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El Salvador en perspectiva
La puerta del infierno

MARIO ROSENTHAL*
El Diario de Hoy
mrelsalv@navegante.com.sv

Su carrera religiosa fue dedicada a varias iglesias en Guatemala, principalmente en Mixco y Petapa.

Pocas crónicas existen de la vida en Centro América durante los 300 años de la Colonia. Una de las más valiosas fue publicada en Inglaterra, en 1648, por un fraile dominico, Thomas Gage, titulada: “English-american: His travels by sea and land”.

Desafortunadamente, nunca ha sido traducida al castellano, ya que relata su vida y aventuras en el Nuevo Mundo, entre 1625 y 1637, y su viaje de Guatemala a Costa Rica, pasando por El Salvador, fugándose de la Iglesia para volver a su tierra natal.

Hijo menor de una familia noble que nunca había aceptado el rompimiento de Enrique VII con Roma, fue enviado a España, donde se consagró como fraile dominico.

La Orden lo despachó para Filipinas, pero abandonó la misión cuando el barco tocó en Veracruz y se quedó en México, donde se presentó al Provincial que le incorporó a su jurisdicción.

Su carrera religiosa fue dedicada a varias iglesias en Guatemala, principalmente en Mixco y Petapa. Gage no era una buena pieza, por decirlo así. Se había ofrecido como misionero a los indios del Nuevo Mundo —que aún después de más de un siglo de cristianización, todavía conservaban sus costumbres de idiolatría y superstición—, con el afán de hacer fortuna y volver a su tierra natal con un buen caudal.

Esto lo logró abusando de la amistad y bondad de sus superiores. Y de la devoción religiosa de los inocentes naturales, a quienes explotó embolsándose sus ofrendas. Cuando había recogido una fortuna en monedas españolas de oro, perlas, cuadros, telas, pieles, emprendió en forma subrepticia su viaje de retorno, pues sus superiores le negaban el permiso.

Con tan mala suerte que la goleta en que se dirigía a Cuba, buscando un ga- león con destino Cádiz, fue asaltada por piratas holandeses y perdió casi todo. No obstante, salvó algo y logró volver a Inglaterra, donde renunció a la fe católica y murió como pastor anglicano.

Su ruta por Centro América le llevó por Los Esclavos, en Guatemala (donde describe el fuerte puente construido por los españoles, que todavía existe), Ahuachapán, San Salvador, San Miguel, León, Granada, San José y Cartago, muchas veces obligado a volver por el mismo camino. En todas partes fue recibido cariñosamente por sus colegas, que se imaginaban viajaba lícitamente.

Dejando Los Esclavos, llega a Ahuachapán, que dice que es muy famoso por dos cosas: por la calidad de la loza de barro fina que fabrican, que muchos tienen como superior a la de Mixco, y por un lugar que dista dos kilómetros y medio del pueblo, que muchos españoles y naturales creen es la puerta del infierno.

De ese lugar en forma incesante emana una humareda espesa y negra, con fuerte olor a azufre y que frecuentemente se ilumina con destellos de fuego como relámpagos. La tierra donde se encuentra este fenómeno no es elevada, sino que es una hondonada, describe Gage. Por lo general, nadie se atreve acercarse para averiguar de qué se trata, y algunos que lo han intentado, han sido tirados al suelo por fuerzas invisibles y han temido por sus vidas.

Un fraile amigo de Gage, que no tenía por qué mentirle y que confiaba en su palabra, le contó que habiendo sido llamado por el Provinciano a presentarse en su claustro, tuvo que pasar por las inmediaciones del lugar, decidió acercarse para satisfacerse a sí mismo de la verdad del lugar de que tanto se hablaba. Llegó a un cuarto de milla de donde salía el humo, cuando oyó un ruido horroroso y aterrador que le hizo temblar y caer de rodillas y se puso a rezar. Sacó su rosario y se retiró apresuradamente del sitio.

El día siguiente amaneció con alta temperatura, que le obligó guardar cama por varios días. A sus oídos llegaron lo que parecían llantos, gemidos, lloriqueos, quejidos y lamentos de almas atormentadas. También oyó el ruido de grillos, cadenas y hierros. Gage escribe que se limita a narrar lo que él mismo vio y que es de lo único que puede dar fe.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

 

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