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Hablando
claro
¡Sorpresa...
sorpresa!
Si
esas fincas no se hubieran abandonado, si los recursos se hubieran
empleado en ahorrar, invertir y hacerlas producir en lugar de
reconstruir, pagar rescates y chantajes muy posiblemente esos
cafetaleros estarían hoy manejando la crisis.
Apenas salimos de un proceso electoral, cuando entramos al siguiente,
causándonos cierta inmunidad hacia los temas políticos
y dándonos la sensación de que ya nada, ¡nada!,
puede sorprendernos.
Y, de pronto... ¡sorpresa, sorpresa! Los eventos más
inverosímiles nos sacuden, dejándonos totalmente estupefactos.
Sinceramente, lo que estamos viendo y oyendo rebasa los límites
de la más prolífica o calenturienta imaginación.
Porque, ¿quién concibe a Schafik Handal y Héctor
Silva defendiendo a los cafetaleros? ¿Cómo pueden
mentir tan descaradamente ante cámaras y micrófonos,
cuando fueron ellos y sus camaradas desde la guerrilla o el
PDCquienes contribuyeron, en buena parte, a la crisis que
ahora vive ese gremio en nuestro país?
Cuando un caficultor trabaja con corrección sus cultivos,
obtiene cíclicamente buenas cosechas. Pero las utilidades
no dependen sólo de su buen trabajo, sino, principalmente,
de los mercados internacionales. Por eso, el cafetalero responsable
toma con gran prudencia la época de las vacas gordas,
sabiendo con certeza que después vendrán las vacas
flacas.
Fue así como, con las ganancias del café, se fundaron
bancos, industrias, comercios; esas utilidades permitieron que muchísimos
salvadoreños tanto los hijos de cafetaleros, como de
infinidad de campesinos que trabajaban en este cultivo se
educaran y convirtieran en prestigiosos profesionales. Es decir:
aproximadamente 75 años atrás, cafetaleros visionarios
se diversificaron, precisamente para superar los ciclos de bajas
cosechas y malos precios.
A lo que me refiero es que las crisis en caficultura
no son nada nuevo. ¿Por qué, entonces, la situación
de hoy es tan grave? Precisamente porque no se había guardado
nada para las vacas flacas.
¿Culpa de los cafetaleros? Quizá de algunos, que nunca
se percataron de la realidad ni pusieron los pies sobre la tierra.
Pero la mayoría tiene problemas, aun cuando siempre actuaron
con responsabilidad.
Para quienes son muy jóvenes o padecen de amnesia, remontémonos
a la década perdida y la era de la gran
demencia, cuando el odio de clases más virulento era
promovido en contra de los cafetaleros, precisamente por quienes
ahora se rasgan las vestiduras por ellos.
Los guerrilleros hicieron de los cafetaleros sus blancos favoritos:
secuestros, asesinatos, impuestos de guerra, destrucción
de fincas, etc., fueron parte de sus estrategias de guerra.
Muchos cafetaleros, para salvar sus vidas y las de sus familias,
tuvieron que abandonarlo todo.
Otros, además, adquirieron grandes deudas para salvar a sus
seres queridos, injusta y cruelmente cautivos por los terroristas.
Pues bien: si esas fincas no se hubieran abandonado, si los recursos
se hubieran empleado en ahorrar, invertir y hacerlas producir en
lugar de reconstruir, pagar rescates y chantajes muy posiblemente
esos cafetaleros estarían hoy manejando la crisis y saliendo
adelante.
¿Y el PDC? ¡No se quedó atrás! No sólo
destruyeron nuestras marcas de exportación, que ya tenían
fama mundial, sino que jamás disimularon su odio hacia los
cafetaleros.
Morales Erlich, por ejemplo, no se cansaba de recomendarles: ¡Cuiden
las fincas, así, cuando se las quitemos, van a estar bien
bonitas!.
Y encontraron la manera para, sin expropiarlas, lucrarse de ellas:
los cafetaleros trabajaban, compraban los insumos y pagaban los
costos a 9.00 colones por $1.00; pero debían vender su café
al gobierno (único comprador), recibiendo apenas 2.50 colones
por $ 1.00. ¡Negocio redondo! Como dice un buen amigo, muchos
pedecistas pasaron, de un brinco, de frijol parado, a caviar.
Si en aquel entonces los cafetaleros hubieran recibido lo que les
correspondía por sus cosechas, ahora tendrían para
las vacas flacas.
Hoy, los verdugos de la caficultora vuelven con nuevo look;
la guerrilla, convertida en partido político, pero con los
mismos cabecillas, las mismas ideas y el mismo odio, disimulado
sagazmente como interés y soluciones.
Y el PDC tampoco ha cambiado; sólo se ha mezclado con otra
maraña de personajes resentidos, sin ideología ni
principios, cuyo único lazo en común es haber compartido
a Héctor Silva, entre todos, en diferentes épocas
y desempeñando muy diversas posiciones.
¿Lograrán estos lobos con piel de ovejas convencer
con sus falsedades a algún cafetalero?
Sí, posiblemente a uno que otro, cuya vocación sea
de ganguero.
Pero los cafetaleros de verdad, los de trabajo duro y responsable...
esos no serán engañados por quienes ya, antes, hicieron
tanto mal.
¿Qué no harían ahora si los dejamos?
*Columnista de El Diario de Hoy.
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