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Orientando
Aprendiendo
dinamismo económico
La irracional exuberancia de finales de los 90 produjo algunos reveses
en el desarrollo de nuevas instituciones financieras.
¿Por qué algunas de las economías más
avanzadas del mundo (Francia, Alemania, Italia y Japón) están
con su crecimiento estancado y con un alto desempleo? Lo que es
más fundamental, ¿por qué aparentemente estos
países no ejercieron el tipo de liderazgo económico
e innovación que sus historias nos podrían haber hecho
esperar, en especial en los sectores innovadores de la alta tecnología,
que están definiendo nuestro futuro?
El débil desempeño económico de estos países
es aún más desconcertante si se considera la aguda
caída de sus tasas de nacimiento desde hace varias décadas.
Sus pirámides de población están ahora inclinadas
hacia las personas de edad mediana, que están en sus años
más productivos y se encuentran relativamente libres de la
carga que significa criar niños.
Por lo tanto, sus estándares de vida per cápita
deberían ser sustancialmente superiores a los de EE.UU.,
donde es necesario prestar atención a multitud de chicos
y hacer nuevas inversiones sólo para mantener el crecimiento
de los bienes de capital al ritmo de una población que no
para de aumentar.
Por supuesto, lo que es una ventaja hoy puede ser problemático
mañana: Europa y Japón enfrentarán graves problemas
cuando sus pirámides poblaciones se inclinen hacia los adultos
mayores, eliminando la ventaja demográfica temporal que tienen
con respecto a E.U. en la actualidad. Pero esto no es lo que afecta
sus economías hoy.
Edmund Phelps, de la Universidad de Columbia, dice que a estos países
de lento crecimiento les falta dinamismo, lo que él
define como la combinación de un espíritu empresarial
y las instituciones financieras necesarias para canalizarlo.
Tanto el espíritu como las instituciones financieras deben
estar presentes para permitir que se desate la destrucción
creativa, la fuerza que Joseph Schumpeter describió
hace sesenta años como el motor de la prosperidad capitalista.
Pero, ¿es ésta una descripción precisa de los
países de lento crecimiento? A menudo se dice que Europa
Continental y Japón carecen de la potente tradición
de toma de riesgos, que existe en EE.UU. o el Reino Unido. Pero
en verdad es difícil encontrar grandes diferencias en valores
humanos fundamentales o preferencias entre estos países y
EE.UU.
Hace una década, Maxim Boycko, de Rusia; Vladimir Korobov,
de Ucrania, y yo realizamos un estudio de actitudes económicas
hacia el capitalismo, comparando los EE.UU., Rusia, Ucrania, Japón,
Alemania del Este y Alemania Federal.
Si bien existieron variaciones en las actitudes hacia los mercados
y la empresa, las mayores diferencias fueron situacionales en lugar
de actitudinales: las personas de algunos países tenían
menores expectativas de éxito y pensaban que las regulaciones
del gobierno bloquearían sus actividades.
Esto (los efectos de las políticas gubernamentales sobre
los incentivos), más que las diferencias culturales básicas
o las instituciones financieras débiles, está en la
raíz del pobre crecimiento que se ve en algunas economías
avanzadas. De hecho, las instituciones financieras, al menos en
algunos de los países estudiados, están ahora entre
las más fuertes del mundo.
La irracional exuberancia de finales de los 90 produjo algunos reveses
en el desarrollo de nuevas instituciones financieras.
Pero sólo recientemente varios países de crecimiento
lento se mostraron ansiosos de desarrollar mercados de capitales
de riesgo e impulsar bolsas de valores (el Nouveau Marche en Francia,
el Neuer Markt en Alemania, el Nuovo Mercato en Italia y Mothers
en Japón) dedicados a las inversiones riesgosas.
Estas nuevas bolsas de valores, formadas a imagen del NASDAQ de
EE.UU., terminaron incluyendo en sus listados a un montón
de compañías endebles, y el colapso de los precios
de las acciones desde 2000 las sorprendió cuesta abajo.
Entonces, ¿cuál es el problema? Este otoño
en Europa han aparecido varios libros acerca de las causas de la
debilidad de las economías europeas. De ellos, ¿Ist
Deutschland noch zu retten? (¿Es aún posible salvar
a Alemania?) de Hans-Werner Sinn, destaca por su convincente argumentación.
Sinn argumenta que la lentitud alemana se debe, en gran parte, a
los malos incentivos inducidos por el gobierno, un problema que
va mucho más allá del notablemente rígido mercado
laboral alemán, y que hasta ahora las reformas de Schröder
no han ido lo suficientemente lejos como para eliminarlos.
Sinn muestra que los efectos combinados de los sistemas tributario
y de bienestar social de Alemania prácticamente garantizan
que ningún jefe de familia con dos niños pueda terminar
ganando menos de 1,500 al mes, incluso si no trabaja del todo.
Este monto es muy superior, por ejemplo, al salario del trabajo
no capacitado en la industria del hierro y el acero. En efecto,
Alemania les está diciendo a quienes no están capacitados
que no se molesten en trabajar.
Debido a estos incentivos destructivos, Alemania del Este, argumenta
Sinn, seguirá siendo una región de desempleo crónico,
de modo muy similar al Mezzogiorno de Italia, que por décadas
ha drenado las finanzas italianas.
Más aún, el borrador de la Constitución europea
prohibirá la discriminación de beneficios sociales
contra inmigrantes provenientes de otros países de la UE.
Si esta cláusula se adopta, concluye Sinn, pronto habrá
veinte Mezzogiornos en Europa.
Las propuestas de Sinn (ajustes a las tasas de impuesto y a los
beneficios sociales) son técnicas y no tendrían un
efecto inmediato ni radical en el comportamiento de la gente. En
el largo plazo, se debe crear un sistema de buenos incentivos para
cambiar las expectativas de las personas acerca de su éxito
económico y aumentar sus oportunidades de aprender
mediante la acción.
Copyright: Project
Syndicate.
*Profesor de Economía en la Universidad de Yale.
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