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Opinando
Es urgente una solución al problema de las maras

Carlos Adalberto Fonseca*
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Naturalmente que la solución se llevará mucho trabajo, mucho sacrificio, grandes inversiones de dinero.

El deseo de la ciudadanía honrada es que en el menor tiempo posible se busque una justa y democrática solución al problema de las maras. Y para tal fin creemos que se podría formar una comisión integrada por representantes, a saber, del Gobierno, de las maras y de un sector imparcial, para que estos tres grupos estudien e investiguen las reales causas motivadoras del fenómeno de la delincuencia, y propongan soluciones para la creación de leyes, decretos y demás, buscando el bien de los mareros y de la ciudadanía en general.

Creemos que la situación de la delincuencia en este momento es preocupante, aun para los integrantes de las maras, pues sus vidas están amenazadas minuto a minuto por los grupos rivales. De tal manera que para ellos y sus familiares no hay tranquilidad ni paz, por lo que, a nuestro juicio, para beneficio de todos, hay que terminar con el problema.

Es por eso que creemos que se debe discutir y abordar la cuestión con toda seriedad y encontrarle una justa solución, que no sería ni será nunca el implacable castigo, sino abrir oportunidades de educación, empleos, asesorías, y así que esa juventud de actuaciones equivocadas sienta que se le tiende la mano para hacer de ellos personas útiles, que merecen comprensión y ayuda.

Ahora bien, durante todo el tiempo que dure la negociación, no se cometerán abusos de ninguna clase ni delitos. Probando con tal comportamiento -el sector de maras- su buena disposición para solventar la cuestión. Porque el momento político, económico, religioso y social en general en que vivimos nos hace reflexionar y pensar detenidamente, que para confianza de los habitantes, cualquiera que sea su filiación política, hay que poner fin a ese desenfreno salvaje que la delincuencia ha desatado.

Por doquier se siente temor, no estamos seguros en ninguna parte; las calles, las casas, el campo son lugares de peligro. Los malvivientes, sin principios de ninguna naturaleza, haciendo gala de su maldad, matan por matar, roban por diversión, no por hambre, sino porque su maldad sin límites les induce a violar, decapitar mujeres, torturar a víctimas inocentes, cuya única culpa es pertenecer a otro grupo o pandilla.

Basta ya de vandalismos e irracionalidades. Pongamos un hito en la vida del país y dediquemos todo esfuerzo y empeño en hacer de El Salvador un lugar de armonía, amor y concordia; en donde podamos convivir tranquilamente, dando al mismo tiempo un ejemplo y modelo de hermandad sincera a todos nuestros vecinos.

Naturalmente que la solución se llevará mucho trabajo, mucho sacrificio, grandes inversiones de dinero. Pero hacer todo eso vale la pena para alcanzar un lugar seguro, en donde nuestros hijos puedan vivir en paz.

Y es que la paz no es un don gratuito, hay que ganarla. Los salvadoreños siempre hemos dado muestra de ser emprendedores, que no escatimamos ningún sacrificio para vencer los obstáculos de la vida, por muy difíciles que sean. Estamos seguros de que en el presente caso el triunfo del patriotismo, la corrección y el respeto a la vida humana prevalecerán.

*Lic. en Filosofía y Dr. en Derecho.

 

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