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Desde
Washington
Líderes de Latino América abogan por comercio más
libre
No
hay duda de que las iniquidades en América Latina están
profundamente arraigadas en su historia, su economía y su
cultura.
A juzgar por su declaración conjunta durante el pasado fin
de semana, los líderes de América Latina han abandonado
esa noción de los años 90 de que el libre comercio
y las reformas económicas alejarán a todas las naves
de las turbias aguas de la pobreza y la desesperanza. La era de
los discursos que clamaban por comercio, en vez de ayuda,
parece oficialmente agotada, al menos al sur del Río Bravo.
Esa es la reacción política lógica a la triste
realidad de que la pobreza en la región está aumentando.
Aunque el libre comercio es el combustible que inflama a líderes
como Hugo Chávez, en Venezuela o Evo Morales, en Bolivia,
la mayoría de los líderes continúa abogando
por un comercio más libre para sus productos, no obstante
ahora quieren combinarlo con un compromiso renovado de la antigua
ayuda externa.
Desafortunadamente para ellos, este viraje radical del pensamiento
económico en la región todavía no ha tenido
eco en la administración Bush. Pero si bien es cierto que
Washington y la región no están totalmente sincronizados,
tampoco parecen tan apartados.
En la actualidad, Washington aplica una doble estrategia para el
desarrollo económico en el exterior. Una consiste en la promoción
de mayores acuerdos de libre comercio, cuya más ambiciosa
manifestación es el Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA), que la administración asegura llevará
crecimiento económico y oportunidad a la población
del hemisferio. La otra está representada por la Cuenta del
Desafío del Milenio (MCA, según siglas en inglés),
el reto moral del Siglo XXI del Presidente Bush para
sacar de la pobreza a miles de personas mediante el incremento,
en los próximos tres años, de la asistencia para el
desarrollo en un 50 por ciento.
Pero mientras el ALCA provocará por lo menos el deseado aumento
del comercio, MCA no beneficiará a la mayoría de los
pobres de América Latina por un buen tiempo. Durante sus
dos primeros años, muy pocos fondos del MCA irán a
la región, porque una gran parte de los países latinoamericanos
tiene un promedio de ingresos per cápita superior al umbral
mínimo establecido para tener derecho a la ayuda.
A primera vista, eso pareciera ser un indicador de mejores condiciones
en las Américas. Pero no es así debido a la extrema
desproporción en la distribución de ingresos en la
región. Hoy hay 49 millones más de pobres que
viven con menos de $2 dólares al día que al
comienzo de los 90, según cifras del Banco Mundial. En ese
entonces, una de cada cuatro personas era considerada pobre. Hoy,
es una de cada tres.
No sorprende entonces que 19 líderes latinoamericanos reunidos
en Bolivia, el pasado fin de semana, concluyeran que las reformas
económicas y de mercado aplicadas durante los 90 han fallado
en su propósito de aliviar la pobreza y, de hecho, han exacerbado
las iniquidades. No sorprende entonces tampoco que hicieran un llamado
a que la ayuda externa oficial fluya a las regiones más pobres
del mundo incluso si se encuentra en países que, en términos
estadísticos, son de ingresos medios.
Como respuesta, funcionarios de la administración Bush afirman
que países a los que no cubre el MCA continuarán beneficiándose
de la asistencia tradicional a través de la Agencia de Desarrollo
Internacional o AID. La verdad, no obstante, es que la ayuda para
el desarrollo a América Latina ha estado disminuyendo en
los últimos años y ahora algunos en el Congreso están
preocupados con los proyectos de reducción de personal, que
podrían afectar desproporcionadamente a las misiones de AID
en América Latina.
Una agencia AID disminuida, junto a un MCA casi inexistente, revelan
la escasa atención que presta la administración a
una estrategia combinada de comercio y ayuda exterior. Como contraste
y también como ejemplo, muchos expertos y líderes
latinoamericanos citan los fondos estructurales de la Unión
Europea. Dichos fondos ayudaron a desarrollar algunas de las regiones
más pobres del continente y ahora atestiguan el compromiso
con esa mayor integración que une en forma intencional al
comercio y la ayuda externa.
Crear un fondo similar para complementar las actuales negociaciones
del ALCA parece, ahora en especial, esencial. Y esa puede ser la
razón por la cual miembros del Congreso, republicanos y demócratas,
han empezado a apoyar una propuesta del representante Robert Menéndez
(D-NJ) de crear un fondo de inversión social para América
Latina, que reservaría $2.500 millones para los próximos
cinco años.
Hasta ahora, sin embargo, al Presidente Bush y a sus aliados en
el Congreso no parece interesarles la propuesta.
Dos indicios claros de ello sucedieron esta semana. En Washington
negociadores del Congreso le dieron los toques finales al proyecto
de ayuda externa para 2004 con un MCA que beneficiará a pocos
pobres en América Latina. Entre tanto, en Miami, negociadores
estadounidenses del ALCA se reunieron con sus contrapartes de 33
países del Hemisferio Occidental, para seguir avanzando aquella
vieja convicción de que el comercio, más que la ayuda,
curará todos los males de la región.
No hay duda de que las iniquidades en América Latina están
profundamente arraigadas en su historia, su economía y su
cultura. Pero es difícil ver qué gana Washington con
seguir ignorándolas o con permitir que su postura única
y obstinada con respecto al comercio en la región, contribuya
a empeorar dichas iniquidades.
*Columnista del Washington Post.
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