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Matrimonio homosexual
Una campaña bien planeada

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

El Papa Juan Pablo II ha expresado con claridad y con sólidos argumentos los criterios sobre el tema, afirmando que aunque no debemos transigir con el error, nuestra actitud debe ser de caridad, comprensión y tolerancia para las personas.

Esta semana dio la vuelta al mundo la noticia de que el Estado de Massachussets aprobaba el matrimonio entre personas del mismo sexo, para complacer las quejas de varias parejas que decían sentirse marginadas.

Si no fuera tan grave, daría risa lo absurdo del argumento, ya que igual puede sentirse marginado el feo, chato, peludo, musungo, trompudo y prieto, en un país en que el patrón de belleza es el rubio, ojos azules, boca fina, pelo liso y nariz respingada. Punto final de una campaña muy bien orquestada y planeada desde hace muchos años.

En un artículo reciente, Julia Regina de Cardenal nos presentó a Michael Swift, personaje malévolo, creador de la publicación “Metas del movimiento homosexual”, que en 1987 resumió en cinco puntos principales los futuros planes de la comunidad gay:

1) Sodomizar a los jóvenes, seduciéndoles en escuelas, universidades, gimnasios, guardarropas, campos de deporte, seminarios, baños y cines.

2) Revocar todas las leyes que prohíban la actividad homosexual, y aprobar aquellas que engendren el amor entre los hombres.

3) Abolir el núcleo familiar, semillero de mentiras, violencias, traiciones, mediocridad e hipocresía.

4) Cerrar todas las iglesias que condenen el movimiento homosexual, y convertir en dioses a los jóvenes bien parecidos, aniquilando lo feo, vulgar y trivial.

5) Asegurar la victoria del movimiento homosexual, tan lleno de amargura feroz por haber sido oprimido y obligado a representar papeles igualmente amargos en una comedia absurda.

En 1953, Hugh Hefner sacó a la luz la primera edición de su revista Playboy, que esperaba se convirtiera en “el manual del boy-scout del comportamiento sexual” al ser leída por estudiantes, jóvenes y hasta niños. Se inició una campaña dirigida a este mercado, alertándoles sobre los peligros de la castidad y animándoles a practicar la masturbación, el amor libre y la homosexualidad, como medios para vivir una vida más sana.

Todo, presentado bajo una capa de snobismo y elegancia anunciando productos caros, reproduciendo artículos aparentemente serios, incluyendo muñequitos y caricaturas destinados a convencer al público americano de las ventajas del sexo libre, la homosexualidad y la pedofilia, lo que llamó “pornografía blanda” (soft porn).

La estrategia incluía campañas en contra de la iglesia, el matrimonio, los hijos y la familia, fomentando la idea del matrimonio abierto y con intercambio de parejas. En su 35 aniversario se vanagloriaba de “haber cambiado la mentalidad de América en materia sexual”.

En 1999, Michael Medved, estadounidense judío, crítico de cine y TV, denunciaba la campaña de opinión pública que el movimiento gay realizaba a través de los medios de comunicación, en especial la TV y el cine, con abundancia de personajes y argumentos homosexuales, y explicaba la estrategia seguida:

1) Fuerte presión a los productores, acusándoles de falta de sensibilidad y odio hacia los gays, lo que tuvo como consecuencia la exitosa película “Philadelphia”, que demostró que su director, Jonathan Demme, no era un intolerante.

2) Insensibilizar al público hasta ver la homosexualidad sin apasionamiento, como un comportamiento normal, mediante la saturación, hablando mucho del tema en términos favorables.

3) Presentar a los gays como víctimas del odio de las iglesias retrógadas y anticuadas, desfasadas con los tiempos y con los últimos descubrimientos de la psicología.

4) Satanizar a los fanáticos que se opongan: sacerdotes, pastores, maestros y padres, hasta hacerles sentir avergonzados y culpables por su intolerancia y falta de caridad.

Se han cumplido con éxito las metas del movimiento, convenciendo al público de la normalidad de los gays, presentándoles como inofensivos y simpáticos, como el pintor de la película “As good as it gets” y el protagonista de “La boda de mi mejor amigo”.

Juan Pablo II ha expresado con claridad y con sólidos argumentos los criterios sobre el tema, afirmando que aunque no debemos transigir con el error, nuestra actitud debe ser de caridad, comprensión y tolerancia para las personas.

Lo que está en contra de la ley de Dios no será nunca de beneficio para el hombre y le llevará irremisiblemente hacia su perdición, aunque todas las instituciones del mundo lo declaren legal.

Hay que fortalecer a la familia y defender la institución matrimonial en su esencia y en sus fines: unión de un hombre y una mujer, para amarse y ayudarse mutuamente, durante toda la vida.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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