguno que otro llega a la desvergüenza de estregar sus genitales en los hombros de las pasajeras que van sentadas.

Los casos de perversión sexual que citan los tratadistas, como la preferencia por los niños en sus prácticas sexuales (pedofilia), muchas veces enmascarada en un falso o verdadero proteccionismo, como en el caso del cantante de música pop vergonzante de su raza Michael Jackson, se ven de tarde en tarde en nuestro medio. Es más frecuente la versión moderna de engañarles con dulces, golosinas y dinero a cambio de favores sexuales. Tampoco es común la práctica de relaciones con animales (bestialismo), con cadáveres (necrofilia) y las prácticas extremas de sadomasoquismo.

En cambio, es habitual y corriente el “vigiar” y “atisbar” a las personas cuando se desvisten (vouyerismo) en probadores de ropa de almacenes y tiendas, gimnasios y canchas deportivas, colegios, orfanatarios y centros hospitalarios. Lo mismo la desviación de mostrar los órganos genitales con evidente malicia (exhibicionismo), que por lo general hace un hombre a una o varias mujeres, con intenciones evidentemente enfermizas.

El robo de ropa interior femenina de los tendederos con propósitos fetichistas es tradicional y corriente por todos los rumbos del país. Pero lo que realmente indigna es la violación de niñas, niños y mujeres con uso de violencia y que, para encubrir el hecho, se acabe con la vida de la víctima o se le mantenga amedrentada con amenazas a muerte por tiempo indefinido.

En todos los desviados sexuales, pacíficos o violentos, existe una perturbación mental básica, originada en la niñez por una gran cantidad de causas, entre las que predominan el hacinamiento, educación de los padres de familia, esquema de valores de la comunidad, influencia de películas y vídeos, tendencia a imitar héroes, ausencia de educación sexual, traumas diversos, etc. La perturbación mental se mantiene latente habitualmente y aflora en determinadas circunstancias, casi siempre el detonador es el uso y abuso del alcohol, drogas y estimulantes del tipo anfetaminas.

La juventud salvadoreña del postconflicto, que casualmente coincide con la época en que se inicia el “boom” de la informática y la masificación de la comunicación electrónica, con sus excepciones, por supuesto, tiene características de desarrollo sexual muy peculiares, como la erotización temprana, debida, fundamentalmente, a dos grandes factores: el ablandamiento casi sistemático de todas las normativas como resultado de una evolución del marco de valores, y la influencia decisiva de la sexualidad, violencia y morbo difundidos por el cine (melodramas pornográficos y caricaturas sexuales con o sin méritos artísticos), vídeos y la Internet. Estos últimos empujan a la juventud hacia un “genitalismo” y un deleite sexual aislado, independientemente del instinto biológico de la perpetuación de la especie.

El problema central del psicópata sexual es que sustituye la relación sexual completa, biológicamente aceptable, por excesivos y enfermizos devaneos fetichistas con casi un infaltable componente sadomasoquista, que provocan un placer irresistible al agresor, por ejemplo, cuando su víctima se resiste y defiende, llora, suplica y sufre. E incluso ocurre lo contrario, el abusador sexual sufre y llega hasta el llanto al verse rechazado por su víctima, luego reacciona y la emprende con violencia, incluso con uso de cualquier tipo de arma que tenga a la mano, contra ella por ser la causante de su sufrimiento.
* Dr. en Medicina.

 

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