| |

Una
mirada de fe
Se
inicia el Congreso Americano Misionero
Nos
unimos a la esperanza de todo un continente, que espera una nueva
aurora llena de luz.
La Ciudad de Guatemala será sede, desde mañana, del
Segundo Congreso Americano Misionero (CAM2).
Este acontecimiento de gran trascendencia religiosa se inaugura
con la presencia de todos los representantes del continente americano
y de grandes personalidades de la iglesia, entre las que se destaca
el cardenal Crescenzio Sepe, Prefecto de la Congregación
para la Evangelización de los Pueblos, en calidad de enviado
especial de Su Santidad Juan Pablo II.
El mandato del Señor: Vayan por todo el mundo
y prediquen la Buena Nueva a toda la Creación (MC.16,
16), ha encontrado una respuesta positiva en centenares de miles
de personas que desde su identidad de cristianos han fortalecido
su conciencia misionera y están comprometidos en un renovado
impulso evangelizador.
El Congreso, que se celebrará del 25 al 30 de noviembre,
tiene como anfitriones a la iglesia local de Guatemala y a las otras
iglesias particulares de Centro América, ya que, en el último
Congreso Misionero, realizado hace cuatro años, en Paraná,
Argentina, los obispos de toda el área asumieron el reto
y la responsabilidad de organizar este evento de trascendental importancia
para toda la iglesia.
Los congresistas ya se encuentran en Guatemala, han llegado desde
los lugares más remotos de todo el continente, vienen cargados
de ilusiones y esperanzas para compartir experiencias misioneras
que les ayuden a iluminar con la fuerza del evangelio los retos
que les presenta el continente.
Centro América, como dicen los organizadores, es el corazón
del continente americano y el puente que une a América del
Norte y América del Sur en la fraternidad y la solidaridad,
es, por lo tanto, una ocasión propicia para que en este
continente de la esperanza se unan esfuerzos para comenzar
una nueva primavera evangelizadora, impulsada por la luz del Espíritu
Santo.
El CAM2 se inicia con la satisfacción de que las iglesias
particulares de todo el continente han tomado muy en serio su preparación.
En El Salvador, la iglesia se ha fortalecido con la puesta en marcha
del Año Santo Misionero, en el que miles de laicos, hombres
y mujeres, niños y jóvenes, adultos y ancianos, han
visitado los hogares para anunciar la buena noticia de salvación.
Nuestra iglesia no es rica en bienes materiales, pero sí
tiene fuerza y riqueza espiritual en gran cantidad de laicos, que,
viviendo en la ciudad y en el campo, se han convertido en pregoneros
vivos del Evangelio.
Son muchos los bautizados que han sido evangelizados y ahora forman
parte de pequeñas comunidades, son muchas las personas que han
abierto las puertas de sus casas y las de su corazón para
dejarse transformar por la palabra de Cristo, son muchos los que
se habían alejado y ahora viven felices, porque el Reino
de Dios ha llegado a sus vidas y han experimentado que Dios les
ama.
El objetivo de este Segundo Congreso es animar
la vida de las iglesias particulares del continente para que, desde
su experiencia evangelizadora, asuman responsable y solidariamente
el compromiso de la misión Ad Gentes. La iglesia debe
hacer suya en toda circunstancia la misión de Jesús,
ya que, si no lo hiciera, perdería su propia identidad y
su razón de ser.
El tema general: La misión, anuncio del evangelio de
la vida, tarea fundamental del pueblo de Dios que peregrina en América,
fortalecerá ciertamente a todas las iglesias del continente
para actuar conforme el plan de Dios y contrarrestar aquellas realidades
que lo afectan en su esencia.
Son muchos los aspectos positivos que favorecen el Proyecto de Dios
en el continente, existe una mayor conciencia a favor de la defensa
de la vida, la promoción de los derechos humanos, la religiosidad
popular, la presencia de los testigos de la fe, la veneración
a la Virgen María, a los santos y santas y el amor al Papa
etc.; pero también, hay que reconocer que existen otros aspectos
que entorpecen el caminar del reino de Dios, como son los conflictos
armados, las divisiones sociales, la pobreza, la violencia, la inseguridad
ciudadana, la corrupción en varios niveles, etc.
Nos unimos a la esperanza de todo un continente, que espera una
nueva aurora llena de luz, para fortalecer el caminar de todas las
comunidades cristianas.
*Párroco de la iglesia
de María Auxiliadora (Don Rúa).
|
|