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Tema para reflexionar
Cambios...

Pedro Roque*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Los cambios siempre tienen que ser para mejorar y sernos útiles a todos los que, trabajando honradamente, queremos mejorar por medio de nuestras propias iniciativas y no vivir de “Papá Estado”.

Cuando quiero asegurarme del verdadero significado de una palabra, un término o un concepto, prefiero ir al Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, en lugar de asumir que sé o que entiendo lo que significa lo que estoy oyendo, y lo hago para evitar el riesgo de cometer un error por no haberme preocupado por entender bien de qué se trata, y, creyendo que una cosa es otra, tomar una decisión equivocada, que después de haber malinterpretado algo y decidido, al querer remediarlo, darme cuenta de que es complicado y difícil hacerlo y que además el costo social, humano y económico puede ser incalculable.

Al examinar el significado de la palabra “cambiar”, ésta significa dejar una cosa o situación para tomar otra.

El verbo “mejorar” quiere decir adelantar, acrecentar algo, haciéndolo pasar a un estado mejor; el concepto “mejor” significa que una cosa o situación es superior a otra cosa y que la excede en una calidad natural o moral y, por último, “peor” significa de mala condición o de menor calidad respecto de otra con que se compara.

Descritos el significado de “cambiar”, “mejorar”, “mejor” y “peor”, permítanme los siguientes comentarios.

En 1976, con la muerte del general Francisco Franco, que gobernó España por más de cuarenta años, podemos decir que se inició la “transición española”, que con relación a la modernización e internacionalización del país aún continúa, pero en lo relativo a cambiar el sistema político de una dictadura a una democracia, también podemos decir que duró los siguientes diez años, por lo menos hasta el segundo período gubernamental del PSOE (Partido Socialista Obrero Español).

El argumento principal del PSOE para acceder al gobierno fue el “cambio”. Yo creo que el mensaje contenido en esta palabra en aquel entonces era claro: terminar de salir de una dictadura para entrar en un sistema democrático en el cual, cuando la voluntad del pueblo así lo decida, pueda cambiar a los gobernantes, tal como ha sucedido, y así es como ahora gobierna en España el Partido Popular, con la misma mayoría que tenía el PSOE hace unos veinte años, y el Partido Comunista desapareció en las terceras elecciones.

La lección es que, cuando hay democracia, los ciudadanos podemos cambiar de opinión y dar nuestro voto a otros que ofrecen mejores alternativas, conservando el modelo político y el sistema de convivencia económico y social.

Se trata entonces de que los cambios deben ser para mejorar, pero dentro del sistema establecido.

Así tenemos hoy una España que crece continuamente en la investigación, el desarrollo, el diseño, la moda, el deporte, la industria, la construcción, las exportaciones, el poder adquisitivo, el afianzamiento de la democracia, su relevancia en el mundo y su participación internacional e incluso en la ayuda al desarrollo de nuestra zona geográfica.

Es decir los cambios que se implantaron fueron para mejorar. Y en este sentido es que debemos interpretar el concepto “cambio”, que reincidentemente nos proponen los candidatos a la presidencia.

Sin embargo es muy importante no confundir el “cambio para mejorar”, como el de España, con el “cambio para empeorar”, que puede significar cambiar el sistema político de economía libre y abierto al mundo que ahora tenemos, por otro restrictivo, dictatorial y antidemocrático como el que existe en Cuba.

Señores, en Cuba no hay democracia, hace falta de todo, para casi todo hay que hacer cola, la gente languidece esperando no saben qué, todo va despacio, el instinto de superación personal y de iniciativa es mínimo, la mayor parte de la gente tiene poco interés por el futuro, las pocas fábricas son viejas; los vehículos, de los años cincuenta, y la gente que no tiene privilegios políticos, parientes y amigos relacionados con los políticos o el partido, o parientes en el extranjero, se la pasa igual de mal o peor de lo que sucede en otros países latinoamericanos.

Con todos mis respetos hacia las personas que creen en ese modelo, pienso que no es el adecuado para nuestro país, donde lo que queremos es todo lo contrario: dinamismo, modernismo, acceder a la tecnología, salir a aprender a otros países y sobre todo no caer en la continua mentalización sobre un paraíso inexistente.

Con la referencia y diferencias expuestas, tenemos dos modelos por el que nos podemos decidir: El de España, donde el cambio fue siempre para mejorar y se ha realizado en sólo veinticinco años, o el de Cuba, que después de más de cuarenta años sigue siendo un país donde se dice que no hay analfabetismo, la seguridad social abarca a todos, pero continúan bajo las órdenes de alguien a quien no pueden cambiar y que incluso se atrevió a hacerles firmar que nunca cambiarían el sistema dictatorial y antidemocrático.

En España la gente que quiere trabajar tiene trabajo, la seguridad social cubre a todos, hay un sinfín de oportunidades de estudio, la tecnología está a la mano de todos, la gente puede viajar a todo el mundo, las empresas prosperan y, si a los españoles no les gusta cómo los gobernantes se desempeñan, eligen a otros y punto.

¿Cuál tipo de cambio prefiere usted? El “cambio para empeorar”, pasando del sistema que tenemos a uno parecido al de Cuba, o el “cambio para mejorar”, como el de España, y continuar trabajando y afinando el modelo de economía de mercado, democracia y libertad que ahora tenemos.

En tres meses tenemos que decidir y mi preocupación ahora es generarle reflexión, pues aún está a tiempo para informarse muy bien sobre lo que quiere y no dejarse seducir en las últimas dos semanas por una campaña y música bullanguera con promesas difíciles de alcanzar.

Los cambios siempre tienen que ser para mejorar y sernos útiles a todos los que, trabajando honradamente, queremos mejorar por medio de nuestras propias iniciativas y no vivir de “Papá Estado”, recibiendo lo mínimo después de largas colas.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

 

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