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Desde Washington
Líderes de Latino América abogan por comercio más libre

Marcela Sánchez*
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

No hay duda de que las iniquidades en América Latina están profundamente arraigadas en su historia, su economía y su cultura.

A juzgar por su declaración conjunta durante el pasado fin de semana, los líderes de América Latina han abandonado esa noción de los años 90 de que el libre comercio y las reformas económicas alejarán a todas las naves de las turbias aguas de la pobreza y la desesperanza. La era de los discursos que clamaban por “comercio, en vez de ayuda”, parece oficialmente agotada, al menos al sur del Río Bravo.

Esa es la reacción política lógica a la triste realidad de que la pobreza en la región está aumentando. Aunque el libre comercio es el combustible que inflama a líderes como Hugo Chávez, en Venezuela o Evo Morales, en Bolivia, la mayoría de los líderes continúa abogando por un comercio más libre para sus productos, no obstante ahora quieren combinarlo con un compromiso renovado de la antigua ayuda externa.

Desafortunadamente para ellos, este viraje radical del pensamiento económico en la región todavía no ha tenido eco en la administración Bush. Pero si bien es cierto que Washington y la región no están totalmente sincronizados, tampoco parecen tan apartados.

En la actualidad, Washington aplica una doble estrategia para el desarrollo económico en el exterior. Una consiste en la promoción de mayores acuerdos de libre comercio, cuya más ambiciosa manifestación es el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que la administración asegura llevará crecimiento económico y oportunidad a la población del hemisferio. La otra está representada por la Cuenta del Desafío del Milenio (MCA, según siglas en inglés), el “reto moral” del Siglo XXI del Presidente Bush para sacar de la pobreza a miles de personas mediante el incremento, en los próximos tres años, de la asistencia para el desarrollo en un 50 por ciento.

Pero mientras el ALCA provocará por lo menos el deseado aumento del comercio, MCA no beneficiará a la mayoría de los pobres de América Latina por un buen tiempo. Durante sus dos primeros años, muy pocos fondos del MCA irán a la región, porque una gran parte de los países latinoamericanos tiene un promedio de ingresos per cápita superior al umbral mínimo establecido para tener derecho a la ayuda.

A primera vista, eso pareciera ser un indicador de mejores condiciones en las Américas. Pero no es así debido a la extrema desproporción en la distribución de ingresos en la región. Hoy hay 49 millones más de pobres —que viven con menos de $2 dólares al día— que al comienzo de los 90, según cifras del Banco Mundial. En ese entonces, una de cada cuatro personas era considerada pobre. Hoy, es una de cada tres.

No sorprende entonces que 19 líderes latinoamericanos reunidos en Bolivia, el pasado fin de semana, concluyeran que las reformas económicas y de mercado aplicadas durante los 90 han fallado en su propósito de aliviar la pobreza y, de hecho, han exacerbado las iniquidades. No sorprende entonces tampoco que hicieran un llamado a que la ayuda externa oficial fluya a las regiones más pobres del mundo incluso si se encuentra en países que, en términos estadísticos, son de “ingresos medios”.

Como respuesta, funcionarios de la administración Bush afirman que países a los que no cubre el MCA continuarán beneficiándose de la asistencia tradicional a través de la Agencia de Desarrollo Internacional o AID. La verdad, no obstante, es que la ayuda para el desarrollo a América Latina ha estado disminuyendo en los últimos años y ahora algunos en el Congreso están preocupados con los proyectos de reducción de personal, que podrían afectar desproporcionadamente a las misiones de AID en América Latina.

Una agencia AID disminuida, junto a un MCA casi inexistente, revelan la escasa atención que presta la administración a una estrategia combinada de comercio y ayuda exterior. Como contraste y también como ejemplo, muchos expertos y líderes latinoamericanos citan los fondos estructurales de la Unión Europea. Dichos fondos ayudaron a desarrollar algunas de las regiones más pobres del continente y ahora atestiguan el compromiso con esa mayor integración que une en forma intencional al comercio y la ayuda externa.

Crear un fondo similar para complementar las actuales negociaciones del ALCA parece, ahora en especial, esencial. Y esa puede ser la razón por la cual miembros del Congreso, republicanos y demócratas, han empezado a apoyar una propuesta del representante Robert Menéndez (D-NJ) de crear un fondo de inversión social para América Latina, que reservaría $2.500 millones para los próximos cinco años.

Hasta ahora, sin embargo, al Presidente Bush y a sus aliados en el Congreso no parece interesarles la propuesta.
Dos indicios claros de ello sucedieron esta semana. En Washington negociadores del Congreso le dieron los toques finales al proyecto de ayuda externa para 2004 con un MCA que beneficiará a pocos pobres en América Latina. Entre tanto, en Miami, negociadores estadounidenses del ALCA se reunieron con sus contrapartes de 33 países del Hemisferio Occidental, para seguir avanzando aquella vieja convicción de que el comercio, más que la ayuda, curará todos los males de la región.

No hay duda de que las iniquidades en América Latina están profundamente arraigadas en su historia, su economía y su cultura. Pero es difícil ver qué gana Washington con seguir ignorándolas o con permitir que su postura única y obstinada con respecto al comercio en la región, contribuya a empeorar dichas iniquidades.

*Columnista del Washington Post.

 

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